Residencia y dinámica espacial en San Carlos de Bariloche.

Mariana Caram
CONICET/Fundación Iceph

Introducción

La diferenciación del espacio en sectores o regiones individualizadas toma características propias en la ciudad de Bariloche. Estas divisiones han variado levemente según ha ido creciendo la ciudad, pero de una u otra manera, ya quedaron definidas en los orígenes del pueblo (Vapnarsky, 1983; Abaleron, 1995). A grandes rasgos, las clases más acomodadas se instalan hacia el oeste en una larga franja que bordea el lago Nahuel Huapi; en tanto los asentamientos pobres crecen hacia el sudeste y sudoeste, siempre alejándose de la costa.

A pesar de que los barrios pobres se han desplazado a medida que la ciudad creció ejerciendo una presión sobre sus bordes, esta zonificación permanece.

Dos asentamientos, El Pilar 1 y El Frutillar, comenzaron a poblarse en este proceso hace aproximadamente 25 años. Dos barrios que en sus orígenes carecían de todos los servicios básicos y de infraestructura, razón por la cual la tierra era muy barata, acorde a las posibilidades de ocupación de gente con pocos recursos: desplazados de zonas más céntricas, migrantes del interior de la provincia e inmigrantes del país vecino.

En este trabajo intento dar cuenta de las posibilidades que ofrece el espacio urbano para el asentamiento de las clases populares. En otras palabras, de qué modo actúa este modelo de distribución socio espacial de la población y cuáles son los procesos sociales y urbanos que intervienen en este sentido.

Con este objetivo, analizo los trayectos residenciales de dos hogares que, con sus características particulares, son parte de la historia común de un grupo más vasto de población que ocupa la periferia sudoeste.

La reconstrucción de itinerarios permite mostrar el proceso residencial de una persona o familia, los sitios ocupados en el espacio urbano, y los diferentes procesos familiares y urbanos que posibilitan o restringen el asentamiento en determinados lugares. Consideramos que la residencia constituye una de las marcas sociales y uno de los atributos simbólicos de la posición social, de modo que la ubicación residencial expresaría espacialmente la posición ocupada en la sociedad (Pinçon et Pinçon-Charlot, 1996).

Los casos analizados corresponden a dos mujeres y sus familias quienes encontraron por el momento lugar de residencia en dos barrios periféricos de Bariloche, los denominados El Frutillar y El Pilar 1. Se seleccionaron personas que viven en estos barrios en función de visualizar la historia residencial anterior, los espacios ocupados y los procesos familiares y urbanos que intervienen en la solución residencial.

Hábitat barrial

"Los diferentes barrios son la inscripción en el tejido urbano de la diversidad social, estos diferentes barrios entran en un sistema de relaciones que los oponen y los unen como se oponen y se unen las diferentes categorías sociales. La localización de los domicilios toma sentido en ese sistema de relaciones y le deben lo esencial de sus propiedades distintivas". (Pinçon et Pinçon-Charlot, 1996)

El hábitat, igual que el domicilio, con sus rasgos distintivos: infraestructura, calles, arquitectura, comercios, parque automotor, expresa una identidad y una posición social. El hábitat es el contexto en el cual las residencias toman sentido. 

Por ello, describo someramente las condiciones del hábitat de los barrios periféricos en donde los casos analizados, al igual que otro millar de familias, buscan solución habitacional.

El Frutillar

Es un barrio ubicado en la base sudeste del Cerro Otto, ocupando una extensa superficie de la denominada Pampa de Huenuleo. El loteo data del año 1949 (Abaleron, 1992), sin embargo, los primeros pobladores llegaron en la década del 70.

En un principio se promocionó como un lugar residencial y de recreación turística. Se prometían servicios e infraestructura que nunca se realizaron. Hubo gente de Buenos Aires que compró lotes a partir de un folleto que publicitaba una villa residencial y turística, y que frente a la falta de realización de este proyecto finalmente los revendió.

