VISIBLES E INVISIBLES.
Periodistas, ciudadanos y cartógrafos en la construcción simbólica de San Salvador de Jujuy
Alejandra García Vargas
CONICET-ICSH / UNJu-FHyCS
Fronteras: Estados y Ciudades
Alejandra García Vargas
CONICET-ICSH / UNJu-FHyCS
"La política
para nosotros es la teoría de la ciudad, la teoría de nuestra comunidad.
Sin un problema electoral o electoralista, es un problema de reflexión.
Pensar la ciudad: la ciudad como una especie de metáfora que condensa
toda una problemática de una comunidad y de un país.
Digo, para levantar nuevamente las cejas, desde Atenas hasta aquí:
qué se está jugando ahí"
David Viñas
Este trabajo da cuenta de algunas reflexiones suscitadas a partir de las primeras tareas de análisis sobre parte el material que constituye el corpus de la investigación "Los ríos Grande y Chico en San Salvador de Jujuy: permeabilidad social y aislamiento", que realizo actualmente con financiamiento del programa de Becas de Formación de Posgrado Regionales de CONICET.
Concretamente, intenta dar cuenta de algunos de los sentidos puestos en juego a la hora de construir simbólicamente esta ciudad, a partir de entrevistas, planos y medios gráficos locales. Sobre esa descripción se reflexiona acerca de cómo se construyen y valoran la interrelación y las diferencias en el espacio público de la capital jujeña.
En estos tiempos urbanos e interculturales, las ciudades se ofrecen como un objeto de estudio privilegiado para la investigación de lo social, en cuanto lugar de oferta y construcción colectiva de significaciones. A su vez, las ciudades latinoamericanas asumen una importancia decisiva en la interpretación de la historia de nuestro continente. Empieza a formarse una tradición en los estudios comunicacionales sobre ciudades vinculados a los Estudios Culturales, especialmente entre los investigadores latinoamericanos, que retoman y enriquecen los estudios de la Antropología Urbana, el Urbanismo y la Geografía Cultural.
Los estudios comunicacionales sobre la ciudad pueden agruparse (muy esquemáticamente) en tres áreas: la ciudad como escenario de comunicación, poéticas y estéticas de la ciudad y la ciudad posmoderna.
La perspectiva de la ciudad como escenario se refiere a las luchas en torno a las representaciones de las prácticas sociales que tienen lugar en las ciudades [1]. Esta perspectiva trabaja principalmente sobre dos problemáticas asociadas: la ciudad como lugar para estudiar las identidades culturales y la ciudad como lugar para estudiar los usos sociales de la comunicación. La perspectiva de "poéticas y estéticas", si bien también se refiere a representaciones e interpretaciones sociales, ya que las poéticas y estéticas lo son, trabaja sobre la herencia benjaminiana del flanêur [2]. La tercera opción, relacionada con la ciudad posmoderna, se refiere fundamentalmente a las "telépolis" nacidas al calor de la tercera revolución industrial [3]. Sus investigadores toman como objeto a las ciudades del consumo y del espectáculo, la ciudad virtual de los crecientes flujos comunicacionales.
Si bien nos consideramos más cerca de la primera perspectiva, vemos que en general percibir la ciudad como escenario (dado) y no como construcción (aún cuando se utilizan los términos "construcción simbólica" frecuentemente) impide percibir lo que tiene la ciudad de "imaginada". De esta manera, y haciendo un uso quizá demasiado personal del constructo de Anderson, nos permitimos decir que en cuanto "estilo de imaginar" su ciudad, los ciudadanos jujeños habrían encontrado una de las maneras de dar cuenta del "otro" ante el cual construir las propias identidades mediante la diferente ubicación en relación con los ríos.
Hablar de "construcción" nos brinda una clave para explicar que concebimos a las identidades sociales como procesos permanentes, simbólicos y de límites constantemente redefinibles [4]. De manera que estas construcciones son contingentes. Esto es, son históricas, atravesadas por préstamos e intercambios, inestables, y no se definen en relación con elementos dados. Si bien esta perspectiva podría aparecer contradictoria con la de tomar a los ríos Grande y Chico en San Salvador de Jujuy como límites sociales (estaríamos fijando unos límites precisos), la idea de permeabilidad nos permiten reafirmar la "porosidad" de tal límite y, con ella, retomar la idea antiesencialista. La consideración de la importancia de los ríos en las representaciones/interpretaciones de los habitantes de San Salvador es una buena opción para acercarnos al problema e intentar una interpretación en este infinito juego relacional. Si bien las representaciones de otros tiempos no se comentan en este trabajo, es importante considerar que la mención a los distintos momentos históricos que se incluye en el proyecto, nos ha ayudado a confirmar que este juego de definiciones complejísimo que es el de la identidad se produce necesariamente entre una cantidad históricamente limitada de posibilidades de sentido (aún en aquellos casos en los que estas posibilidades se expanden, como las metáforas expanden las palabras).
