Nuevamente sobre la ’violencia’ como potencia económica: análisis del papel del estado en el desarrollo de una comunidad chaqueña. 1969-80

Nicolás Iñigo Carrera
(Conicet / Iehs-Unicen / Pimsa)

Este trabajo intenta retomar el análisis de las distintas formas de la coacción en el capitalismo desarrollado planteado en anteriores investigaciones. [1]

La imagen, creada desde ciertas lecturas reduccionistas y simplificadoras de la teoría clásica, de que la coacción extraeconómica constituye un elemento de "tiempos remotos", que desaparece con el desarrollo del capitalismo, y que éste se asienta sólo en la coacción económica es refutada cotidianamente por la observación de la realidad contemporánea.

Aunque desarrollados, correspondiéndose con los cambios en las fases del capitalismo, los sistemas colonial (devenido imperialista), de la deuda pública, tributario y proteccionista (aunque el discurso pretenda encubrir su existencia) siguen constituyendo pilares de la acumulación capitalista, que en determinados momentos históricos pasan nuevamente a primer plano.

Todos estos sistemas se basan en la coacción física, extrae­conómica, es decir, en la fuerza organizada y concentra­da de la sociedad - el poder del estado, que expresa el estado del poder entre las clases sociales en un deter­minado momento del desarrollo de la sociedad -  así como en el ejercicio direc­to de la fuerza física, para acelerar el proceso de génesis, forma­ción y desarrollo del régimen capitalista. La fuerza es utilizada para expropiar a ciertos humanos de sus condiciones materiales de existen­cia, con lo que su misma actividad que los dis­tingue como humanos, se les vuelve ajena, y en consecuencia también el producto de su trabajo y su mismo ser genérico como huma­nos. Y como su misma actividad (su trabajo) se les vuelve ajena, su trabajo sólo puede ser trabajo forzado, es decir, trabajo bajo coacción, cualquiera sea su modali­dad. [2]

Si observamos las relaciones que se establecen entre los seres humanos en el capitalismo, incluso circunscribiendo nuestra mirada a las relaciones establecidas en la actividad producti­va, la única diferencia que encontramos respecto de otros modos produc­tivos es un cambio en la forma, que "se vuelve más libre porque ahora es de naturaleza meramente material, formalmente voluntaria, puramen­te económica". [3] En la sociedad capitalista la modalidad de la coacción es económica.

Esta coacción económica sobre la que se asientan la sociedad mercantil y la sociedad capitalista (los "hilos invisibles" que sujetan a los hombres al capital, recreados por el consumo individual), está basada en la concurren­cia entre los propietarios y la competencia entre los proletarios.

- Pero, si la coacción económica es la forma propia de la coacción en el capitalismo, la coacción extraeconómica, sea ejercida en forma directa o por medio del poder del estado, no desaparece. En el primer caso, "actos individuales de violencia", "pequeños métodos persona­les e independientes", por medio de los cuales el pueblo es despoja­do de su propiedad o mantenido en determinadas condiciones de vida y producción. En el segundo, la fuerza concentrada y organi­zada de la sociedad, que toma forma jurídica en las leyes (sea para fijar salarios o la jornada de trabajo o "mantener al mismo obrero en el grado normal de subordinación"); fuerza concentrada y organizada de la sociedad monopolizada en el interés de una clase social e implementada mediante las políticas de los gobiernos. Las condiciones en que se desarrolla este proceso y los mecanismos que se apliquen dependen del estado del poder entre las clases, de cuál sea la alianza de clases que ejerce el gobierno y del grado de desarrollo de las relaciones de fuerzas. 