Algunos pobladores actuales manifiestan haber comprado "engañados", pensando que iba a ser un barrio con "muchos beneficios, con universidad y peatonales". Incluso los boletos de compraventa más antiguos prohiben la construcción de viviendas precarias. En la actualidad viven más de 800 familias, muchas de ellas de origen chileno.

Tienen junta vecinal, escuela, sala de salud, centro de abuelos, radio, numerosas organizaciones barriales, comedores e iglesias. Cuentan con electricidad y red de agua; esta última instalada mediante un sistema cooperativo de los vecinos. En el año 1999 se hizo posible la conexión a la red de gas natural. Esto abarató notablemente el costo de la calefacción y mejoró la calidad de vida de quienes pudieron conectarse. El gas natural, también resulta un importante incentivo de crecimiento barrial. 

Existen calles de tierra en muy malas condiciones, especialmente en época invernal. No hay desagües pluviales ni sistema de cloacas, pero sí transporte público.

En cuanto a la tenencia de la tierra, predominan los propietarios individuales que, en su mayoría, cuentan con boletos de compraventa.

Diversas inmobiliarias manejan la venta de los lotes cuyos precios actuales rondan los U$10.000. Un precio excesivo en comparación a zonas "más prestigiosas" de la ciudad. La compra es factible para gente de ingresos bajos porque se financia en más de cien cuotas que oscilan los U$100.

El Pilar 1

A 10 kilómetros del centro de la ciudad, sobre la ruta 258 se ubica el Barrio Pilar 1. Enmarca el paisaje la ladera del Cerro La Ventana con formaciones rocosas y bosque nativo. En los años 70, en el lugar se encontraba un campamento de la empresa Robles quien construía la ruta 258 hacia El Bolsón. El barrio surgió espontáneamente cuando algunos de los trabajadores, especialmente sus mujeres, decidieron instalarse definitivamente, cansadas de mudarse en función de las obras de la empresa, y dada la necesidad de mandar a sus hijos a la escuela. Esto le dio una composición socio cultural particular al barrio, debido a la procedencia diversa de los primeros pobladores.

Hoy día 90 familias componen la comunidad distribuida en lotes de forma y tamaño irregulares. Los lotes, que están casi todos ocupados, se compraron a un primitivo dueño que los ofrecía a precios bajos o financiados de manera muy conveniente; esta es una diferencia con El Frutillar donde siempre intervinieron inmobiliarias.

Un antiguo problema de titularidad de las tierras, aún sin resolver, impide escriturar a los propietarios que tienen como única constancia un boleto de compraventa de dudosa validez. Esto repercute en la percepción acerca de su estabilidad y permanencia, de hecho, amenazada en diferentes ocasiones. Superposiciones y conflictos de jurisdicción entre la Provincia, el Parque Nacional y la Municipalidad confluyeron en la inoperancia para resolver los problemas del barrio.

Existe junta vecinal, iglesia, escuela en un barrio vecino, sala de salud no permanente, comedor, grupo de mujeres.

El mejoramiento del hábitat es poco y precario. El agua se toma en una vertiente carente de condiciones mínimas de salubridad, ubicada en un terreno privado y, en épocas de sequía suele faltar. No hay gas natural, el combustible utilizado es leña y gas envasado. Las calles son de tierra, sin veredas, aunque llega transporte público.

Contiguo al barrio, había una enorme forestación de pinos que en el año 1999 se incendió totalmente amenazando con destruir el barrio y con consecuencias aún sentidas.

La presencia del basural municipal al frente, e incluso en la entrada del mismo, acarrea numerosos peligros para la salud de los vecinos. Por este tema se reclama reiteradamente, especialmente las mujeres, sin encontrar respuestas efectivas por parte de las autoridades responsables.

Los Itinerarios

Cuando hablo de itinerario residencial incluyo la movilidad entre las diferentes residencias que una persona ha tenido en el transcurso de su vida y el sentido en que se ha dado, no sólo como mudanzas sino como parte de las transformaciones de una familia.