Además, considerar la idea de construcción implica el reconocimiento de procesos estratégicos en los sujetos involucrados. Este reconocimiento de lo estratégico alude a que los sujetos toman decisiones, y lo hacen en contacto con otros, eligiendo una de varias posibilidades de sentido. También aludimos con "estratégico" a que las decisiones de quienes participan de la vida social tienen efectos de sentido, efectos con una dimensión política y cultural insoslayable.
Las preguntas por la construcción simbólica de la ciudad se relacionan con el espacio, dado que el espacio que se percibe también es un constructo: la fuerza de la organización de nuestra experiencia nos obliga a esforzarnos para recuperar su carácter de proyección [5]. Las representaciones del espacio nos permiten decirlo en determinado momento de determinada sociedad. En esta investigación, consideramos dos maneras de "decir" los espacios de la ciudad: las expresiones verbales o escritas de sus habitantes y las configuraciones gráficas, oficiales o no, construidas para tal fin, esto es, los planos de la ciudad [6].
Otro concepto central en la investigación es el de visibilidad, porque políticamente, la ciudad es lugar de aparición y porque culturalmente es una de las condiciones para la diversidad. En ese sentido, las formas de invisibilizar las culturas aborígenes han sido durante la historia de América proyectos concretos de "muerte simbólica", paralelos o anteriores a su exterminación física [7].
Para dar cuenta de lo que entendemos por espacios de aparición y visibilidad, partiremos de la noción de "esfera pública" ofrecida por Hannah Arendt en "La condición humana" [8]. Lo público para Arendt hace referencia a lo que es propio del mundo común a todos, pero diferente del lugar privado en él.
La idea arendtiana de lo público se completa con el requisito de accesibilidad y publicidad: lo que aparece en público puede ser visto y oído por todos. Esta idea de múltiples perspectivas ("...sólo donde la cosas pueden verse por muchos en una variedad de aspectos y sin cambiar su identidad, de manera que quienes se agrupan a su alrededor sepan que ven lo mismo en total diversidad, sólo allí aparece auténtica y verdaderamente la realidad mundana" [9]) es consistente con la de "polifonía" de Bajtin y nos permite "escuchar" lo que resuena en la propuesta de Arendt: las múltiples voces. Para que esas voces (esas "fuerzas", diría Bajtin) se encuentren hace falta un zócalo: el respeto a la diferencia
Encontramos que Arendt ofrece la posibilidad de leer en la ciudad material las huellas del discurso y la acción de los ciudadanos. La "ciudad material", por ejemplo, devela los lugares del trabajo y la labor y aquellos que corresponden a la acción. Rusconi [10] advierte que Arendt se refiere la polis como organización política de los ciudadanos y no como situación física de ciudad. A esto lo sostiene la misma Arendt, sin embargo en sus consideraciones acerca de las tareas humanas y especialmente cuando explica los efectos de la emancipación de los laborantes abre la posibilidad de considerar su aparición física como huella de las transformaciones humanas [11].
En sociedades complejas, la presencia y el uso de nuevas formas de comunicarse involucran la idea de ciudadanía, y conllevan una profunda transformación política [12] y en las posibilidades tradicionales de visibilidad [13].
En cuanto a las formas cada vez más complejas del espacio público que trae aparejada la dinámica global-local, las particularidades mencionadas de San Salvador de Jujuy, permiten rastrear este tipo de cuestiones en la doble vía implicada en el concepto de "territorialidad desarraigada" propuesto por Renato Ortiz [14]. En ese sentido, Ortiz postula que la mundialización propicia la fragmentación de las identidades nacionales generando rearticulaciones globales en las que aparecen las regiones. Con esto queremos decir que, paralelamente a los procesos de homogeneización se producen situaciones de diferenciación profundas.
