La Ciudad ¿es de todos?

Matilde García Moritán
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - UNJu

San Salvador de Jujuy cambia constantemente, se expande, se transforma. Constituye un ámbito privilegiado donde se expresa y representa la diversidad. Al recorrerla, se abre un camino de múltiples interrogantes, cómo? porqué? quiénes son los actores involucrados? alguien planifica? y en caso de hacerlo, quién lo hace? las representaciones/interpretaciones que los otros construyen acerca de la ciudad, se parecen a las mías? Sabiendo que "ninguna interpretación, ninguna gama de posibles acciones puede ya ser aceptada como única, verdadera e incuestionablemente adecuada" (Berger y Luckmann 1997: 80) trato de entender qué está pasando a mi alrededor. Busco respuestas, pero éstas son tan provisionales que sólo me conducen a nuevos interrogantes. Silva (1992: 18-19) en Imaginarios urbanos expresa con mucha fuerza esta vivencia al preguntarse "qué es una ciudad, en cuanto a su propia urbanización social. Y con mayor vigor qué significa ser ciudadano en América Latina. Considerar que ser ciudadano quiere decir 'ser de una ciudad', es verdad, pero no es suficiente. La ciudad aparece como una densa red simbólica en permanente construcción y expansión. La ciudad, cada ciudad se parece a sus creadores, y éstos son hechos por la ciudad...". Es entonces en la intersección, ciudad/actores - actores/ciudad, el lugar donde se origina y desenvuelve la ciudad en un proceso constante de retroalimentación.

San Salvador de Jujuy, capital de una provincia marginal de la Argentina, no escapa del contexto mundial de la globalización. Desde la perspectiva de García Canclini (1995) ésta constituye un proceso de fraccionamiento articulado del mundo y su posterior recomposición, que no deviene en una situación de homogeinización sino en un reordenamiento de las diferencias y desigualdades sin eliminarlas. Esto ha ubicado a América Latina en una posición periférica y dependiente dentro de un sistema mundial de intercambios desiguales dispersos. Los procesos de ajuste estructural que suponen la apertura de fronteras internas y externas, sumados a la reducción del poder del Estado, han producido transformaciones culturales y cambios, también en la construcción de identidades. En la globalización la diversidad cultural se vuelve una cuestión crucial al multiplicarse en forma real y virtual las interacciones. y las experiencias de la alteridad, en virtud de flujos poblacionales, informacionales y mediáticos (Bayardo y Lacarrieu 1999).

Este artículo propone reflexionar acerca de la participación de algunos actores sociales comprometidos en los procesos de construcción de ciudad. Se trata de una presentación preliminar que realiza una breve reseña del crecimiento urbano y luego dirige la mirada hacia los dos ríos que recorren San Salvador de Jujuy y guían su conformación. En el campo realicé observación con participación (Guber 1991) y entrevistas en profundidad -abiertas, flexibles y dinámicas- (Tylor y Bogdan 1990) con el propósito de incorporar las categorías de los entrevistados. El trabajo etnográfico (Hammersley y Atkinson 1994) permitió encontrar conexiones entre las actividades de los actores involucrados y la urbanización de la ciudad. Este enfoque se complementó con el análisis de planos de diferentes momentos [1] lo que posibilitó vislumbrar también una dinámica más general en relación al futuro de la misma.

Quién construye la "tacita de plata" [2]

La ciudad fue fundada en 1593. Entre esa fecha y 1915 se reducía a unas pocas manzanas sobre la margen derecha del río Grande rodeadas por fincas con exuberante vegetación natural y pocos sectores desmontados (Lupo 1993). A partir de 1915 traspasa los límites naturales que los ríos Grande, Xibi-Xibi (o Chico) y el borde de la terraza de los Altos de Quintana le imponían, e inicia un proceso de expansión que se mantiene hasta el presente. Hoy cuenta con una población de 231.791 habitantes [3] y ocupa aproximadamente 3.200 hectáreas. Está integrada por veintidós barrios y la delegación municipal Alto Comedero [4].