Las trayectorias, hay que entenderlas como "flujos continuos de experiencia vivida" pero, "su categorización en sectores discretos o partes depende de un proceso reflexivo de la atención del actor, o de la consideración del otro." (Giddens, 1987)

Esto es importante de tener en cuenta para entender el recorte y la dimensión temporal de los itinerarios que toman al sujeto como protagonista y no a la residencia en sí misma.

No obstante, el domicilio se toma como atributo simbólico de la condición social de estas familias.

Los casos que siguen muestran las circunstancias y las condiciones de los trayectos en busca de resolución habitacional y su asentamiento en los barrios mencionados, por el momento definitivo.

Irma

Del Barrio El Frutillar, casada, 49 años, nació en Bariloche, trabaja en servicios domésticos y tiene una peluquería en la casa. Su ingreso ronda los 230 pesos mensuales. Además da religión a un grupo numeroso de niños, y en su cocina maneja el comedor parroquial. En la actualidad, ella es la principal sostenedora económica del hogar.

Tiene varios hijos, algunos casados. En su vivienda viven 7 personas: ella, su esposo, un hijo adolescente, un nieto de 6 años, una hija con su compañero y su hijo. En el mismo predio están instaladas las casillas de una hija casada con 9 hijos, una sobrina sola con un hijo y la iglesia evangélica. En total, el lote de 600 m2 alberga tres casas, una iglesia y 19 personas permanentes.

Etapas de su itinerario

1- Irma tiene sus dos primeras residencias de la niñez, años 1950, en las afueras de la ciudad, asociadas a la situación laboral de su padre: el patrón da alojamiento a la familia del trabajador y las mudanzas obedecen a este trabajo. El primer domicilio se ubicaba en lo que hoy se denomina Barrio Vivero.

"Yo nací en la Costa del Ñireco, acá abajo donde está el Vivero, la cantera, esa cantera es la primera que hubo antes, esa pertenecía a M. B. Ahí nací yo porque mi papá trabajaba con él. (...) Y después nos llevó a la chacra que tenía don M. B. por allá en la estación por ahí. Así que por ahí nos criamos nosotros en las canteras."

 

2- El segundo domicilio fue en las cercanías de la estación de ferrocarril en la entrada de la ciudad.

3- Luego, como suele ocurrir entre muchas mujeres, el casamiento es el motivo para salir del hogar familiar y cambiar de residencia. Ella y su marido instalan una casilla en un terreno "sin dueño" en la calle Brown y Don Bosco, una zona humilde que hace 25 años quedaba en los bordes de la ciudad, pero que hoy día posee todos los servicios y la infraestructura urbana.

"(...) vivía en Don Bosco y Brown. En toda la esquina ahí. Ahí estuvimos bastante tiempo, sí. Ese era un terreno sin dueño, bah, según decían que no tenía un dueño. Estábamos ocupando tierra ajena. (...)Teníamos una casilla."

ITINERARIO RESIDENCIAL DE IRMA 1

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4- El tercer paso de su itinerario llega a su domicilio actual en el Barrio El Frutillar. Es el salto hacia la propiedad del terreno, aunque dicho acceso significa alejarse geográficamente del centro de la ciudad, habitar una zona que en aquel momento (año 1985) comenzaba a poblarse, inhóspita y carente de servicios básicos. Sin embargo, gracias a ser propietarios de la tierra tienen estabilidad en la residencia.

- "Acá compramos con la ayuda de Dios. Porque, sabe que mi marido trabajaba donde "V", y ganaba poco. En ese tiempo no era como para comprar un terreno. Y pasó una señorita, así como usted, pasó por la casa y nos dijo un día: ¿no les gustaría comprar un terreno? Y, ¡sí! - le dijimos - pero ¿con qué? no podemos. Y dice: pero si ustedes lo quieren el terreno, yo veo la posibilidad que se puede ayudar.

Así que ella misma fue habló con los "V", y sabe que ellos, como mi marido trabajaba tantos años ahí, le hicieron un cheque adelantado y así fue como sacamos el terreno."

- ¿Y quién era esa chica?