A partir de las consideraciones enunciadas en los párrafos anteriores, decidimos trabajar con la ciudad de San Salvador de Jujuy, argumentando que una de las particularidades topográficas de San Salvador de Jujuy, el hecho de que haya sido fundada y conserve su centro político, judicial y administrativo - exceptuando las dependencias de la Municipalidad - entre dos ríos permite dar cuenta de la construcción de identidades y del imaginario urbano de manera diferenciada.
Si consideramos a los ríos Grande y Chico como líneas demarcatorias, podemos suponer que la ciudad se divide en tres áreas: un área central (entre estos ríos); un área que se extiende hacia el Norte del río Grande; y una tercera que a partir del río Chico o Xibi Xibi, se extiende hacia el Sudeste. Por comodidad, en adelante nombraremos a estas zonas Central, Norte y Sur, respectivamente.
La descripción demográfica [15] de la ciudad nos dice que tiene 174.464 habitantes y se transforma constantemente, ya que mantiene un flujo permanente de migrantes, nacionales y extranjeros. La ciudad ocupa 3.083 hectáreas. Según datos del último censo, la zona central cuenta con 31.974 habitantes (un 18% de la población distribuido en el 20% del territorio); la zona Norte es habitada por 18.616 personas que ocupan el 32% del territorio; y, finalmente, la zona que se extiende hacia el Sudeste del río Chico, tiene 125.974 habitantes distribuidos en 1.481 hectáreas, representativas del 48% de la superficie. La zona Sur es la más poblada, tiene 85 habitantes por hectárea, contra 53 de la zona central y 18 en la zona norte. Este proceso de concentración de la población en la zona Sur es fortalecido desde la planificación por distintos ordenamientos, como el Plan Director Municipal (ordenanza 628/86) y el Código de Planeamiento Urbano de la ciudad de San Salvador de Jujuy (ordenanza 2363/96) que reglamentan el uso del suelo de las distintas zonas. Por cierto, hay barrios y áreas que se erigen contra (o desde antes de) las reglamentaciones.
La presencia altamente diferenciada de un cuarto sector, el de los barrios y asentamientos que ocupan los lechos de los ríos, extendiéndose paralelamente a la zona central, nos llevó - una vez iniciada la investigación - a incorporar este sector como una cuarta zona.
En este apartado incluimos una primera lectura descriptiva del discurso de ciudadanos jujeños en ocasión del conflicto por el proyecto de privatización del Mercado Central Municipal, el proveniente de entrevistas realizadas a ciudadanos y funcionarios de la ciudad, el de la prensa gráfica jujeña y las representaciones vinculadas a la cartografía oficial, a partir de planos catastrales y turísticos de la ciudad.
Proyectos ciudadanos
Es el caso del proyecto de privatización del Mercado Central Municipal [16], los puesteros decidieron concurrir a la Banca Abierta [17] para defender sus puestos de trabajo y el lugar donde lo ejercen ante el proyecto de privatización interpuesto por el Ejecutivo Municipal. Pese a las limitaciones que provienen de las instancias de legitimación y la alta ritualización de su "puesta en acto", estas interpretaciones son representativas de los constantes procesos de renegociación alrededor de cómo apropiarse, tanto material como simbólicamente, de esta ciudad.
El grupo del Mercado reunido en asamblea eligió a hombres y profesionales (una evidente minoría en la población total) como sus voceros en la banca, un espacio de alta exposición, que ofrece grandes posibilidades de visibilidad y de acceso a los medios masivos.
Es así que consideramos que los distintos sentidos recuperados por quienes intervinieron en la discusión por el Mercado, ponen en el tapete conceptos centrales a la problemática de la ciudad y de la ciudadanía.
Algunas de las redes de sentido propuestas por los expositores de la Banca XIII son las siguientes:
Los usos de la historia.
La idea del valor histórico del Mercado Central se retoma en tres intervenciones. Una relativiza la importancia del edificio al lado del problema central, el de "la gente". Las otras dos operan con el concepto de patrimonio cultural, en cuanto un uso de la historia ligado a la memoria, al monumento, funcional en cuanto posible atractivo turístico. Este uso es "enfáticamente instrumental" [18], ya que la apuesta a la historia por parte de los puesteros pasa por conservar determinada forma de vida (la suya) y el lugar de su trabajo El patrimonio, así, se convierte en una nueva herramienta para el reclamo ciudadano.
Crisis del trabajo en tiempos globales.
