Identidad nacional, subjetividad y fronteras en Tacna y Arica

Fulvio Rivero Sierra
CIUNT
Universidad Nacional de Tucumán

Presentación

En este trabajo se expondrán los avances alcanzados en el desarrollo de una propuesta teórica de orden sociológico del "fenómeno nación" y la constitución de la "identidad nacional". Esta propuesta se concentra en el funcionamiento del "fenómeno nación" en la subjetividad de los agentes sociales y se propone la elaboración de un marco teórico conceptual que sea capaz de dar cuenta de su reproducción social desde la perspectiva de los agentes [1] . 

En particular se mostrará, en este trabajo, la utilidad metodológica de los conceptos "situación crítica" y "seguridad ontológica" para el análisis de las identidades nacionales. El objeto de análisis serán los agentes peruanos de las ciudades de Tacna y Arica posguerra del Pacífico durante la ocupación chilena (1883-1929). Se pondrá a prueba la operatividad de los en el análisis de los casos de reproducción de identidades nacionales en Tacna y Arica durante la ocupación chilena.

La organización del trabajo consta de tres partes definidas: 1) marco teórico sociológico propuesto para el análisis de las identidades nacionales; 2) contextualización del caso de Tacna y Arica y; 3) análisis de la reproducción de las identidades nacionales en dos casos.

Propuesta del marco teórico para el estudio de las subjetividades nacionales

En el desarrollo teórico que sigue cabe señalar la influencia de: Benedict Anderson, Anthony Giddens y de P. Bourdieu en menor medida. Sin embargo, se debe remarcar que este modelo ha reformulado muchas de sus propuestas, al punto que es muy probable, que los mismos autores no se reconozcan en este texto. En muchos casos se ha preferido mantener las denominaciones originales propuestas para conceptos que han sido reformulados, sin embargo, en cada caso se expondrán las redefiniciones que correspondan a fin de evitar confusiones.

Esta propuesta se desarrolla en el marco de una teoría social que toma como presupuesto básico que la reproducción y transformación de las prácticas culturales (entre las cuales se encuentran aquellas prácticas que reproducen la identidad nacional), como los de cualquier práctica social, sólo pueden explicarse en términos de las subjetividades de los practicantes de las culturas o agentes sociales [2] . Este postulado no significa de forma alguna reconocer la existencia de espíritu o esencia alguna común que explique o dé sentido al funcionamiento de las práctica sociales que constituyen la identidad nacional. Se trata más bien de modelar las identidades nacionales a partir de la subjetividad de los agentes que la constituyen y reproducen.

Desde este enfoque, se define "nación" como "institución" en tanto "estructura" de larga duración. El concepto de "estructura", como se modela acá, hace referencia a dos aspectos: el primero, en tanto prácticas sociales "estructuradas" por los propios agentes y, segundo, a la manera que en que los propios agentes "perciben" las prácticas "con forma de estructura" que a su vez permite la internalización de las prácticas en la subjetividad. De hecho, la "estructura" se percibe como una "externidad" coherente al agente, y a decir verdad su "componente" estructural es más fuerte en la percepción del agente, que le asigna propiedades y una coherencia mucho mayor de la que realmente podría tener, que lo que "objetivamente" podrían demostrarse. Lo que produce o colabora con esta "sensación" o "percepción" de la estructura, en realidad, es el gran esfuerzo realizado por el agente por entrar en "sintonía" con los otros agentes que interactúan en la práctica estructurante a fin de lograr insertarse en ella. En realidad, la coherencia de una "estructura", por lo general, no va más allá de alcanzar un "nivel crítico de sintonía" entre los agentes que la estructuran a través de sus prácticas. En este sentido, los agentes involucrados en una misma práctica pueden, si se les pregunta, interpretar de modos notablemente disímiles las "reglas" que gobiernan su funcionamiento. La eficacia de una "estructura" reside más en que los agentes satisfacen sus "convicciones" con reacciones sencillas de sus interactuantes. Por dar un ejemplo, un profesor entra a un aula y espera que sus alumnos se acomoden y escuchen lo que tiene para decirles. Sin embargo, cada uno de los practicantes puede "interpretar" esa acción de modos diferentes. La práctica "dar clases" o "tomar clases" en realidad exige "tan sólo" que se reitere rutinariamente y que alumnos y profesor continúen manteniendo y practicando sus "roles". Ahora bien, es una "estructura" tanto los agentes han separado del continuum de sus acciones una sección que se reiteran y que lo han interpretado, como la práctica de "tomar clases". Si bien por ello es una "estructura" también lo es porque sin los agentes que reproduzcan (estructuren) tales prácticas no habría práctica, y por lo tanto, tampoco "estructura". Por otra parte, puestos a discutir que "reglas" gobiernan la práctica de "tomar clases" pondría en evidencia todo aquello que los agentes han dejado fuera de su "nivel crítico de sintonía" y, a su vez, mostraría cómo agentes interpretando de modos diferentes una "misma práctica", tan sólo les vasta alcanzar el "nivel crítico de sintonía" para llevarla adelante exitosamente.