- "Una chica que vendía terrenos. De ahí de donde Federico (Una reconocida inmobiliaria de Bariloche). Era una vendedora de terrenos y llegó allá donde nosotros vivíamos en la Brown. Y pasó ofreciendo terrenos. Así que por eso siempre pensamos que fue un regalo de Dios. Y aunque estuvimos diez años pagando el terreno, diez años pagamos el terreno. ¡115 cuotas pagamos! (...) Nos trajo la chica a verlo, dijo: este va a ser su terreno. Nosotros medio que no le creíamos porque ¡no podíamos creerlo!" (Risa)

Cuando llegaron al barrio en el año 1985 "(...) había poquitos vecinos, no había luz, no había agua, no había casi calles. Esta sí estaba. Y el agua, a veces traíamos cuando veníamos del trabajo bidones de agua en el colectivo. Y si no, nosotros íbamos a buscar a una vertiente que hay al pie del cerro, los días domingo cuando podíamos ir. Y si no íbamos al Ñireco (un río) a lavar los platos, a lavar la ropa ¡a bañarnos nosotros! A veces teníamos que juntar todos los platos y a la semana recién lavar todo, porque no se conseguía agua. A veces venía el aguatero, pero otras veces no venía. Entonces nosotros acarreábamos agua. Muchas veces nos lavamos la cara con soda a la mañana, ¡tomábamos mate con soda! (Risa) como la soda era barata.

(...) En Brown teníamos luz, teníamos una canilla pública atrás, agua bien cerquita, pero no es de uno el terreno, ¿vio? que uno no puede arreglar la casa ni nada porque... en cualquier momento lo sacan. Y ahí siempre vivíamos amenazados que nos iban a sacar. Así que Dios nos preparó esto acá."

Luisa

Vive en el barrio El Pilar 1. Tiene 47 años y es nacida en El Manso, zona rural ubicada a 120 Km. de Bariloche. Es divorciada, tiene dos hijos adolescentes y recibe una cuota alimentaria por ellos. Además, trabaja en servicio doméstico y como peluquera en su casa o a domicilio. Sus ingresos mensuales rondan los 500 pesos.

Etapas del itinerario

1- Luisa nació y se crió en El Manso. Sus padres tenían una chacra donde ella ayudaba en las tareas de campo.

2- A los 16 años quiere conocer la ciudad, dejar el campo y encontrar un trabajo remunerado, en parte para ayudar a sus padres. Siguiendo a sus hermanas llega a Bariloche en 1968. Trabaja como empleada doméstica "cama adentro" en la casa de un contador en pleno centro, cerca de la Catedral.

3- Las diferencias de costumbres y el cambio de modo de vida dificultan su adaptación al nuevo contexto por lo que decide volver al campo.

4- Cumplidos sus 19 años, reintenta vivir en Bariloche y esta vez se queda. Trabaja con una familia, también en el centro, en Palacios y Tiscornia.

5- Luego reside en Gallardo 755 compartiendo con hermanas y primas una casita ubicada detrás de la casa de su hermana (quien está casada con el dueño de la propiedad). A los 24 años, quiere superarse, deja el trabajo doméstico e ingresa como vendedora en una farmacia.

6- Por dificultades en la convivencia en la casa compartida, decide vivir sola. Tiene posibilidades económicas para alquilar una pieza en Tacuarí 150, Barrio Belgrano SE.

Se casa y continúa viviendo en este domicilio hasta que nace su primer hijo. Deja de trabajar a voluntad del marido.

7- Se mudan a 25 de Mayo y Frey, correspondiente al Barrio 10 de Diciembre. Alquilan un departamento de dos ambientes.

8- Un año mas tarde, en 1986, compran un terreno en Albarracín 1470, una zona relativamente céntrica. Construyen una casa. Luisa está embarazada de 6 meses. Dificultades con su pareja la llevan a separarse.

ITINERARIO RESIDENCIAL DE LUISA

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9- El ex marido dejó hipotecada la casa. Ella no puede afrontar los intereses de la deuda, en consecuencia, la pierde. Sola con sus dos hijos pequeños encuentra refugio en una cabaña en el Barrio Pilar 1.