Las referencias al trabajo pueblan todas las intervenciones. Perderlo significa perder una fuerte referencia identitaria. El sentido de pertenencia asociado al trabajo se completa con la necesidad de un lugar - ese lugar: el Mercado Central Municipal - para ejercerlo. La crisis laboral se cuela en todas las intervenciones: se comenta el índice de desempleo, la ausencia de políticas productivas, las dificultades e incluso la imposibilidad de generar nuevos puestos de empleo. Hay acuerdo en todas las intervenciones en cuanto a concebir al trabajo como una especie de espacio-problema común, acrecentado de alguna manera por el proyecto oficial de vender el edificio del Mercado. Pero a este acuerdo se opondrán distintas estrategias para disminuir o acrecentar su impacto.
Una "red" de sentido, enunciada por un concejal oficialista, coloca en el lugar del oponente a la conservación del lugar y los puestos de trabajo a la globalización. La globalización se concibe como inevitable, y como un dato incontenible del contexto que aflora en la provincia, en los barrios, "contra los almacenes". La globalización se relaciona con la política neoliberal, fundamentalmente con la concentración económica y la expulsión de personas del sistema productivo. Si bien se menciona la responsabilidad del neoliberalismo, se busca regular el mercado como única forma de reacción posible. Contener a la globalización regulando el mercado a través de un "paquete de medidas" es la estrategia propuesta.
En la intervención del puestero, los peligros (fundamentalmente, la amenaza de la pérdida de trabajo) no están en la globalización sino en las "políticas extranjeras" que tienden (ellas también) a la concentración económica. Frente a ellas, se apela al nacionalismo.
La interpretación enunciada es aproximadamente la que sigue: en el Mercado, lugar de lo típico y lo tradicional, de "lo único" como atractivo turístico frente a la globalización igualadora, pueden incluirse a "nuestras viudas y huérfanos". Las viudas trabajando para alimentar a sus hijos, además de dar al discurso un giro melodramático, representan a los débiles, a los excluidos de la fiesta global y la concentración económica (la fiesta de la propuesta de shopping contenida en el proyecto oficial). Los" desprotegidos" son aquellos que pueden seguir estando, si se respeta la tradición y, consecuentemente, se deja en pie al Mercado Central.
Otro de los referentes identitarios es "el soldado argentino" (que es "aquel a quien no podríamos ver en un desfile con el pecho hundido"), al que se apela como analogía de la interpretación única de la identidad defendida.
En esta red de sentido el Mercado Central representa la identidad de San Salvador de Jujuy como una esencia nacional, única y distintiva, que debe defenderse porque puede asegurar el trabajo. En cuanto al recurso inmediato, pasa por "exigir" a los representantes que gobiernen para el pueblo.
Una tercera interpretación coloca en el lugar del oponente a la mala administración y la corrupción del Ejecutivo municipal. Por cierto que este es el argumento de los concejales opositores, y también el de los representantes legales de los puesteros. Para construirlo, apelan a la enumeración de falencias legales en la elevación del proyecto y al racconto de ejemplos de licitaciones hechas por "voluntad política" (definida como manera rápida e inconsulta de hacer las cosas). En este sentido, los representantes de los puesteros consideran al proyecto oficial "inviable jurídicamente"; el puestero interpreta que al anunciar el shopping "se habló livianamente" y la oposición directamente anuncia un pedido de informes sobre el manejo de los fondos municipales. De manera que esta red de sentido retoma la crítica de la administración municipal mediante la enumeración de los defectos del proyecto oficial, en un crescendo que va desde la ineficiencia hasta la corrupción. Para quienes así argumentan, es esta mala administración, que perciben como característica del gobierno municipal, la que emerge en el proyecto de venta del Mercado y el consecuente peligro de perder el trabajo. Por eso, la solución es pasar el proyecto a Archivo y tomar el proyecto presentado por los puesteros.
El tópico de la estética urbana.
Como mencionamos al iniciar este análisis, hay acuerdo en todas las intervenciones en cuanto a la necesidad de un cambio en el Mercado Central Municipal. Este cambio si bien pasa por la oferta de servicios (en cuanto la dimensión "pública" del mercado se ve como satisfacción de necesidades de ciudadanos que, a su vez, se conciben como consumidores) y por la dimensión legal, en cuanto a la estructura jurídica de las relaciones que se establecen entre los puesteros y la Municipalidad (de allí las menciones relacionadas con el canon, fondo de garantía, mora, sistemas moratorios, locaciones), se refieren centralmente al tema de la imagen [19]. Hay acuerdo en que el Mercado no puede seguir como está, pero esa imposibilidad más que por lo funcional o por lo jurídico pasa por lo inadecuado de esa imagen para el lugar que ocupa: se dice que los comercios situados a cinco metros "evidentemente tienen otra infraestructura", o bien se menciona "la imagen que se quiere ofrecer a propios y extraños", etc.