En este sentido, la nación en tanto conjunto de prácticas institucionalizadas fuertemente, es el resultado de que agentes reproduzcan un modo de las relaciones políticas y de poder en un espacio limitado que llamamos "nación" en tanto estructura [3] . A su vez, y como "consecuencia no buscada" [4] , la reproducción de tales prácticas genera en los agentes un sentimiento de "parentesco" [5] o identidad entre sus participantes, al que llamaremos "identidad nacional" [6] . Entendemos que es a este fenómeno que B. Anderson [7] denominó "Comunidad Imaginada" [8] .

La nación es el resultado de la progresiva difusión de los principios liberales desde los grupos de élite gobernantes en pro de ganar las subjetividades de los agentes que "imaginan" pertenecer a la misma [9] . De ahí que se propuso el concepto de "imaginantes" para aquellos agentes que tienen internalizadas las prácticas sociales que permitieron su reproducción en el tiempo y en el espacio. La distinción entre los agentes que tienen internalizada o no en su subjetividad la "identidad nacional", nos permitió observar históricamente aquellos casos como el de los indios de la sierra del Perú a fines del siglo XIX y principios del XX. Muestra de que tal distinción parece pertinente se refleja en la siguiente cita del Prefecto del Cuzco en 1905:

Los pueblos de este departamento, formado en su mayor parte por indígenas, que no tienen ni la más remota idea de lo que importa la vida civilizada, que no conocen sus derechos y deberes, necesitan como lo han merecido atención preferente y decidido apoyo por parte del Supremo Gobierno, para conseguir la instrucción y educación de esas masas que aparentemente forman parte de nuestra nacionalidad [10] .

En efecto, el Prefecto del Cuzco, a diferencia de los indios, supone conocer los derechos y deberes (reglas) que constituyen su identidad nacional. La internalización de la "identidad nacional" es un proceso de "adquisición" de un conocimiento que se traduce en gran parte como el conocimiento y reconocimiento de "derechos y deberes" más o menos complejos que se encuentran detrás de las prácticas reproductoras de nación. Se parte del supuesto que estos derechos y deberes fueron adquiriendo distintos niveles de complejidad con el correr del tiempo y fueron abarcando y regulando a su vez distintas esferas de la vida social de los "imaginantes" de la comunidad nación.

Precisamente la identidad nacional se traduce en el conocimiento, reconocimiento y aceptación de estas "reglas" del funcionamiento social que a su vez se sienten o perciben (se "imaginan" diría B. Anderson) como compartidas por el resto de la comunidad en un nivel aceptable de "sintonía crítica" [11] . Normalmente estas reglas se ven traducidas en normas dictadas por quienes han asumido la representación de la mayoría de la comunidad y poseen a su vez un poder de policía para el cumplimiento de las mismas. Ahora bien, de igual manera existen prácticas que en sí no se encuentran reguladas de la misma manera. Así, alentar a la selección nacional de fútbol no tiene el mismo estatuto que cumplir con el servicio militar obligatorio.

Seguridad ontológica, Situación crítica e Identidad nacional

En esta sección se desarrollará las relaciones que se establecen entre el concepto de "seguridad ontológica", "situación crítica" e "identidad nacional". La seguridad ontológica permite al agente mantener la confianza de sí y en un cierto estado de relativa estabilidad de los contextos de rutina. El concepto de "seguridad ontológica" refleja la "confianza" que alcanza el agente por el hecho mismo de haber podido enfrentar con "éxito" distintas situaciones nuevas y rutinarias [12] .