El espacio comprendido entre los ríos se llama San Salvador de Velazco en el Valle de Jujuy, en alusión al nombre con que se fundara la ciudad. Esta denominación, por su connotación simbólica, establece una diferencia de jerarquía entre este barrio y los demás. Esta zona es reconocida como "el centro" y en ella se desarrollan hasta hoy, la mayor parte de las actividades políticas, sociales, religiosas, militares, comerciales y educativas y se lo instituye como centro histórico y turístico. En cuanto a la población, alberga sólo el 18% del total de la ciudad. Desde el momento de su organización, la ciudad creció altamente vinculada y dependiente de este centro único. García Vargas (2000) señala que el logotipo con que se presenta la municipalidad de la capital, se limita a una pequeña cuadrícula rodeada por dos trazos que simbolizan los ríos -Grande y Xibi-Xibi-. A través de esta representación icónica se otorga valor a ese segmento en oposición a lo situado en el exterior de los marcadores/ríos. La noción de centro alude a lo focal, punto de mira o de uso, desde el cual lo que lo rodea en mayor o menor distancia se llamará periférico. Y lo periférico señala lo que es marginal del centro, lo que vive, en ciertas circunstancias como satélite (Silva 1992).

En el proceso de construcción de ciudad interactúan y confrontan actores sociales que se manejan con diferentes representaciones de la misma. En un trabajo anterior (Mealla y García Moritán 2000) repensaba la presencia del Estado Provincial como actor comprometido en la planificación de la ciudad. Así veía que a lo largo del tiempo se realizaron cuatro intentos de planificarla. En 1958 se encargó el primer Plan de Ordenamiento Urbano de San Salvador de Jujuy a la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). El mismo se concretó en el Plan Regulador Jujuy-Palpalá diseñado por el arquitecto Jorge Vivanco. Era un modelo normativo de la forma que debía seguir el crecimiento urbano y nunca entró en vigencia. En 1970 el Consejo Federal de Inversiones (CFI) elaboró un modelo que tampoco se puso en práctica. En 1982 el gobierno provincial solicitó nuevamente a la UNT un Plan Ordenador. Éste se aprobó en 1986 y se encontraría en vigencia. También en 1986 un grupo de técnicos del gobierno provincial confeccionó el Programa de Expansión Urbana de San Salvador de Jujuy - Proyecto Alto Comedero, que tampoco fue implementado en la forma prevista [5].

Analizando estos Planes se advierte que no se han aplicado y cuando han entrado en vigor no se han cumplido. Acerca de este tema Pesci (1985: 44-45) dice que el plan regulador urbano, retomando los principios renacentistas, dibuja sobre el papel la ciudad y define su realización como técnica de control de las variables. Cae en el error de creer en la posibilidad de diseñar a priori la vida de una ciudad imponiéndole la voluntad elitista del diseñador. La historia del urbanismo de las últimas décadas es la "historia del fracaso para comprender la mutación, la contingencia, la impredictibilidad y el carácter de construcción colectiva que define la ciudad".

El Estado Provincial también, a través del Instituto de Vivienda y Urbanismo de Jujuy [6] (IVUJ), gestiona y ejecuta planes sociales de viviendas, destinadas en su mayoría a empleados públicos y/o personas que por su situación socioeconómica se ajustan a las normas que la institución impone. Otro rol que el Estado ha asumido en forma eventual, se refiere a erradicaciones y/o relocalizaciones. En el año setenta y seis, en el marco del Proceso de Reorganización Nacional, se llevó a cabo un desplazamiento compulsivo de sectores populares [7] ubicados en diferentes zonas topográficamente deprimidas. Estos fueron relocalizados en una zona llamada El Arenal, hoy barrio Islas Malvinas. En 1987 y luego en 1995, diferentes gobiernos provinciales promovieron la reubicación de estos sectores en Alto Comedero y en Punta Diamante [8].