Esta coincidencia puede resumirse diciendo que, para quienes intervinieron en el debate que analizamos, la estética del Mercado Central Municipal no coincide con la estética que se percibe (o se propone) para la ciudad de "hoy" [20].
Si bien esta frase condensa la convergencia, se enuncia con sentidos divergentes, tanto en las representaciones del tiempo como en las de la estética. En cuanto a las concepciones del tiempo, una representación, la que defiende el proyecto oficial, que incluye la posibilidad de derrumbar el Mercado o conservar solamente la fachada, considera que adecuarse a los tiempos actuales implica terminar con la condena de vivir en el pasado impuesta por el uso histórico del mercado. Hay otra representación para la cual la adecuación a los nuevos tiempos implica justamente invertir en la conservación de los rasgos antiguos de la ciudad para competir con otras propuestas patrimoniales por el turismo global.
En cuanto a la estética, una red de sentido la relaciona con la inevitabilidad de la globalización, que implica el crecimiento de la ciudad y el arribo de la modernidad homogénea, representada en la idea del shopping "con un puente, con luces, colores y plásticos". A esta idea, los puesteros oponen un proyecto alternativo que si bien reconoce la necesidad de códigos más "modernos", les permite conservar sus puestos de trabajo, y, por lo tanto, conservar el uso actual del Mercado.
Representaciones diferenciales de la ciudad.
A partir de las entrevistas realizadas, podemos sostener que quienes habitan esta ciudad representan/interpretan de manera diferencial a los distintos sectores delimitados por los ríos Grande y Xibi Xibi, y extienden las diferencias a sus moradores.
Podemos decir que las representaciones/interpretaciones de los habitantes de San Salvador caracterizan a la zona denominada "San Salvador de Velazco en el Valle de Jujuy", que ocupa la última porción del territorio recorrido por los ríos Grande y Xibi Xibi, en su zona de confluencia (en adelante la llamaremos central) como lugar de trámites y transacciones financieras, centro político, histórico y turístico.
En cuanto a las representaciones oficiales, una alta proporción de funcionarios entrevistados, al referirse a la ciudad, en realidad hacen mención excluyente a esta parte central [21]. En este sentido, un entrevistado caracteriza a San Salvador como "muy angosta", y otro considera que los ríos son "limitantes del crecimiento de la ciudad". Por otra parte, una funcionaria municipal considera que la zona más valorada por la comuna es "todo lo que es el casco histórico, la plaza, la ex peatonal y el parque San Martín", ubicados todos en la región central. La valoración de este sector como representativo del total de la ciudad también en el logotipo de la Municipalidad de San Salvador de Jujuy, que la representa mediante una pequeña cuadrícula rodeada por los dos trazos de los ríos.
La zona que se extiende desde el río Grande hacia el Norte (zona Norte) se considera predominantemente residencial, con buenas visuales y alta calidad de vida. Esta representación es reforzada por el mercado inmobiliario, como ocurre con el slogan de un complejo habitacional construido en la zona Norte, que dice: "Cruzar el río es vivir a pleno" (se refiere al río Grande).
En cuanto al área que se extiende hacia el Sur del río Xibi Xibi (la Zona Sur), es percibida como la más populosa y popular. En las entrevistas realizadas a mayores de 60 años, surge la prohibición impuesta a las mujeres de clases medias y altas de cruzar este río hacia la zona Sur. El recuerdo de la imposición de este tipo de prohibiciones por parte de padres o maridos llega hasta los años ´40, y en algunos casos hasta los ´50 [22].
Hay representaciones diferenciadas, altamente marginales, para los barrios y asentamientos que, si bien se ubican dentro de los dos ríos considerados, ocupan el lecho del río Grande, paralelamente al microcentro y extendiéndose hacia el sudeste de la ciudad. Sus habitantes aparecen muy estigmatizados. Por otro lado, y aún cuando no contamos con el espacio para desarrollar el tema aquí, los habitantes de esta zona construyen diferencias profundas entre ellos.
Otros entrevistados, definieron a los ciudadanos como integrantes de una comunidad, con iguales derechos y deberes.