 Operativamente se podría definir como "seguridad" alcanzada por el agente, producto de la "percepción" de un alto grado de estabilidad en las relaciones sociales (sus prácticas constituyentes) y en las constantes naturales (la gravedad por ejemplo)". Como consecuencia de esta "seguridad" el agente puede operar "anticipatoriamente" y pretender "saber qué hacer o a qué atenerse" frente distintas situaciones. A su vez, hay un amplio espectro de "certezas" (sobre lo "natural" y lo "social") que le permiten mantener su "seguridad ontológica" y una de ellas son los procesos sociales y culturales por los cuales se constituye la "identidad" [13] . Desde este punto de vista, la identidad puede ser interpretada como la confianza que se comparte con otros agentes patrones comunes al momento de llevar adelante una práctica social dada. Estos patrones comunes son, por ejemplo, el conocimiento de las reglas sociales que regulan tal acción. De manera que la seguridad ontológica abarca a su vez esferas tan disímiles en apariencia como la confianza en que al día siguiente saldrá el sol nuevamente, como que las transacciones comerciales se darán de la misma forma, como que seguirán existiendo otros agentes con los cuales compartirá distintas prácticas sociales y cuyas reglas no cambiarán. Esta confianza no impide que ocurran los cambios [14] , como a menudo sucede, pero permite al agente llevar adelante un conjunto heterogéneo de prácticas con cierta "rutinidad" de manera de no verse obligado a repasar (y confirmar) todas y cada una de las "reglas" que gobiernan cada práctica.

Por otra parte, el Estado nacional [15] contribuye en gran parte al mantenimiento y reproducción de estas identidades nacionales por el tipo relaciones existentes entre el estado y las subjetividades de los agentes integrantes de la nación. Podría decirse que el "estado", al regular un gran número de prácticas, contribuye en gran manera a reforzar la "seguridad ontológica" de los agentes. Ahora bien, el "estado", como se considera acá, no es una "materia informe" que opera como un conjunto homogéneo y que se conduce coherentemente. Como ya se adelantó, el estado es "percibido" por los agentes como una "estructura" (homogénea y coherente) que regula gran parte de las prácticas sociales. Lo que realmente el agente "vive" es la interacción con representantes o funcionarios de esas instituciones, es decir, con otros agentes. El agente percibe al estado y a sus organizaciones como instituciones en tanto le preexisten en el tiempo. De manera que cuando el agente se socializa percibe estas organizaciones como preexistentes, y en todo caso las percibe como "estructuras" de larga duración y de cierta estabilidad [16] . 

Ahora bien, la particularidad de las instituciones del estado reside en el hecho de que el agente no puede "renegar" de interactuar con ellas, y aunque definitivamente decidiera no interactuar con ellas, como podría ser el caso de un agente "anarquista", deberían señalarse dos aspectos: primero, que aunque este agente se niegue a interactuar con los representantes de las instituciones, éste las reconoce como tales, y segundo, que los agentes del estado, la "policía", por ejemplo, puede obligarlo a interactuar con ellos [17] . Si bien se reconoce el poder de las instituciones estatales ejercidas sobre los agentes, este poder es ejercido por otros agentes de igual realidad material.

Por lo argumentado, se postula que la particularidad de las instituciones estatales radica en el hecho de que afectan y regulan gran parte de la actividad social, y si un agente pretende socializarse no puede optar por no interactuar con ellas. Por otra parte, estas instituciones estatales al regular gran parte de las prácticas sociales de una comunidad contribuyen a que el agente mantenga su "seguridad ontológica" sobre el funcionamiento de su identidad nacional. Esta contribución a la "seguridad ontológica" se funda en el mantenimiento de determinados parámetros de la vida social, para citar algunos ejemplos: las normas dictadas que regulan las prácticas comerciales, las dictadas en relación a la tenencia de las tierras y otros bienes, etc. El agente tiene incorporado la idea de la protección de tales derechos, por ejemplo. Esta es la forma quizá más "palpable" en que el agente percibe al estado como entidad protectora y reguladora de derechos e inclusive obligaciones. En la práctica, para que las instituciones sobrevivan, se hace necesario que los agentes mantengan cierta "sintonía" mínima y que la perciban como tal. Sin embargo, esto no impide que lo que realmente los agentes tienen incorporado tenga grandes diferencias entre uno y otro.

Ahora se analizará el concepto de "situación crítica". Llamo "situación crítica" a aquellas en las que un agente siente amenazada su "seguridad ontológica". Una situación particularmente novedosa que le impida al agente llevar adelante su acción puede suscitar distintas reacciones posibles (parálisis mental, irritación, exaltación, violencia, angustia, etc.). Entre las posibles se enfocará sobre aquellas situaciones que conducen a la acción "reflexiva" y "obligan" al agente a "revisar" la pertinencia de las acciones y reflexionar sobre ellas para determinar o intentar "resolver" esta situación. En tan situación el agente puede sentir amenazada su "seguridad ontológica" sobre los contextos de rutina y, en tal caso, se produce lo que se llamará "situación crítica". En tal caso, el agente "reflexiona" sobre el fin que perseguía la acción que se ve impedido de realizar.