Al comienzo del año 2000, el Estado Provincial en el marco del Programa "Mejoremos la Calidad de Vida de Nuestro Pueblo", organizó una "Comisión de Estudios Técnicos para la Erradicación de Asentamientos Ilegales". La integraron además de los funcionarios de diversas áreas, concejales, legisladores y algunos dirigentes barriales. El Estado jujeño históricamente ha mantenido un doble discurso en relación a la ubicación espacial de los grupos de bajos ingresos. Prohibe que sectores tradicionalmente pobres o empobrecidos [9] se instalen en espacios públicos o privados que no les pertenecen, pero cuando políticamente le conviene, ubica a esos mismos sectores en esas tierras,. De este modo la condición de "asentamiento ilegal" varía de acuerdo a los intereses que se privilegian en cada momento. Para los dirigentes barriales, que provienen de y comparten perspectivas con sectores populares, los asentamientos ilegales remiten principalmente a ocupaciones de espacios verdes y canchas de fútbol. Pese a la discrepancia de criterios, los integrantes de esta comisión han consensuado un objetivo que plantean como central "eliminar la doble ocupación de viviendas o lotes". El tema de la especulación de los sectores populares para acceder a la tierra, aparece en forma reiterada en todos los discursos. En mi experiencia de campo he conocido muy pocos casos en que se ocupen varios lotes por mera especulación económica. Lo frecuente es la toma de distintos lotes, como una estrategia utilizada por familias extensas buscando solucionar el problema de la vivienda para varios de sus miembros.

Otra expresión del accionar del Estado -en este caso Municipal- es posible observarlo en el Consejo Asesor de Planificación (CAP) que reúne a representantes de diversos organismos públicos y privados [10]. Entre las tareas que se adjudica, incluye como objetivo primordial "asegurar la realización del proceso de planificación integral del desarrollo urbano, rural y de las áreas complementarias, a corto, mediano y largo plazo" [11]. El CAP asume y re-interpreta la idea de "planificación", presente en los planes mencionados anteriormente, en tanto acepta sin cuestionar la posibilidad de dirigir el desarrollo de la ciudad. Resulta evidente que la ciudad crece a demanda de diferentes grupos, sin embargo para algunos de los integrantes de ese organismo la expansión de la trama urbana se asocia principalmente al accionar de sectores populares. Veamos como perciben algunos miembros esta situación:

  • -- "-En la ciudad- existe un crecimiento caótico y anárquico"
  • -- "Lo cierto es que se están [...] asentando en todos lados"
  • -- "Organicemos ese rancherío, que estén limpios, que se ordenen"
  • -- "Qué hacemos con los intrusos? "
  • -- "No son todos bolivianos, pero, fundamentalmente, llegan a esas líneas"
  • -- "Sean bolivianos, paraguayos, lo que sea, es horrible"
  • -- "Son de ese color, tienen las mismas necesidades"
  • -- "Llegan a ser humanos"
  • -- "Son okupas"
  • -- "Son clones"

En estos testimonios aparece el "otro", por oposición al nosotros conocido y confiable, como un desconocido al que es preciso desvalorizar. Eco (1997: 129) reflexionando acerca de la intolerancia dice que es un problema de educación permanente de los adultos fundada en reacciones emotivas. No soportamos a los que son distintos a nosotros, porque tienen la piel de un color diferente, porque hablan una lengua que no entendemos, porque "comen ranas, perros, monos, cerdos, ajo, porque se hacen tatuajes..." Y añade que la intolerancia más peligrosa es la que surge como resultado de pulsaciones elementales, y que por eso no puede ser mantenida a raya con argumentos racionales.

"Vecinos buenos (y de los otros), esperanzados, que hacen la historia" [12]

Si bien el Estado interviene de diferentes maneras en la conformación de la ciudad los actores privilegiados en este proceso son los grupos sociales que, con extrema diversidad, van dibujando la fisonomía que caracteriza a cada urbe. Expresiones de multiculturalidad que se manifiestan y conviven en un mismo espacio, cada vez más permeado por situaciones de desigualdad. Klisberg (1997) señala, de una manera general, que todas las fuentes especializadas coinciden en identificar a América Latina como la región más inequitativa del orbe, donde ingresos y oportunidades se distribuyen peor que en cualquier otra región del mundo. Estas tendencias y disparidades tienen una expresión particularmente aguda en Argentina y las vemos reflejadas en San Salvador de Jujuy. Coincido con Signorelli (1999) en considerar que el espacio del que dispone concretamente cada individuo, grupo y clase social, en una sociedad dada, mide su poder y riqueza, refleja su prestigio y su colocación en la jerarquía social.