Las características comunes a los habitantes de la ciudad se enunciaron a través de lo que los funcionarios consideran sus preferencias estéticas ("es aquel que te dice que lo más lindo de Jujuy son los cerros"), y sus defectos ("no tienen cultura acuática", "todos se desvían un poquitito (de la planificación"), todos en relación con el uso y la vivencia de lo urbano.
Si bien los funcionarios negaron prácticas discriminatorias relacionadas con la acción pública en temas relacionados con la ciudad, reconocieron que existen diferencias en la manera de vivir la ciudad, que llevan a la atención diferencial de sus necesidades.
Entre los habitantes, los entrevistados consideraron un grupo especial, el de los migrantes, un fenómeno que ya tiene permanencia en el tiempo y que seguirá extendiéndose en el futuro. Estos habitantes ocupan un lugar marginal ("se metían donde podían") que no se enuncia explícitamente, aunque uno de los problemas de la ciudad, para los funcionarios es que "va a seguir viniendo gente de otras partes". En cuanto al aumento de prácticas comerciales informales en la ciudad, si bien la mayoría de los entrevistados las relaciona con el crecimiento de migrantes rurales andinos, también incluye a los habitantes de zonas suburbanas que han vencido resistencias y han tomado partes de su ciudad como lugar para desarrollar sus estrategias de supervivencia económica [25].
A partir de lo relevado en una primera lectura de las entrevistas realizadas, podemos decir que quienes habitan esta ciudad representan/interpretan de manera diferencial a los distintos sectores delimitados por los ríos Grande y Xibi Xibi, y extienden las diferencias a sus moradores.
La importancia de los ríos Grande y Chico o Xibi-Xibi en las representaciones sociales de sus habitantes los constituyen en dos trazos altamente significativos para pensar no sólo su especificidad como límites sino también las problemáticas generales asociadas al estudio de la cultura y la comunicación.
En los casos de conflicto por el espacio público en San Salvador de Jujuy, la prensa local [26] utiliza distintas estrategias que sostienen un proyecto de ciudad ideal filoeuropea y moderna.
Brevemente, podemos afirmar que, mediante distintas estrategias argumentativas, (adscripción de grupos a "espacios problemas", "ajenidad" de las costumbres andinas, el uso de nominalizaciones verbales y formas impersonales para hacer aparecer la "modernidad" del espacio como algo dado e inevitable; uso de citas exclusivamente para actores de grupos privilegiados) la prensa gráfica jujeña tiende a reconocer derecho a reclamar por sus derechos solamente a aquellos ciudadanos que piden por un proyecto de ciudad "global" y europeizada, concibe a la historia como una línea de progreso que parte de la fundación, y adscribe a los ciudadanos y proyectos que vulneran esta construcción al campo de la invasión y los problemas.
Planos y mapas son representaciones de la ciudad. Pero partes de la ciudad quedan fuera del Mundo así representado. Esto implica que esas partes de la ciudad están fuera de toda posibilidad de interpretación y, consecuentemente de enunciación. Nelly Richard [27] sostiene que "la cartografía (...) es la forma en que se racionaliza un orden que mesura y recorta superficies para articular territorios de representación". Si lo inteligible es enunciable, y los planos son formas de enunciar (gráficamente) la ciudad, los sectores no representados quedan en el caos. No estar representados significa que no están dibujados, son un espacio vacío, están fuera de la construcción de sentido que ofrece el plano de la ciudad: son invisibles. Los sectores de San Salvador que quedan fuera de representación [28] son justamente los que corresponden a barrios y asentamientos precarios de migrantes e inmigrantes. Aún en los casos en que esos asentamientos cuentan con distintos servicios que vuelven "consumidores" a sus habitantes, sus barrios no aparecen en los planos de la ciudad. Dice Emilio De Ípola: "Todo mapa es, en efecto, un simulacro reducido de ciertos aspectos de una región geográfica; aquello que en él se registra cobra sentido sobre el fondo de incontables omisiones y simplificaciones. Quien confecciona un mapa está obligado a escoger (ante todo a reducir) y por lo tanto a eliminar posibilidades" [29]. Las posibilidades eliminadas a la hora de representar a la ciudad en un plano son los asentamientos: los lugares de los pobres de la ciudad, que se extienden en la vera de los ríos y los bordes de la mancha urbana, ocupando márgenes e instersticios. Márgenes e instersticios que también son físicos. Si reducimos las posibilidades espaciales a convexidades, concavidades y virtualidades (como lo propone Magariños), estos barrios y asentamientos ocupan las zonas más cóncavas de la ciudad (si la planteamos como un plano horizontal), por lo que quedan fuera de la mirada de quienes ocupan los sitios convexos, a pesar de la poca distancia que puede haber entre los grupos [30]. Sin el alcance del meduloso análisis de Mary Douglas sobre las fronteras y las zonas grises de las culturas, y el temor y aprensión que éstas producen, vale considerar que la observación de las zonas excluidas de los planos de la ciudad da cuenta de que estos barrios y asentamientos ocupan los bordes y las concavidades físicas de la ciudad, tanto en relación con los ríos como con los límites de la mancha urbana.