10- Su ex marido la convence de que el Pilar 1 está muy alejado. En 1992, alquila una casita en el Barrio San Francisco I. Pero, reside sólo dos meses ya que no puede pagar el alquiler. Queda sin techo y sin dinero.

11- Una hermana vive en el Barrio Pilar 1, Luisa se entera casualmente que allí existe una casa en venta. Ella propone canjearla por su auto, último bien del que dispone. Los dueños aceptan y así Luisa encuentra solución residencial hasta la actualidad.

Logra acceder a un microcrédito para el mejoramiento de la vivienda (año 1999). Esto le permite renovar el techo y la impulsa a continuar con las mejoras, instala agua caliente, aísla las paredes de madera y planea ampliaciones.

Residencia y dinámica espacial

"El hecho de leer en la ciudad las jerarquías de la sociedad no significa una concepción del espacio urbano como estructurante de la organización social. Lo social se entiende en una interacción dinámica entre eso que es incorporado en los individuos y eso que es objetivado en las formas urbanas." (Pinçon et Pinçon-Charlot, 1996) Donde "el sujeto y el objeto son constituidos en y a través de prácticas recurrentes". (Giddens, 1982)

Los itinerarios en algún momento ingresan al casco urbano pero su permanencia y la ubicación de los domicilios en la ciudad (el espacio jerarquizado) está sujeta a dos tipos de condicionantes. Por un lado, aquellos de orden personal y familiar: migraciones, cambios de trabajo, casamientos, separaciones, muertes y nacimientos. Por otro lado, condicionantes sociales y urbanos como son la urbanización e instalación de servicios, el sistema impositivo, el mercado inmobiliario, políticas sociales y de alquileres, intereses turísticos, la economía regional.

El caso de Irma muestra los diferentes estatus residenciales por los que pasó. De niña su casa estaba asociada al trabajo de su padre, el empleador de éste les provee la vivienda. Cuando se casa ocupan un terreno relativamente céntrico, donde instalan una casilla propia, pero viven amenazados con el desalojo. Finalmente compran tierra en Frutillar. Aunque reconoce que pagó 115 cuotas, ella cree que fue con la ayuda de Dios.

Para Luisa, una joven de origen campesino, la ciudad resulta el atractivo para la migración y el acceso a otro modo de vida y de trabajo. Su relato permite entender que en el pasado tuvo domicilios mejor acomodados en el sector céntrico de la ciudad. Estas residencias estaban relacionados a su situación laboral o marital. Con los años, las cosas no resultan como se pensaba. Conflictos y rupturas familiares, y pasar a ser madre sola a cargo de dos hijos le trae dificultades, empeora su situación social e influye en su situación residencial.

Su itinerario se acelera y se desplaza hacia zonas cada vez más periféricas. La desesperación de no tener techo, la lleva a canjear su coche por la casa en Pilar 1, la única y quizás la última oportunidad que tuvo en ese momento. Su hábitat actual, contrasta con aquél de El Manso, el que añora pero donde no hay posibilidad de retorno.

Las residencias de Irma se mantuvieron en los bordes de la cuidad, en viviendas vinculadas a la dependencia laboral y ocupando tierra que nos le pertenece. Recién concreta estabilidad de dominio de la propiedad en el Barrio El Frutillar.

Luisa ocupó el centro de la ciudad, pero estas residencias se asociaban a su situación laboral como doméstica (etapa 2 y 4) y vivienda prestada (etapa 5). Las residencias 6, 7, 9 y 10 eran alquiladas, y la 8 una vivienda de propiedad matrimonial pero hipotecada resultándole imposible de mantener una vez que se divorcia. Finalmente, recién en el Barrio Pilar 1 logra ser propietaria plena de su vivienda.

Ambas mujeres confesaron tranquilidad y bienestar de residir en esos sitios porque, más allá de dificultades, tienen asegurada la vivienda y son propietarias estables.

Desde la perspectiva de las mujeres, la estabilidad en el dominio de la tierra resulta el argumento de mayor peso cuando evalúan la calidad de vida en sus diferentes domicilios; pasando a un plano de menor importancia la falta de infraestructura urbana, de acceso a servicios, la distancia que se crea entre residencia y lugar de trabajo.