           De acuerdo a diferencias sociales, económicas y culturales, los habitantes de la ciudad la van diseñando en el terreno. Es lógico suponer que el resultado de esa actividad se verá reflejada en la cartografía. Sin embargo en Jujuy esto ocurre sólo en referencia a los lugares que ocupan sectores de recursos medios y altos. Los espacios utilizados por sectores populares recién aparecen representados gráficamente cuando alcanzan  la categoría de barrio. En relación a este tema un grupo de funcionarios de la municipalidad (Bertazzi et al. 1998) realizó un diagnóstico urbano en el que "describen, fotografían y ubican espacialmente cuarenta y tres comunidades marginales" sin embargo éstas no figuran en los planos. Silva (1992) plantea una interesante perspectiva al decir que en el mapa de un país, sus habitantes pueden visualizar sus territorios, pero no siempre éste tiene un soporte icónico. En la mayoría de los casos funciona como un croquis y entonces lo imaginamos, pero no por eso es menos real. Según este autor las nociones de croquis y mapa se oponen y aluden a diferentes formas de representación. De acuerdo a esto el territorio es croquis y vive en la contingencia propia de su historia social. En relación a Jujuy se podría decir que los sectores populares trazan sus croquis en el terreno, mientras que los planos/mapas son confeccionados en las instituciones de acuerdo a pautas urbanísticas preestablecidas.

Reflexionando sobre esto (Mealla y García Moritán 2000) decía que los sectores populares se instalan en espacios generalmente deshechados por el mercado de tierras y los planificadores institucionales. Cuando se trata de tierras fiscales permanecen en ellas por tratarse de "tierra de nadie", ya que muchas veces no coinciden los límites de jurisdicción y competencia de los ámbitos municipales, provinciales y nacionales. También se asientan en tierras privadas, intentando en algunos casos negociar con los dueños. Generalmente los lugares que ocupan limitan con barrios que oficialmente conforman la ciudad. También vemos que habitan huaicos [13], hondonadas, parte de playa y terrazas de los ríos. Estas urbanizaciones populares, que presentan un porcentaje muy alto de autoconstrucción, conforman una ciudad cuasi-invisible, ya que muchas de ellas están ubicadas por debajo del nivel más general en el que se levanta San Salvador de Jujuy y sólo se ven desde determinadas posiciones. Sus pobladores son objeto de una doble exclusión, son expulsados hacia los bordes y hacia abajo del espacio físico; y luego se los segrega del espacio social simbolizado por los planos.

"La ciudad entre los dos ríos antologables" [14]

           El movimiento demográfico y urbanístico de la ciudad recorre incesantemente los ejes espacio-temporales. Analizando el desplazamiento de la ciudad los ríos Grande y Xibi-Xibi juegan un rol preponderante, ya que aparecen como fronteras que se van atravesando. Hay un momento en que son traspasados por primera vez. Con el correr del tiempo, otros grupos, paulatinamente los van superando. Hasta 1915, como ya lo mencionara anteriormente, constituían barreras naturales que contenían la ciudad. Aproximadamente en esos años, San Salvador comienza un proceso de expansión sobre una zona de aluvión en la margen derecha del río Grande -aunque sin atravesarlo-. Mientras que en la década del veinte traspasa el límite impuesto por el Xibi-Xibi. También en esta época se abren cuatro importantes avenidas, las dos costaneras, una que atraviesa la ciudad de norte a sur y otra que llega hasta el Cementerio del Salvador; con lo que "el centro" adquiere una configuración que mantiene hasta el presente. A fines de la década del cincuenta la ciudad ha continuado extendiéndose, pero recién unos años después cruza formalmente el río Grande con la urbanización de Los Perales y Chijra. En tanto al sur y al sudeste sobre la margen derecha del Xibi-Xibi, se consolida la expansión iniciada treinta años antes (García Moritán 1997).