Este breve recorrido por algunos de los discursos que ponen en juego representaciones de la ciudad, nos permite considerar que en San Salvador de Jujuy se construyó y aún persiste una representación de ciudadano a partir de características étnicas, confesionales y de género que fortalecen procedimientos de exclusión políticos y económicos de larga data.
En ocasión de conflictos por la apropiación de la ciudad, puede decirse que en San Salvador de Jujuy existe una fuerte presión hacia la "normalización" de las condiciones de visibilidad. Esta presión se actualiza en la vigencia de representaciones que construyen "ciudadanos ideales" para una "ciudad moderna". En la construcción de "ciudadanos ideales" se actualizan procedimientos discursivos asimilables al prejuicio, que involucran las formas de la identificación cultural, ontológicas, y no a las modalidades de la subjetividad política, caracterizada por la acción. En cuanto a la "ciudad moderna" esta imagen se construye en la búsqueda de una homología con las "ciudades globales", o, al menos, con otras ciudades de la región más cercanas a estas representaciones.
Si bien las prácticas discriminatorias del "otro" - mujer, pobre, inmigrante - se relacionan estrechamente con la visibilidad, no se agotan en ella: las representaciones mencionadas involucran la valoración del espacio entre los ríos como el principal escenario de la interacción [31]. Si la gran disputa en este momento de exclusiones es por quién se queda y quién se va de la ciudad, y su desplazamiento hacia quiénes tienen un lugar en la ciudad "virtual" de las proyecciones y deseos de sus habitantes, parecería que en Jujuy una parte importante de la discusión por la inclusión, sobre todo en relación con el trabajo, se relaciona estrechamente con la posibilidad de permanecer entre los ríos, en la zona central, de ahí las estrategias de adaptación relacionadas con la imagen de quienes se ven en peligro. Esta afirmación reactualiza la valoración de la centralidad, y una consideración unilineal de la historia de la ciudad, que la vincula exclusivamente con el lugar de su fundación [32]. De manera que la ciudad construyó sus memorias sobre esta idea, dejando fuera de los ríos el caos, aquello que no puede nombrarse, que no puede significarse: los "ojos sanguinarios" de los indios [33], es decir, la naturaleza amenazante.
Estos procesos discursivos superan vastamente a la conquista: quienes se excluyen de la ciudad (los desocupados, los migrantes, los pobres) después siguen en el caos, innombrados en los planos y discursos o percibidos como amenazas para una ciudad "moderna". Las operaciones "invisibilizadoras" que describimos, relacionadas estrechamente con el lugar subalterno y desvalorizado que ocupa lo andino y lo coya en el imaginario social jujeño [34], recortan una parte de las posibilidades de la ciudad, atentando contra las posibilidades que brinda la ciudad de San Salvador de Jujuy, especialmente en su zona entre ríos, de expresar las diferencias. Por el contrario, una gran parte de sus ciudadanos rechazan la presencia de formas culturales que desvalorizan en el espacio socialmente más valorado como escenario de la tradición y la historia de la ciudad [35].
Las prácticas discriminatorias se basan en adjudicar diferencias negativas a los "otros", a partir de un "nosotros" sobre el que se construyen las identidades. La idea de un ciudadano ideal, justamente, tiene el efecto de fijar un sentido único para definir a un ciudadano, construido a partir de aquella idealización. Esta operación hace estallar la idea de espacio público, en cuanto impide un lugar donde expresar las diferencias: los diferentes no son bienvenidos donde el requisito de admisión es un corset ideal al que lógicamente no se ajustan todos. El imaginario positivista de la generación del ´80, la idea de la "raza argentina" trabajada por Ingenieros, atraviesan estas representaciones, que vulneran tanto el ideal integracionista del "melting pot" como los más actuales de la multi o interculturalidad.