La Argentina actual es un país dependiente de capitalismo desarrollado, en el sentido de que las relaciones propias del capital (relaciones salariales) son las más extendidas en todo el país. Para observar las modalidades de la coacción en el capitalismo argentino contemporáneo vamos a tomar como soporte empírico su desarrollo en una localidad del norte de la provincia del Chaco: Misión Nueva Pompeya, durante la década de 1970. Este trabajo contiene resultados provisionales de una investigación en marcha sobre el desarrollo del capitalismo en ese lugar. [4]

Antes de pasar a la descripción del proceso investigado cabe hacer una aclaración acerca de la delimitación del objeto de investigación. El período tomado en consideración, la década del ’70, tiene como uno de los rasgos que lo caracterizan, el hecho de que la lucha política deviene militar. En el análisis de las relaciones de fuerzas, siguiendo a Gramsci, se ha producido el pasaje de las relaciones de fuerzas políticas a las relaciones de fuerza directamente políticas o potencialmente militares. Obviamente, el uso de la fuerza material, está en la naturaleza de ese grado de relaciones de fuerzas. [5]

Pero el hecho de que el observable sea el uso de la fuerza material no debe impedir distinguir entre dos procesos que se dan íntimamente entrelazados, pero que pueden separarse en el momento del análisis. Uno, remite a la lucha entre fuerzas sociales que buscan imponer sus metas, en este caso distintos modos de organizar la sociedad, por medio de las armas. El otro remite al uso de la fuerza material, de la coacción, para imponer a una parte de la población determinadas relaciones productivas. Relaciones productivas entendidas en su sentido amplio, es decir, abarcando la producción, la distribución, la circulación y el consumo.

En este trabajo se presentan resultados provisionales referidos a este segundo aspecto: el del uso de la coacción extraeconómica para imponer determinadas relaciones productivas.

Una segunda acotación debe hacerse respecto del hecho de que si bien los procesos que aquí se describen están referidos al sistema productivo algodonero chaqueño, puede plantearse que en buena medida son comunes al conjunto del capitalismo argentino.

La situación en misión Nueva Pompeya antes de 1969

Desde el retiro de los franciscanos a fines de la década de 1940 y el consiguiente abandono de las actividades que permitían a su población mantenerse en la misma finca, Misión Nueva Pompeya se convirtió en proveedora de materias primas (ganado) y mano de obra barata (cosecheros) para el área de la Colonia J.J. Castelli. [6]

Las tres actividades más importantes eran la ganadería de monte, [7] la cosecha del algodón (aproximadamente entre febrero y junio) en la Colonia J.J.Castelli ubicada a casi 200 km. de Nueva Pompeya [8] y la "marisca", sea para alimentarse o para vender los cueros. Además, había otras de menor importancia como la fabricación de cerámica (tinajas y botijas),  tejidos en chaguar (indígenas), algodón o lana (criollos e indígenas); pequeños trabajos ocasionales (changas) [9] como cortar leña o limpiar el almacén o la escuela pagadas con comida para el trabajador; y  agricultura que hacían algunos pobladores (indígenas) en muy pequeñas parcelas donde sembraban maíz, batata, sandía y zapallo.

De estas actividades nos interesa principalmente la cosecha, directamente vinculada al sistema productivo algodonero. Nueva Pompeya, al igual que el resto del Norte, sobre todo en las zonas con población indígena, era, a fines de la década del 60,  proveedora de mano de obra, indispensable para el levantamiento de la cosecha. Esta actividad era la única en que buena parte de la población de Nueva Pompeya tenía un trabajo relativamente estable (estacional) y retribuido en dinero, aunque, por lo general, los cosecheros gastaban todo su dinero en Castelli, tanto para comer como para comprar alguna herramienta u otro bien durable (herramientas, armas, radio).

La situación en 1970

La situación descripta se modifica a partir de 1969, con la llegada de un equipo de la Dirección Provincial del Aborigen y el obispado de San Roque. Esta presencia, además de modificar las relaciones de poder locales, [10] trajo aparejada la aparición de nuevas fuentes de trabajo y de nuevas vías de comercialización de los productos. Esto tuvo como resultado reducir la migración de los indígenas hacia Castelli en época de cosecha: si antes migraba estacionalmente casi el 100% de esa población, en 1970 fue a la cosecha el 50% de la mano de obra masculina ocupada y el 38% de la mano de obra femenina. [11] La artesanía recibió un poderoso impulso, y sus productos comenzaron a venderse en Buenos Aires y Santa Fe. También comenzó un desarrollo de la agricultura, y se crearon puestos de trabajo en la construcción, en la proveeduría y en la enfermería.