En la dinámica urbana los puentes tienen un papel crucial ya que se construyen como resultado de la presión demográfica. Luego, al ser utilizados, contribuyen no sólo a dinamizar las zonas que comunican sino que tienden a promover nuevos asentamientos poblacionales. Sobre el río Xibi-Xibi el primer puente que se construyó fue el Lavalle en 1925. A partir de esa fecha y hasta la década del sesenta se habiltaron los puentes Ramírez de Velazco y el Del Tucumán -muy próximo al del ferrocarril- En el gobierno militar, se edificaron los puentes Lamadrid, Necochea, Gorriti y Asunción del Paraguay. Mientras que sobre el río Grande, en 1894 se había levantado el puente Senador Pérez, con el fin de conectar tierras de sembradíos con la incipiente ciudad, y recién en 1978 se inauguró el puente San Martín.

Al considerar los ríos García Vargas (2000) dice que actúan como líneas demarcatorias que dividen la ciudad en tres áreas diferenciadas. Una central comprendida entre ambos ríos, otra que se extiende al norte del Grande y una tercera que se desarrolla hacia el sur del Xibi-Xibi. Ante la pregunta de cómo son percibidos los ríos Grande y Chico, son variadas las respuestas obtenidas. Los tres primeros testimonios que se citan a continuación pertenecen a funcionarios con activa participación en la planificación de San Salvador. En tanto que los tres siguientes corresponden a jóvenes privados de libertad [15]. Las respuestas reflejan diferentes representaciones. Mientras los jóvenes perciben a los ríos como marcadores que pautan la dinámica urbana y diferencian espacios sociales, los funcionarios se refieren a los mismos desde una visión económica y los consideran principalmente barreras geomorfológicas.

--"Yo creo que la gente que vive en Jujuy no tiene el vislumbre de lo que podría llegar a ser el río, si ellos tuvieran el acceso. No le encuentran el valor, porque no lo han vivido nunca. Los ríos, hoy, son barreras, pero mañana podrían no serlo, deberían no serlo."

--"Las montañas de los dos lados del río constituyen una barrera para el crecimiento espacial. En cuánto a si han sido sobrepasados en forma diferencial por distintos grupos, creo que ha sido un problema de propiedad de la tierra, o sea quién la tenía y cómo la ha vendido. No hay ninguna limitante a los propietarios de la tierra y a las inmobiliarias."

--"En el río Chico yo creo que es suficiente lo que existe, o sea yo creo que lo que hace falta es una avenida de circunvalación, seguro. Y después sobre el río Grande hacen falta, por lo menos, dos puentes más.

--"En el centro está la vida, del otro lado del río Chico está la muerte, del otro lado del río Grande está la plata". Y aclara "en el centro uno toma un helado, se fuma un cigarro, se sienta en la plaza, todo bien. Si cruzas el río Chico, en mi barrio, está la droga, la muerte, la prostitución".

--Al río Grande no lo he visto nunca. Al Chico, sí. Cuando venía de Monterrico cruzaba por el puente Lavalle y veía los cirujas que se refugiaban abajo, y pensaba cómo vivían. Ahora, cuando paso  por el puente alto (Asunción del Paraguay) veo abajo la gente que saca agua para llevar a las casas, o lavando ropa. Eso me hace pensar que el río es para la gente pobre."

--Para mi el río Grande marca una diferencia. Ahí termina la ciudad. En cambio el río Chico no marca nada, la ciudad sigue hasta que terminan los barrios."

El centro, tal como lo he caracterizado, continuó cautivo entre los dos ríos hasta la década pasada, en que aparecieron fuera de esta zona, algunas oficinas públicas, varios supermercados, sanatorios, colegios -principalmente privados-, torres de departamentos, estaciones de venta de combustible -que ofrecen en estereotipados y pequeños "shopings" variedad de productos-, y algunos lugares públicos que convocan a la reunión social.