Del primer encuentro con planos, entrevistas y noticias surge que las operaciones discursivas de este tipo han sido exitosas, construyendo un espacio de aparición que excluye o denuncia como "invasores" a quienes no se ajustan al modelo ideal de ciudad y de país, evidenciando sus contradicciones y desigualdades. Al ver vulnerado este proyecto ideal (una construcción simbólica fuertemente arraigada en el imaginario) parte de la población recurre, como manera de restablecer el orden, a la separación simbólica o material [36]. Esto ocurre aún en Jujuy, donde la mayor parte de la población quedaría afuera de los requisitos del ciudadano ideal construido por el proyecto positivista, y donde la misma ciudad y hasta la región en su conjunto han sido muy recientemente considerados "inviables" por un proyecto de país igualmente excluyente.
Como dijimos en el cuerpo central, este trabajo propone compartir algunas reflexiones relacionadas con la visibilidad en la ciudad que surgieron ante el primer contacto con parte el material que constituye el corpus de la investigación "Los ríos Grande y Chico en San Salvador de Jujuy: permeabilidad social y aislamiento".
El corpus de dicha investigación está constituido por entrevistas grabadas, que promedian la hora de duración, realizadas a hombres y mujeres habitantes de los cuatro sectores de la ciudad considerados (los tres nombrados inicialmente como Norte, Sur y Central, y los pobladores de los barrios y asentamientos correspondientes al río Chico), de tipo semi estructurado, que se contrastan entre estos grupos y con los contenidos de los medios analizados. Como la investigación es cualitativa y pretende reconocer reglas de formación discursiva, y condiciones de significación, los informantes se seleccionaron atendiendo a la necesidad de considerar la mayor amplitud de voces posible [37]. Los informantes son varones y mujeres, agrupados en tres franjas etáreas que parten de los 25 años y superan los 80, profesionales, docentes, estudiantes, empleados, amas de casa, artistas, comerciantes, obreros, jubilados y cuentapropistas.
La recuperación de las representaciones / interpretaciones que circularon y circulan en la prensa gráfica acerca de la ciudad y los conflictos por su espacio central, que también forman parte del corpus propuesto resulta relevante, sobre todo si consideramos la influencia de los medios masivos en la construcción de las representaciones sociales vigentes en este siglo [38].
Para el análisis de estos discursos se recurrió a la propuesta de Juan Magariños de Morentín. Esta perspectiva considera que un discurso resulta significativo solamente en relación con otro(s), se busca rastrear la(s) significación(es) que, en un determinado momento de una determinada sociedad, adquiere un fenómeno como resultado de la competencia entre los discursos vigentes que lo enuncian. A partir de la elaboración de definiciones contextuales, tomando los términos y modalizaciones obtenidas de lo efectivamente dicho por entrevistados, pueden observarse los referentes construidos y el modo en que se construyeron. Estas definiciones se agrupan en ejes temáticos a partir de los cuales se reconstruyen redes de sentido, que permiten la búsqueda de Mundos Semióticos Posibles.
También trabajamos sobre los planos - en cuanto maneras de "decir" el espacio urbano - considerados representaciones icónicas de la ciudad, por lo que se propone analizarlos con operaciones de la semiótica de la imagen, a partir de las consideraciones de Magariños de Morentín. Al respecto, el autor sigue a Peirce, quien sostiene que las imágenes pueden construirse para mostrar cualidades (Cualisignos Icónicos), existentes (Sinsignos Icónicos) o valores (Legisignos Icónicos) o la combinatoria de estos aspectos. Un plano de la ciudad, como sinsigno icónico, representa una ciudad en las características de su existir.
Ahora bien, para el tema que nos ocupa, la construcción simbólica de San Salvador de Jujuy, consideramos un juego entre la propuesta peirciana - en la lectura de Magariños - y el aporte del semiólogo colombiano Armando Silva. Éste autor describe la "estrategia de comportamiento social o urbano" [39] entre las múltiples elaboraciones simbólicas a las que alude el "territorio". Para dar cuenta de esta estrategia, propone construir croquis, sobre los planos de la ciudad. Estas nuevas construcciones darían cuenta de algo así como la "ciudad vivida" en oposición a los planos oficiales que, en realidad, no la representan.
La combinación de las ideas expuestas brevemente nos llevan a una operación de sustitución que permite percibir el "dicisigno" peirciano: la existencia de un valor de sustitución, la ubicación del croquis dentro de un plano, que es más amplio. De manera que para "semiotizar" mapas urbanos y turísticos mediante marcas que dan cuenta de situaciones particulares, el plano oficial es una referencia contextual ineludible.
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