Precisamente este trabajo toma como ejemplos a agentes que enfrentan "situaciones críticas". En particular se trata de agentes a los que la "guerra" y luego la "ocupación", han violentado severamente su "seguridad ontológica". Se trata de agentes que, entre otras cosas, se ven impedidos de realizar prácticas ligadas a la reproducción del sentimiento de identidad nacional.

El objetivo fue buscar en el comportamiento de estos agentes cuáles fueron aquellas acciones y prácticas que se vieron impedidos de realizar y que se relacionaban con la identidad nacional. Esta metodología permitió investigar y teorizar sobre los modos en que la identidad nacional se reproduce socialmente desde la perspectivas de los propios agentes de modo que los casos que se exponen a continuación intentan ejemplificar la utilidad metodológica de los conceptos "seguridad ontológica" y "situación crítica" para indagar sobre cuáles son las prácticas reproductoras de la "identidad nacional" o, puesto de otro modo, las prácticas que fomentan los sentimientos nacionales.

La reproducción de la identidad nacional en dos casos: las instituciones no gubernamentales (1883-1929) y la escuela (1883-1948).

Contexto general: la posguerra del pacífico 1883-1930.

Al finalizar la guerra del Pacífico, se acuerda entre los contendientes, el estado peruano y el chileno, el Tratado de Ancón. Este tratado refiere, entre otras cláusulas (como la indemnización por guerra), una reconfiguración territorial en el sur de Perú: la provincia de Arica (situada al sur de Perú) quedará anexada desde ese mismo momento a territorio chileno y Tacna será "ocupada" por el gobierno chileno por un lapso estipulado inicialmente en diez años, al cabo del cual se llamará a un plebiscito donde los habitantes de Tacna deberán decidir si desean "pertenecer" a Chile o a Perú. El plebiscito no se realiza en el tiempo estipulado inicialmente, es decir 1894, y la situación de "ocupación" no se resuelve sino hasta el año 1929, a favor de Perú, y con la mediación del gobierno de los Estados Unidos quedando finalmente  Tacna para Perú y Arica para Chile (ver plano).

Primeramente me interesa mostrar cómo la situación de la guerra, y la ocupación después, significaron para los agentes peruanos de Tacna y Arica la ruptura con las prácticas sociales que permitían la reproducción de la identidad nacional. Se mostrará luego, cómo el impedimento de realizar rutinariamente estas prácticas puso en peligro la seguridad ontológica que sustentaba la identidad nacional. Posteriormente se expondrá los modos en que los agentes reflexionaron sobre las prácticas, que antes de esta situación reproducían rutinariamente, formándose así una basta conciencia de ellas entre los imaginantes peruanos de Tacna y Arica. Finalmente se ilustrará sobre los modos en que los "imaginantes" peruanos modificaron las prácticas a fin de poder sustentar la identidad nacional eficazmente creando incluso además nuevas prácticas.



Plano de límites de Perú y Chile

I Caso: las organizaciones no gubernamentales

La situación de ocupación tuvo como consecuencia más evidentes el cierre de todos los organismos oficiales del estado peruano en la región. Esto incluía prefecturas, juzgados de paz, oficinas administrativas, guarniciones militares y policiales. La única excepción notable fueron, hasta 1900, las escuelas y las iglesias.

Por otra parte existían desde antes de la guerra, organizaciones no gubernamentales que continuaron funcionando precisamente porque los chilenos no pudieron probar su vinculación "oficial" con el estado peruano [18] . En este estado de cosas los agentes peruanos se vieron impedidos de interactuar con los organismos del estado. Por ende, una gran número de prácticas sociales dejaron de poder realizarse rutinariamente, en especial, aquellas prácticas reproductoras de la identidad nacional. En este sentido, esta situación se plantea como una "situación crítica". El agente se paraliza al percibir una externidad (el enemigo chileno) que pone en peligro su "seguridad ontológica". La esfera de la "seguridad ontológica" que se pierde es el status quo que brinda la percepción de la nación, figura protectora y garante de derechos. Este status quo representa entre otras cosas la seguridad del mantenimiento de cierto orden político institucional que le garantiza fundamentalmente la libertad y una juricidad que reconoce aspectos como el derecho a la propiedad privada y a los bienes [19] . El agente, a su vez, percibe en el estado nación el garante de tales derechos [20] .