 Pero, en 1970, la ganadería de monte seguía siendo la principal actividad productiva, realizada casi exclusivamente  por pobladores criollos. Con relación a la actividad económica, la población criolla se distribuía entre los propietarios de vacunos y los que no lo eran. Entre los primeros había unos pocos grandes propietarios de ganado (50 a 80 cabezas) y numerosos pequeños (menos de 20 cabezas). Los no propietarios trabajaban estacionalmente en la cosecha del algodón en Castelli y hacían changas el resto del año. Obviamente, cuantas menos cabezas de ganado tenía una persona más dependía de la venta de su fuerza de trabajo (en la cosecha o en changas) para reproducir su vida. De manera que en términos de fracciones sociales los pobladores criollos conformaban un continuum desde los puramente proletarios hasta los pequeños propietarios acomodados (campesinos acomodados), pasando por los pequeños propietarios pobres.

Entre los indígenas la distribución de la población activa en el momento de realizar el trabajo de campo en 1970 (abril a junio) era la siguiente: 84 eran cosecheros, 28 agricultores, 25 artesanas (todas mujeres), 10 trabajaban en cercos y construcciones de la Dirección Provincial del Aborigen, 4 eran ganaderos, 3 vivían de una ganadería de subsistencia (menor), 3 eran empleados de la Dirección Provincial del Aborigen, 2 vivían de la caza y 32 no tenían trabajo.

En cuanto a la pertenencia a grupos sociales, 62 personas (32,5% de la PEA aborigen) aparecían como propietarios de sus condiciones materiales de existencia y 129 (67,5%) debían entregar su fuerza de trabajo para poder reproducir su vida. Entre estos últimos, 32 (16,8%) no conseguían vender su fuerza de trabajo y se encontraban desocupados. Entre los asalariados 13 (13,4%) recibían sus medios de vida del estado y  84 (86,6%) de empleadores privados. [12] Debe tenerse presente que todos los ocupados por la DPA  recibían sus medios de vida en alimentos y no en dinero. También debe tenerse presente que todos, tanto los registrados como asalariados como los propietarios (incluso los ganaderos) pueden ubicarse en varias de las categorías ocupacionales; por ejemplo, según los años, todos van a trabajar a la cosecha del algodón.

De manera que, en términos de clases sociales, los límites en el continuum señalado para los criollos entre pequeños propietarios y proletarios son aún menos marcados en el caso de los indígenas, debiendo, en consecuencia ubicárselos dentro del semiproletariado o campesinado pobre.

El desarrollo de la cooperativa (1970-75)

La forma productiva que tomó el emprendimiento impulsado por el grupo de empleados de la DPA y voluntarios del obispado de San Roque fue el de una cooperativa de trabajo, bajo la denominación de "Cooperativa de Trabajo Agrícola de Producción e Industrialización Nueva Pompeya Limitada", inscripta como tal en diciembre de 1971. [13]

Si bien en un comienzo la actividad estuvo centrada en el desmonte para hacer agricultura para el propio consumo y en la canalización comercial de artesanías, pronto la principal actividad productiva fue el obraje, específicamente la producción de postes de quebracho.

En 1973, según declaraciones a la prensa del secretario general del Parlamento Indígena Nacional, en la cooperativa trabajaban alrededor de 2.000 personas, y tenía un aserradero, grupo electrógeno y tres tractores. Misión Nueva Pompeya se había convertido en un polo de atracción de población, principalmente indígena, que llegaba desde distintos parajes del norte chaqueño. [14] En ese momento la cooperativa tenía capacidad para producir 700 postes de quebracho por semana, pero el gobierno provincial no autorizaba su venta. Finalmente el gobierno entregó los postes a la Dirección Provincial del Aborigen, cuyo director estaba enfrentado con la dirección de la cooperativa; y autorizó a extender guías por 40.000 postes.

- Esta nueva situación potenció las líneas de conflicto ya existentes y generó otras nuevas.

 En lo que importa para el objeto de este trabajo, los principales intereses económicos inmediatamente afectados por el crecimiento de la cooperativa fueron los del comerciante local y los de los colonos de Castelli. El primero perdió el monopolio sobre la compra de ganado y cueros y la venta de bienes de consumo. Los segundos se encontraron con que una parte del reservorio de fuerza de trabajo necesaria para la cosecha del algodón dejaba de migrar estacionalmente, en la medida en que podían obtener sus medios de vida en su área de residencia habitual. Según la información recogida en entrevistas, en el período de auge de la cooperativa desapareció la emigración estacional para trabajar en la cosecha algodonera. Más aún, indígenas de otros parajes del norte chaqueño migraron hacia Misión Nueva Pompeya. Este hecho llegó a motivar que un vocero de la Federación Agraria pidiera la intervención del gobierno nacional y provincial porque, dijo, la cooperativa no permitía salir a los indios para la cosecha.