En un proceso que se acrecentó en los últimos veinte años, sectores populares se instalan espontáneamente o son llevados por políticos, en la margen derecha del río Grande -sobre el lecho o terrazas muy bajas- a lo largo de toda la ciudad. Varias son las urbanizaciones organizadas espontáneamente en los últimos años como Tacita de Plata, Éxodo Jujeño, El Asentamiento, Residentes de San Isidro, Nueva Esperanza, San Jorge, Villa Jardín, Cuchicito [16], Finca Bartoletti, 13 de Julio, entre otros. Estas denominaciones son usadas tanto por quienes residen allí, como por el resto de los habitantes de la ciudad. Sin embargo ninguna de ellas aparece consignada en los planos.

A partir de la década del noventa pareciera que algunos procesos de urbanización se han acelerado. Muchos sectores se han ampliado y/o densificado, otros se han organizado. Sobre la margen izquierda del río Grande, Los Perales avanza por las laderas arboladas de los cerros superando la cota permitida para la construcción de viviendas, a la vez que también se acerca, como nunca antes, a la orilla del río. Siguiendo por la misma margen en dirección al este, luego de cruzar el río Chijra, Bajo La Viña inició un crecimiento continuo . Sobre la ladera del cerro en una suave pendiente se levantan las casas probablemente más importantes de la ciudad. Del otro lado de la ruta que conduce a La Viña se ubican las viviendas de los "profesionales" y se construyen grupos de chalets, en muchos casos con créditos individuales del IVUJ o del Banco Hipotecario Nacional (BHN). En esta zona donde se está organizando el primer barrio privado jujeño "Las Tinajas" El mismo es publicitado como el lugar donde "podes encontrar la casa de tus sueños, en el mejor lugar de Jujuy". Incluye, entre otros beneficios, cerco olímpico perimetral y entrada única con guardia de seguridad con ingreso controlado. Al respecto una persona comprometida con el proyecto dice "yo creo que no es más que una moda que se está imponiendo, y que puede traer soluciones para la gente de clase media de Jujuy, familias jóvenes en donde trabaja la esposa y el esposo. Lo que hemos buscado es un lugar seguro, que los chicos puedan jugar sin peligro y los grandes hacer trote y ese tipo de cosas y nada más. Las Tinajas surge de la idea, no de resguardarnos de los ladrones que andan por ahí. Más la buscamos por la economía".

Otra zona que se ha incorporado a la trama urbana en la última década, a demanda de sectores medios y medio-altos, es Alto Padilla, ubicada entre Ciudad de Nieva y Los Huaicos. Un lote de seiscientos metros cuadrados se cotiza hoy allí en 38.000 dólares, lo que nos orienta acerca de quiénes pueden ser sus pobladores. En cuanto al valor de la tierra, un funcionario refiriéndose al barrio El Chingo decía "está en una zona privilegiada, a tres cuadras del centro, ahí un lote debería costar una millonada, sin embargo ¿quién querría vivir ahí? nadie". Tal como está expresada la pregunta la respuesta parecería obvia. Sin embargo según el último censo realizado en 1991, 2.984 personas vivían en El Chingo y de acuerdo a la estimación de un dirigente barrial "ahora hay un cincuenta por ciento más que hace diez años". Las diferentes percepciones del espacio no se relacionan, necesariamente, con la pertenencia de grupo. Dos vecinas que residen en San Jorge señalan "cuando vi este lugar me sentí como Colón, trabajaba en el centro y vivía a doce kilómetros. No lo pensé más me vine con mi familia". Mientras que otra expresaba "menos mal que vino el progreso [se refiere al trazado de calles] era un lugar intransitable, un basural."

Ojos que no ven corazón que no siente

La recorrida etnográfica realizada a través de San Salvador de Jujuy me ha permitido, más que encontrar respuestas, acceder a las respuestas que otros dan (Geertz 1975). Las mismas muestran ciertas características de cómo es hoy la ciudad. En cuanto al Estado, éste asume cada vez menos el rol paternalista al que estábamos acostumbrados. Cuando planifica o gestiona la ciudad lo hace generalmente pensando en sectores medios y/o altos. Cuando actúa en relación a sectores populares, relocaliza y a veces cede tierras, en la mayoría de los casos en busca de rédito político.