Ahora bien, frente a esta situación los imaginantes peruanos recurrieron a generar prácticas de forma masiva que les permitieran recobrar la seguridad ontológica pérdida o en riesgo de perderla por esta situación crítica. Es en este momento en que las instituciones intermedias no estatales de Tacna y Arica jugaron un papel esencial. Antes de la guerra funcionaban en ambas ciudades organismos representativos tales como sociedades de beneficencia y "gremios", que condensaban gran parte de las actividades colectivas de los agentes. Estas tenían por finalidad defender y proteger los derechos de sus asociados en el caso de los gremios. Las sociedades de beneficencia se ocupaban en general de tareas de bien comunitario. Estas organizaciones representaban en el general al sector económico dominante; se trataba de agricultores, comerciantes, artesanos y de pequeños y medianos empresarios en general [21] . Los indios aymaras de la zona alta, por ejemplo, no participaban de este tipo de organizaciones [22] . Con la guerra y después con la ocupación estas organizaciones no gubernamentales, éstas se convirtieron en organizadoras de prácticas reproductoras de la identidad nacional ya que sus asociados, más que nadie quizás, reconocieron en la guerra el peligro de la pérdida de bienes y derechos a manos de los chilenos.

Una vez finalizada la guerra y con el triunfo de la fuerzas chilenas los agentes peruanos de Tacna y Arica percibieron la "ausencia" [23] del estado peruano en quien habían depositado la confianza de la protección y la seguridad éstos, en su mayoría, conformaban la población blanca y urbana de la zona. Sin embargo, la cláusula del plebiscito continuó generando la esperanza, entre los agentes peruanos de las ciudades "cautivas", de regresar al estado de cosas anterior. De manera que lejos de iniciarse, entre la mayoría de los peruanos, un proceso de "chilenización", éstos, a través de sus organizaciones intermedias, se movilizaron vigorosamente para que al llegar el plebiscito éste los encontrara en una posición favorable [24] .

La política llevada adelante por el gobierno chileno en la zona de ocupación puede dividirse en dos etapas. Durante la primera etapa (1883-1900) el gobierno chileno intentó ganar las subjetividades de los agentes peruanos a través de una política de convivencia pacífica y sin utilizar la coerción. Lo que había detrás de esta política era la idea de generar una mayor crecimiento regional a través de una fuerte inversión en obras de infraestructura. Estas obras fueron el mejoramiento de la provisión de agua, la creación de nuevas escuelas, mejoras en los edificios públicos, etc [25] . Durante este período los peruanos convivieron con los chilenos en los territorios ocupados sin que se produjeran incidentes de gran envergadura. De manera que los peruanos hasta este momento no se vieron impedidos de realizar las actividades organizadas por las distintas organizaciones intermedias como así también pudieron expresar con cierta naturalidad sus sentimientos y filiaciones patrióticas.

El 24 de mayo de 1893 en el local del Círculo Vigil, por invitación del presidente de la Asociación Patriótica de Carpinteros, los delegados de las sociedades y directores de colegios y escuelas del departamento y de la Sociedad Peruana de Beneficencia y Patriótica de Arica, acordaron unánimemente, colocar -en nombre de los pueblos cautivos- una lápida conmemorativa en la casa que habitó don Francisco Antonio de Zela y Arizaga, caudillo de la Independencia.

El 28 de julio del mismo año, LA VOZ DEL SUR [26] publica la siguiente nota:

"La colocación de la lápida conmemorativa a Zela tuvo lugar hoy 28 de julio de 1893, LXXII aniversario de la Independencia de la Patria, con toda la solemnidad debida ante el pueblo de Tacna y representantes de Arica. Se entonó el Himno Nacional y se dieron vivas a la Patria ausente, siempre presente en el corazón de todos los tacneños y ariqueños. Se levantó esta acta en papel sellado del Perú de 1880 y 1881, por no existir en esta capital papel sellado peruano, correspondiente al año actual; y por ser la voluntad de todos los delegados que representan a Tacna y Arica, que el acta precedente tuviera un carácter netamente peruano. Se depositó, junto al presente pliego, dos monedas peruanas. De todo los cual certifico. (Fdo.) José María Barreto, Secretario"

Sin embargo, a partir de 1900 la política chilena tuvo un giro radical marcado por el cierre de las escuelas peruanas y posteriormente por la expulsión de los clérigos peruanos [27] , con lo que marcamos la segunda etapa.