También estaban interesados en el fracaso de la cooperativa, según afirmaron sus organizadores, capitales vinculados a la explotación maderera, que pretendían recibir concesiones para desmontar en El Impenetrable, eliminando a la cooperativa. [15] A la vez, estos intereses aparecen vinculados al Plan Agrex, que se había intentado implementar a fines de la década de 1960.

La disputa continuó, entrelazándose los intereses económicos con los intereses políticos, [16] hasta producirse el apresamiento de la dirección de la cooperativa y de sus asesores, en octubre de 1973, y la intervención de la cooperativa a comienzos de 1975.

Crisis de un sistema productivo

¿Qué relación guardan estos cambios en Misión Nueva Pompeya con lo que está ocurriendo en ese momento a escala provincial y nacional?

Durante la década de 1960 se hace manifiesta la crisis del sistema productivo algodonero chaqueño. Este sistema productivo había tenido su proceso de génesis a partir de la década de 1870 (con la formación de un contingente de trabajadores disponibles) y tomado forma (con la colonización en chacras y la difusión del cultivo del algodón) en la segunda década de este siglo. Una crisis semejante había ocurrido pocos años antes con el sistema productivo forestal chaqueño.

La "crisis del algodón", como se la llamó, irresoluble sin un cambio drástico en las relaciones de propiedad existentes, tuvo como causa aparente el hecho de que los precios que recibían los colonos por el algodón eran cada vez menos compensatorios en relación con los costos de producción crecientes. Esto llevó a una disminución progresiva en el área sembrada que se intensificó en la campaña 1967/1968, al tiempo que apareció un "exceso relativo de oferta de algodón". [17]

Pero la raíz de la crisis se encontraba en la traba que para el desarrollo de la fuerza productiva social constituía el tamaño de las parcelas -las chacras formadas durante la colonización del Chaco- en que se realizaba la producción algodonera: "(...) la explotación algodonera reposaba en 1960 en unidades que trabajaban algodonales de 25 hectáreas o menos. Es esta una superficie que, a menos que estuviese combinada con  otros cultivos, no admitía en forma rentable el uso del tractor, lo que permite afirmar el relativo atraso técnico de la producción ya que el monocultivo era una de las características de la explotación algodonera". [18]

Es verdad, también, que, tal como afirmaban en esos años las organizaciones que expresaban los intereses de los pequeños propietarios productores de algodón (más de los acomodados que de los pobres), el hecho de que la comercialización del algodón estuviera monopolizada prácticamente por una sola empresa acopiadora, reducía los precios percibidos por los colonos e impedía también la introducción de cambios tecnológicos. Claro que la destrucción de esta traba (el monopolio privado de la compra de algodón) implicaba la expropiación del capital financiero.

En esos términos queda planteada la lucha social en el Chaco en las décadas de 1960 y 70. En un primer plano, la confrontación entre los intereses del capital financiero y los de los pequeños propietarios acomodados; menos visiblemente, los intereses de la masa proletaria y campesina, que en su desarrollo llevaban a una confrontación con los dos precedentes.

El primer intento de superación de las trabas al desarrollo de la fuerza productiva fue encabezado por el gran capital, por medio del denominado "Plan Agrex", que implicaba la regularización de la propiedad de la tierra (todavía fiscal en casi todo el Chaco) y que conllevaba la formación de parcelas de mayor extensión.

La respuesta a esta ofensiva del gran capital fue la organización de las Ligas Agrarias Chaqueñas, que condujeron buena parte de la protesta social protagonizada por la pequeña burguesía agraria chaqueña durante la primera mitad de la década de 1970.