Los itinerarios de Irma y Luisa llegaron a un punto en su trayectoria residencial que parece ser, por el momento, definitivo. Esto fue posible en estos barrios y no en las anteriores residencias que habitaron porque "su lugar en el mundo" está condicionado a ciertos sectores del casco urbano. En este sentido, las posibilidades de asimilarse a un entorno parecen depender de la clase sociocultural de pertenencia.

Los casos analizados muestran parte de la complejidad de los procesos urbanos y de poblamiento de la zona sudoeste de la ciudad, donde las historias de llegada al barrio de las familias se asemejan.

En general, la movilidad residencial que los ubica en estos sitios, aparece asociada al proceso de crecimiento espacial de la ciudad: los domicilios se trasladan en el sentido que la ciudad se expande y la infraestructura urbana mejora, obligándolos a mantenerse en los bordes. El rumbo residencial va en sentido centrífugo, hacia lugares donde la resistencia a la ocupación es menor (Abaleron, 1995) pero, donde la adversidad ambiental es mayor. Así es que, una estrategia habitacional de los sectores populares se dificultaría por la necesidad de adaptarse a un hábitat adverso.

Por otra parte, la movilidad de los trayectos está limitada en el espacio; y más aún, no hay evidencia de movilidad en lo social. Teniendo en cuenta la acentuación de los procesos de exclusión social que tienen lugar en los últimos tiempos, es de esperar la profundización de la sectorización del espacio en regiones cada vez más esclusas.

 

Encontramos que las posibilidades de ubicación del domicilio están restringidas, que ciertas áreas de la ciudad están habilitadas mientras otras se cierran para el asentamiento de los más pobres. Si bien el sistema financiado de compraventa de la tierra es un factor clave para explicar la concentración de estos sectores sociales en áreas definidas, las connotaciones simbólicas asignadas al espacio, intervienen en las posibilidades de ubicación residencial, dificultándola o posibilitándola. De hecho, existen otras zonas de la ciudad que ofrecen servicios poco desarrollados y precios de la tierra baratos y, sin embargo, no albergan barrios populares. Se trata más bien de connotaciones sociales y simbólicas del espacio y de las personas que lo moldean, lo que va llevando a ordenar y distribuir a los grupos sociales en el territorio.

En esta dinámica, el espacio urbano se jerarquiza y se diferencia proyectando las líneas de exclusión e integración de la sociedad.

 

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Bibliografía

Abaleron, C. A., 1995; "Marginal urban space and unsatisfied basic needs: the case of San Carlos de Bariloche, Argentina". En: Environment and Urbanization, Vol. 7 N° 1, Abril. UK

Abaleron, C. A., 1992. Tendencias de crecimiento poblacional y espacial en San Carlos de Bariloche con énfasis en el sector marginal. Contrato de asesoramiento con el Consejo Federal de Inversiones con destino a la Municipalidad de San Carlos de Bariloche. Fundación Bariloche

Ferraroti, F., 1990; La historia y lo cotidiano. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires

Giddens, A., 1995; La constitución de la sociedad. Bases para la teoría de la estructuración. Cap. 3. Amorrortu editores. Buenos Aires

Giddens, A., 1987; Las nuevas reglas del método sociológico. Cap. 2 y 3. Amorrortu editores. Buenos Aires

Giddens, A., 1982; Profiles and critiques in social theory. Cap. 1. University of California Press

Lévy, A., 1996; "Pour une socio-sémiotique de l´espace. Problématique et orientations de recherche." En: Sociologues en ville. Ostrowetsky, S. ed. L’Harmattan. Paris

Pinçon, M. et Pinçon-Charlot M., 1996; "L’espace urbain comme expression symbolique de l’espace social". En: Sociologues en ville. Ostrowetsky, S. ed. L’Harmattan. Paris

Vapnarsky, C. A., 1983; Pueblos del norte de la Patagonia. 1779 - 1957. Editorial de la Patagonia. Fuerte General Roca

 



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