Durante este período se iniciaron persecuciones políticas como así también el sabotaje de los periódicos peruanos de la zona como La Voz del Sur y El Tacora.

La administración chilena prohibe todo tipo de manifestación patriótica a los residentes peruanos. Así lo describe Rodríguez Palacios varios años después:

Conjuntamente con el desfile patriótico y el izamiento de banderas, la entonación del himno patrio representa la partija en la trilogía jubilar con que celebramos cada año el 28 de julio; lógicamente entonces su prohibición también estaba contemplada dentro de los planes de proscripción general que al comienzo de este siglo había dictado la Cancillería Chilena. (...) Una vez más, el hogar, la iglesia y las instituciones peruanas en general se convertirían por muchísimos años en los únicos lugares en que, a la sombra de la clandestinidad y el calor fraternal, podía interpretarse, sin temor a delación. el cántico patrio [28] .

En estas circunstancias la Sociedad de Artesanos de Tacna propone la creación de un nuevo himno de Tacna que pudiera cantarse reemplazando al Himno Nacional Peruano "Somos libres" [29] , así lo refiere Modesto Molina autor de la letra:

La idea de que Tacna tuviera un himno propio, había tomado cuerpo en todas las clases sociales. Los vecinos más prominentes, comprendiendo que la acción de la Sociedad de Artesanos, no podía extenderse más allá en su labor altruísta y de protección mutua, resolvieron congregarse y organizar una asociación cuyo objeto fuese mantener y estrechar los lazos de confraternidad y patriotismo que contribuyesen a esclarecer sobre bases sólidas constante comunicación entre los pueblos cautivos y sus hermanos libres de toda la república [30] .

Modesto Molina representa un buen ejemplo del "imaginante" peruano en Tacna ya que su discurso evidencia un alto grado de "conciencia". En este discurso todas las acciones previstas congregarse, organizar, perseguían un meta definida mantener y estrechar los lazos de confraternidad y patriotismo.

El 28 de julio de 1886 en conmemoración del aniversario de la independencia peruana, a tres años de la pérdida de la guerra y comienzo de la ocupación chilena, en Tacna, en una sesión de la Sociedad de Artesanos, se da a conocer el Himno regional de Tacna. Este Himno regional será posteriormente difundido en las escuelas peruanas de la zona ocupada y resume el sentimiento de los "imaginantes" peruanos en Tacna [31] .

Estas y otras acciones muestran el grado de conciencia de los imaginantes peruanos de Tacna y Arica por recuperar o sostener su identidad nacional. Lo importante de remarcar es el hecho de que tanto los discursos como los cursos de acción escogidos por estos agentes evidencian, por una lado, que las prácticas reproductoras de la identidad nacional han dejado de ser rutinarias, y por el otro, que, con conciencia de ello, "idearon" y pusieron en marcha nuevas prácticas que posibilitaran la "reconstrucción" o el "sostén" de tales identidades.

II Caso: la instrucción escolar como generadora de conciencia de la identidad nacional

Hasta el momento se ha analizado las maneras en que los peruanos de las ciudades "cautivas" se esforzaron por mantener la identidad nacional por medio de distintas prácticas que permitieron su reproducción. Los casos expuestos se han referido a instituciones intermedias no gubernamentales que han tomado en sus manos la reproducción de la identidad nacional. Ahora se expondrá el modo en que las escuelas se ocuparon de formar la conciencia de la identidad nacional en un segmento de la población clave para que la reproducción de las prácticas de identidad nacional subsistieran: los niños. Se debe anotar que, desde la finalización de la guerra hasta la resolución definitiva del conflicto, pasaron casi cincuenta años. Cabe suponer que en ese lapso de tiempo crecieron generaciones de niños y jóvenes que no vivieron la guerra. A éstos era necesario mostrar la existencia de una patria que no existía en condiciones de "rutina" ya que todas las instituciones gubernamentales era controladas por chilenos y bajo la órbita de su legislación. De manera que ¿cómo hacer para que en ese niño o joven se formara sentimiento de patriotismo e identidad nacional peruana?