Si bien se trataba de organizar a sujetos sociales distintos, aunque todos pertenecientes a la masa trabajadora, existieron conexiones entre la dirección de las Ligas Agrarias Chaqueñas y los voluntarios del obispado de San Roque que generaron la cooperativa de Misión Nueva Pompeya. Y muchos de ellos terminaron compartiendo una misma adscripción política: la Juventud Peronista (Regionales).

De manera que en la política llevada a cabo por los gobiernos nacional y provincial y por las fuerzas armadas para desarticular a las Ligas  Agrarias, como en la intervención a la cooperativa de Misión Nueva Pompeya, el elemento político es fundamental. Este elemento remite tanto a la confrontación entre distintos intereses para la superación de la crisis algodonera como a la confrontación acerca de la meta que se plantea como forma de organización de la sociedad.

En este último aspecto no cabe duda de que los hechos que vamos a referir a continuación se insertan en la lucha que se desarrolla entre tres fuerzas sociales, en diferentes grados de constitución, que pugnan por imponer distintas formas de organización de la sociedad en la Argentina de los años ’70. Lucha en la que finalmente se impone la fuerza que expresa los intereses de la oligarquía financiera, cuyos cuadros políticos, técnicos y militares toman el gobierno con el golpe de marzo de 1976.

- La resolución capitalista de la crisis algodonera implica la realización de los intereses del capital financiero, la destrucción de la traba constituida por la pequeña propiedad y una mayor subordinación del conjunto del sistema productivo al capital financiero.

Pero la existencia de un amplio movimiento con base social en la pequeña burguesía agraria hacía necesario, para poder imponer el interés del capital financiero, no sólo la eliminación de los cuadros de las otras fuerzas sino también una política dirigida a neutralizar a esa fracción social, así como en Misión Nueva Pompeya al semiproletariado indígena.

Ya ha sido señalado que "El gobierno de la intervención en la provincia del Chaco, surgido del golpe militar del 24 de marzo de 1976, tuvo como objetivo central de su política generar una multiplicidad de transformaciones en el sistema productivo rural en el interior del territorio provincial (...) Algunas características relativas a esta intervención  (...) se explican en función de (...) condiciones sociales favorables a la aparición en el territorio de lo que el régimen dio en calificar de ‘movimientos subversivos’. (...) La estrategia militar debía ser complementada -al igual que en Tucumán- con una política que atacara las causas sociales del fenómeno (...)". [19]

Hasta aquí hemos trazado a grandes rasgos las características del desarrollo capitalista en el Chaco en el período que estamos analizando. Volvamos a Misión Nueva Pompeya, recordando que si bien ese es el proceso en que se inserta  lo ocurrido allí,  en este artículo nuestra observación está centrada en un aspecto determinado, que es el del problema que estamos abordando: el del uso de la fuerza física en el capitalismo desarrollado para imponer determinadas condiciones productivas.

La cooperativa después de la intervención

Como ya dijimos, en los primeros meses de 1975, la Cooperativa es intervenida desde Buenos Aires, por el Instituto Nacional de Cooperativas, dependiente del Ministerio de Bienestar Social.

La información recogida coincide en señalar que el interventor designado se proclamaba hombre de López Rega y miembro de la Triple A y que siempre estaba fuertemente armado, en una actitud intimidatoria. [20] Los que entonces participaban de la cooperativa señalan que la forma de organización del trabajo cambió radicalmente. Desde la formación de la cooperativa se había ido desarrollando un sistema de gestión con reuniones de evaluación y toma de ciertas decisiones por los miembros de la cooperativa, si bien siempre con un fuerte peso de las opiniones del grupo de religiosos y voluntarios que le dio origen. Con la intervención dejaron de hacerse reuniones de evaluación y toma de decisiones y todas las resoluciones quedaron en manos del interventor, que ordenaba a los socios lo que debían hacer, amparado tanto en su condición de interventor como por la amenaza del uso de directo de las armas.

Aparece aquí la coacción extraeconómica, directamente aplicada para modificar las condiciones en que se desarrolla el proceso productivo. Y aparece en sus modalidades combinadas: tanto por el uso de la fuerza del estado, mediante la intervención, como por la aplicación de la amenaza directa por parte de quien sumaba en su persona su condición de funcionario estatal y de miembro de una organización paramilitar.