Sectores medios y altos compran la tierra y/o la vivienda. En muchos casos consiguen su casa a través del IVUJ, por medio de planes sociales o créditos. Ambos grupos se integran con mayor o menor facilidad al mercado inmobiliario. Por su parte los más pobres, al no poder acceder a la tierra en forma legítima, ocupan espacios, privados y/o fiscales. Esta situación los obliga a tener que justificar permanentemente su presencia en la ciudad. Al establecerse en un lugar, esa zona comienza a llamarse "asentamiento", muchas veces seguido de la calificación "marginal". Luego de un tiempo, absolutamente variable, y que generalmente depende de la iniciativa y redes activadas por sus pobladores, el asentamiento pasa a la categoría de barrio. Transición que suele asociarse a la formalización de la cuadrícula y a la implementación de servicios urbanos básicos. A partir de ese momento los asentamientos se legitiman a través de su aparición en los planos y sus habitantes asumen oficialmente la categoría de ciudadanos [17]. Este emprendimiento no resulta una tarea sencilla ya que hay que dedicarle energía, tiempo y dinero. De hecho este paso muchas veces no se realiza y los asentamientos no tienen existencia gráfica ni nombre oficial. Me pregunto, porqué se exige, justamente a estos grupos con menos recursos, este sobreesfuerzo de auto-organización?

En este contexto los ríos Grande y Xibi-Xibi han funcionado muchas veces como límites pautando la expansión de San Salvador de Jujuy. El Xibi-Xibi ha sido más permeable permitiendo desde la década del veinte el paso de diferentes grupos, lo que se ha traducido en la veloz ampliación de la ciudad hacia el sur. Hoy el límite sur está dado por la ruta nacional número nueve. En los últimos veinte años, a ambos lados de esa ruta se han establecido gran cantidad de familias pertenecientes a sectores de bajos ingresos. Esto ha ocurrido, entre la ruta y la ciudad sobre una angosta franja de tierra perteneciente a Vialidad Nacional, en los bordes de barrios consolidados; y del otro lado de la ruta sobre la ladera de los cerros, principalmente en tierras privadas. El río Grande, recién hacia 1960 permitió el avance masivo de población; pero aún hoy constituye una barrera para sectores populares que quedan retenidos por la ciudad en su otra margen. Una excepción ha sido la organización popular de Campo Verde, próxima al borde izquierdo del río Chijra, ocurrida en la década del ochenta (García Moritán 1997).

           En cuanto al proceso de expansión de la ciudad, analizando su dinámica desde la década del veinte hasta la actualidad, se percibe una tendencia casi constante de ocupación del suelo orientada hacia el sur y sudeste. También se observa un doble movimiento de población. Los de menos ingresos ubicados en lugares alejados de fuentes de trabajo, escuelas, centros de salud y otros recursos, se ven imposibilitados de afrontar los gastos de traslado para llegar a los mismos. Como consecuencia de esto, tratan de insertarse en intersticios y en zonas deprimidas próximas al centro. Por su parte, los sectores con mayores recursos acrecientan cada vez más la tendencia a alejarse del centro. Los argumentos esgrimidos aluden al mayor confort que representa vivir en casas con jardín y a todas las posibilidades que esta opción abre, entre las que figuran en algunos casos una vigilancia personalizada. Este doble movimiento, inédito hasta hace unos años en Jujuy, ha aparecido en la década pasada y parece afianzarse cada vez más, cosa que sabemos ocurre en otras ciudades de Argentina y en muchas urbes del mundo.

La ciudad, como espacio donde se articulan diferentes sociedades y culturas, se construye y re-construye a cada instante a demanda de los actores involucrados, que son portadores de diferentes visiones y representaciones del mundo. Pesci (1985: 47) la considera "un ser vivo [que] no tiene entidad unitaria pues se rehace cada día y vive en la conciencia de todos sus ciudadanos". Su planificación debiera ser, por tanto, un proceso colectivo de aprendizaje y un esfuerzo mancomunado de intereses. Una ciudad de todos implicaría la aceptación de una urbe plural, capaz de contener a todos los grupos y brindarle la posibilidad de un espacio físico y social. En este esquema el Estado debería aparecer como gestionador y marcando pautas generales para todos aquellos que de una u otra manera se integran a la vida urbana.

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