El rol de la formación de los jóvenes en el sentimiento patriótico lo tuvo la escuela. La escolaridad peruana tuvo al menos dos etapas bien marcadas. Hasta 1900 las escuelas peruanas funcionaron con cierta regularidad e inclusive continuaron recibiendo aportes del estado nacional peruano. Pero posteriormente a esa fecha el gobierno chileno ordenó la clausura de las escuelas peruanas, lo que tuvo como consecuencia la gestación de escuelas clandestinas que continuaron con la tarea de formación.

Por otra parte, la instrucción sufrió una importante modificación en cuanto a los contenidos. Mientras que en un principio tuvo una finalidad de proveer a los alumnos de conocimientos básicos en matemáticas, literatura,  historia y geografía, en estos años se acentuó profundamente en el proveer y promover una "civilidad" muy marcada en el patriotismo. De este hecho se desprende que el resto de los contenidos comenzaría a girar en torno a este tópico. La literatura que se leía eran poesías épicas que mayormente reflejaban el heroísmo de los peruanos durante la guerra y los grandes nombres del panteón literario del Perú. La escuela peruana se constituyó por esos años en uno de los grandes sitios en donde se desarrollaban fervientemente prácticas reproductoras de la identidad nacional como lo fueron los actos patrios en donde los discursos que se leían eran profundamente patrióticos e inevitablemente discurrían acerca de la situación de ocupación y de los anhelos libertarios. Un discurso leído en una entrega de medallas de fin año en una escuela refleja lo que señalamos:

(...) La educación sea -así se expresó- pero con la condición de verla dirigida a un fin eminentemente cívico: nacional. (...) Sea el saber y cultívese y hónresele, pero pidiéndole ante todo el mejoramiento, el enaltecimiento de la mujer peruana, para que esta -Cornelia- dé en sus hijos al país y a sus destinos los ciudadanos que Grau, Bolognesi, Ugarte y Varela, reclaman con fatídico llamamiento desde sus gloriosas tumbas! (...) La repartición (de medallas) había concluido: el culto de la patria había vivificado, ennoblecido, santificado la fría actuación escolar; la voz de la patria había resonado en su legítimo templo: en la escuela, esto es, en el porvenir, en la esperanza (1891) [32] .

El análisis de este discurso puede contribuir a esclarecer lo significativo de que los agentes sean concientes de dos aspectos: el primero, que de ordinario tales actos tenían un carácter altamente rutinario puesto de manifiesto al referirse a estos actos como fría actuación escolar, y segundo, que una actitud conciente de culto a la patria había vivificado, ennoblecido, santificado de la fría actuación escolar.

Sin embargo, como dijimos, esta relativa regularidad de escuelas finalizó en 1900 con la circular nº85. Como era de esperarse, el gobierno central de Chile no toleró mucho tiempo esta situación y ordenó cerrar aquellas escuelas donde los maestros fueran peruanos en 1900. El 14 de mayo de 1900 las direcciones de escuelas reciben la siguiente circular emanada del gobierno chileno:

"Núm, 85: Por disposición superior se notifica a Ud. para que en el plazo de 24 cesen sus funciones y se cierren los planteles de enseñanza peruana en territorio chileno. Se dará por notificada, firmando al pie del tenor, a fin de dar cumplimiento a las órdenes dadas por el intendente de la provincia". [33]

El 15 de mayo de 1900, Don Eduardo Jaramillo, comunica al Intendente chileno que: Se deja constancia que las directoras Carolina Vargas y la señorita Zoila Sabel Cáceres se negaron a firmar (la circular mencionada) [34] . Lo que comunico a Ud. etc. Debo dejar constancia a tenor de lo expresado al suscrito por la señorita Sabel Cáceres: "Como peruana y tacneña, yo mantengo y mantendré abiertas las puertas y ventanas de esta escuela que dirijo. Dígale al señor Intendente que la suscrita no se amilana ante la notificación y que si desea clausurar esta escuela que venga personalmente a cerrarla" [35]

Esto llevó a una situación muy compleja que desencadenó en la creación de escuelas clandestinas en donde se impartía la instrucción peruana. Refiere Carlos Morales Arias:

A partir de ese momento los maestros peruanos pasaron a la clandestinidad por lo que fueron constantemente asediados. Sus modestos hogares se convirtieron en improvisadas escuelas en donde se continuó la fecunda tarea de educar a la niñez tacneña bajo los básicos principios de Dios, Patria y Libertad, es así como los tacneños supieron mantener el culto permanente a nuestros sagrados símbolos patrios [36] .