Aunque los testimonios no son unánimes respecto de los siguientes interventores, que tomaron el control de la cooperativa después de marzo de 1976, la mayoría opina que la situación no varió, aunque el uso de la fuerza se dio sobre todo por medio del aparato estatal más que por medio del ejercicio directo individual. Debe recordarse que en esa área se combinaba la presencia del ejército realizando operaciones de la llamada guerra antisubversiva con la realización de la llamada Campaña al Oeste. [21]

El uso de la fuerza para reordenar el trabajo en la misma unidad productiva e imponer una determinada disciplina a los trabajadores, tal como se da en la cooperativa de Misión Nueva Pompeya, está lejos de ser un caso único en la Argentina de ese momento: en el mismo sentido puede tomarse como ejemplos la presencia de contingentes de las fuerzas armadas en fábricas del Gran Buenos Aires [22] o Villa Constitución [23] ; lo mismo en los ingenios tucumanos, con la consiguiente desaparición de los conflictos laborales como causa de "jornadas perdidas" en la producción azucarera tucumana. [24] Más aún, una de las primeras leyes dictadas por la Junta Militar (Ley N° 21.261), fechada el mismo 24 de marzo de 1976,  suspende "toda (...) medida de fuerza, paro, interrupción o disminución del trabajo o su desempeño en condiciones que de cualquier manera puedan afectar la producción", fundamentándolo en la necesidad de lograr "un efectivo aumento de la producción". [25]

Pero, a diferencia de lo que puede observarse en ese momento en las fábricas, la aplicación de esta coacción en Misión Nueva Pompeya está dirigida exclusivamente a disciplinar a los trabajadores pero no a aumentar la capacidad productiva. Esto se explica porque, como ya quedó señalado, la existencia misma de la cooperativa chocaba con los intereses de los colonos algodoneros de Castelli y con los obrajeros, a los que el gobierno militar pretendía ganar como base social o al menos neutralizar.

Pero, al mismo tiempo, la decisión ya señalada de llevar adelante una política que desarticulara la fuerza social que pretendía expresar los intereses de la masa trabajadora y quitara base social a las organizaciones que se postulaban para conducirla impedía, también, que se tomara la resolución de disolver la cooperativa.

La situación se resolvió impidiendo que la cooperativa mantuviera el control sobre el monte. Y que retuviera potenciales cosecheros en Nueva Pompeya, en un momento en que se estaba haciendo del aumento de la producción algodonera una bandera del nuevo gobierno para sumar a su fuerza a los colonos.

Resultados

¿A que resultado llegamos en esta etapa de la investigación?

En primer lugar, a la comprobación, nuevamente, de la persistencia de la coacción extraeconómica en el capitalismo desarrollado, tanto por el uso de la fuerza material del estado como por la aplicación de "pequeños actos de violencia individuales", que se manifiestan en la intervención a la cooperativa.

Un segundo resultado es que el uso de la coacción no siempre implica un desarrollo de la fuerza productiva en el lugar donde se aplica. En el caso de Misión Nueva Pompeya, la intervención de la cooperativa significó su decadencia, y el retorno de sus socios a la condición de trabajadores estacionales en la cosecha de algodón. Hoy la cooperativa está casi inactiva y un importante contingente de pobladores de Misión Nueva Pompeya migra estacionalmente a la cosecha. [26]

Esto lleva a tomar en consideración el problema de si la existencia de la cooperativa no significaba, también, una traba al desarrollo de las fuerzas productivas, en el marco de la organización social que imponía el capital financiero triunfante. Esta traba la constituía la capacidad de la cooperativa de retener (al permitirle reproducir su vida sin necesidad de vender su fuerza de trabajo en J.J.Castelli) una masa de población cuya fuerza de trabajo era todavía en ese momento necesaria para levantar la cosecha de algodón.

Finalmente cabe reiterar lo ya señalado en este trabajo: si bien acá estamos centrándonos en el tema de la coacción, todo este proceso sólo es plenamente inteligible si se lo analiza en el contexto de un proceso de luchas en que distintas fuerzas sociales intentaban imponer distintas formas de organización de la sociedad argentina.

 

Bibliografía citada

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Fuentes:

Archivo de la dirección de cooperativas provincial.

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Diario La Opinión; 1973.

Entrevistas realizadas en campo (1970 y 1998).

 



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