A su vez y por otra parte, Rodríguez Palacios señala:

En Arica fueron clausuradas las dos escuelas que habían en la ciudad y las siete que existían en los distritos. En vista de esta situación "la Sociedad Peruana de Beneficiencia" de Arica, pensó, de las primeras, en que no era posible entregar a los maestros chilenizadores el corazón y la mente de la generación peruana que se levanta; y con tal propósito "ideó el establecimiento privado de escuelas privadas, clandestinas, por mejor decir; las que funcionan desde mediados de 1900" [37]

Paralelamente, los hogares peruanos se constituyeron en improvisadas escuelas en donde fundamentalmente se instruía en historia peruana y el culto a los héroes y símbolos nacionales. Así relata Morales Arias la experiencia de la instrucción hogareña:

Pero ese niño va al hogar, y en él queda destruida la obra del maestro chileno, y en él se pudre la mala semilla que ha creído sembrar en su corazón el maestro extranjero. En el hogar, desde el primero hasta el último tacneño, desde el señor hasta el más humilde artesano o labriego, enseña a su hijo que su patria es el Perú, que debe amarla y no olvidarla nunca. Allí se relata el sacrificio de sus antepasados en el "Alto de la Alianza", en Arica, en todas partes, y esa historia, empapada muchas veces en lágrimas de la madre o de la viuda de los mártires, viene a ser la última oración con que el niño se duerme en el lecho que Dios bendice. Así se cultiva en mi tierra la religión de la patria y en esa religión nacen y crecen y se hacen hombres y ciudadanos nuestros hijos, que van perdiendo día a día la esperanza de ser alguna vez redimidos y ver borrado el fatídico letrero del Dante: ’Lasciate ogni speranza’, que parece escrito sobre ellos [38] .

La exposición de estos casos nos permite mostrar cómo los agentes peruanos, maestros y dirigentes de instituciones intermedias, lograron mantener la identidad nacional entre niños y jóvenes mediante la formación escolar. Vemos también la manera en que se modificaron las prácticas de la instrucción escolar tanto en las escuelas como en los hogares.

El análisis de la situación de la escolaridad en Tacna y Arica muestra la modificación de la práctica social de la instrucción. No sólo se modifica el modo de dar y recibir instrucción sino también los contenidos que se encuentran más orientados a reproducir la identidad nacional. Aún en aquellos niños que tuvieron que asistir a escuelas chilenas se llevó adelante prácticas que evidenciaron la negativa a asumir la identidad nacional chilena.

Al salir para el Liceo mi abuela me acompañaba hasta la puerta y daba su última recomendación con un gesto. Ponía el índice de su mano derecha sobre sus labios imponiéndome un silencioso forzoso. Al comenzar la diaria jornada de estudios, formados en el patio se entonaba el himno nacional chileno. Yo recordaba bien la orden. No cantar. Otros chicos también respetaban órdenes impartidas por madres, tías o hermanas mayores. Desde un podium se tomaba nota de quienes callaban y al salir quedábamos castigados. Así todos los días [39] .

Conclusión:

En este trabajo se propuso mostrar que la nación está constituida por "prácticas materiales" son llevadas adelante por propios agentes. A sí mismo, se propuso que la "identidad nacional" debe entenderse como resultado de la estructuración de la nación en tanto institución, y en tanto existen agentes que, voluntariamente, se autoadscriben constantemente a través de la participación voluntaria en las prácticas sociales que la constituyen. En este sentido se mostró que, analizar los fenómenos de "identidad nacional" en "situaciones críticas", resulta particularmente útil para develar las prácticas que constituyen la "identidad nacional" que se "ocultan" tras el velo de la "rutina" y de la "naturalización".

Fundamentalmente hemos hecho hincapié en el hecho de que la identidad nacional se constituye, al igual que otras prácticas, de una seguridad ontológica sobre los contextos de rutina. Seguridad que el agente percibe y le permite llevar adelante su accionar. El concepto de situación crítica intenta capturar los componentes de las prácticas sociales a través de su obligada reflexión sobre los mismos ante el impedimento de continuar con la práctica. El caso de Tacna y Arica nos muestra cómo los agentes impedidos de reproducir las prácticas rutinarias de la identidad nacional peruana reflexionaron sobre ellas y buscaron crear otras nuevas, como modo de enfrentar la amenaza de la "seguridad ontológica". De esta manera develaron las prácticas sociales concretas y materiales que constituían su identidad nacional: como la escolarización, la liturgia de los actos patrios, el culto a los héroes, el culto a los símbolos patrios, etc.


Bibliografía Consultada

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