‘Ciudades de frontera’ o ‘fronteras en la ciudades’? Reflexiones conceptuales acerca de la ‘territorialidad’ en las ciudades contemporaneas

MONICA LACARRIEU
CONICET/UBA

Presentación

Porqué se vuelve tan importante hablar de fronteras en la actualidad? Frontera o fronteras? Frontera/s respecto de quién o de qué: de la nación, de la región, de la ciudad? Porqué dar prioridad a la articulación ciudad-frontera? Es que efectivamente se construye un tipo de ciudad peculiar relacionada con la frontera? Estamos ante la presencia de ‘ciudades de frontera’ o de ‘ciudades con fronteras’? O deberíamos invertir los términos y hablar de ‘fronteras en las ciudades’?

Los procesos de transformación de las sociedades contemporáneas, estrechamente vinculados al contexto de la globalización, postulan el ‘fin de los territorios’ y  en relación a ello, la dilución de las fronteras -sean éstas nacionales, regionales, urbanas y/o locales-. Este contexto, en tanto dichos procesos se han vinculado mayoritariamente con las denominadas megalópolis, ha favorecido un debate focalizado en las grandes ciudades, deslegitimando el lugar de otro tipo de urbes en el mismo. Sin embargo, los nuevos fenómenos han incidido asimismo en la omisión de caracteres inherentes incluso a las grandes ciudades -me refiero a ciudades que aunque de frontera (como Buenos Aires), de hecho por ser megalópolis, han sido privilegiadas en la discusión desde último lugar-.

Aún con dicha omision, y como consecuencia de los nuevos procesos de transformación que a nivel global se especula vienen teniendo lugar, desde 1996 -cuando se autonomizó la ciudad de Buenos Aires, por tomar nuevamente este ejemplo- viene siendo organizado el evento "Buenos Aires Sin Fronteras" por el Gobierno de la Ciudad. Asi, desde la instauración de un acontecimiento desarrollado anualmente, no obstante y aparentemente en forma contradictoria con la clausura de la ciudad -a traves de su autonomía- se ‘fabrica’ una nueva Buenos Aires, sinónimo de "metrópoli transfronteriza" (García Canclini;1999).

El evento mencionado encuentra sentido en el contexto de la globalización y sobre todo en el pensamiento que ha prevalecido en los últimos años, según el cual estamos asistiendo al ‘fin de la nación’, al ‘fin de las fronteras’, en suma al ‘fin del espacio de los lugares’. Enmarcado en una serie encadenada de ‘muertes’, el territorio ha sido pensado más como un defecto que como un valor, atendiendo principalmente a una disociación radical entre la cultura y el territorio. Sin embargo, el acontecimiento "Buenos Aires sin Fronteras" es sólo una de las caras en las que se está constituyendo la ciudad de fin de siglo. Y son esas otras muchas caras, las que necesariamente inducen a señalar en sintonía con Martín-Barbero (1999), que se trata de "pensar el mundo", pero que ésto no es posible sin simultáneamente pensar el lugar. Porque efectivamente "llegamos asi a este doble movimiento que parece paradójico: la globalización que debilita fronteras, en un proceso complementario las reinstaura, las exporta e importa, las reproduce engendrando nuevas barreras..." (García Canclini;1999). En esta perspectiva, Buenos Aires, como otras ciudades, se define y redefine entre ‘fronteras móviles’ y ‘fronteras fijas’, en consecuencia, entre ‘identidades flexibles’ e ‘identidades fijas’.

Estas nuevas formas de ‘fabricación’ del territorio, implican repensar sobre el lugar de la territorialidad en los procesos de transformación urbana contemporánea. Dicho en otras palabras, es nuestro interés debatir acerca de las ‘nuevas y viejas’ formas de remapeamiento de la ciudad y de las identidades sociales relacionadas con la misma, en el contexto del Mercosur, considerando a su vez el reposicionamiento que adquieren los territorios en este marco y colocando especial hincapié en la relación entre cultura y territorio. En este sentido, se focalizará en un debate sobre las fronteras que involucre el papel del territorio en el sentido de lo urbano. Partiendo de la idea de que en la constitución de los bloques regionales, las ciudades cumplen un papel cada vez más protagónico, escogemos como laboratorio de ensayo, la metrópolis de Buenos Aires, para desde alli reflexionar sobre las ciudades y su relación con las fronteras territoriales.

1. De fronteras y ciudades

En los últimos años se ha especulado con la "descomposición de los territorios" como parte insoslayable de un mundo convertido en un enorme mercado global (Giménez;1996). En este contexto, se consensuó a las ciudades mundiales como puntos neurálgicos dentro del sistema de redes globales, por tanto constituidas más allá y por encima de los Estados-nación. No obstante ello, los acontecimientos recientes muestran que a contrapelo de la tan proclamada ‘deslocalización’, se producen localizaciones específicas que implican considerar la ‘fabricación’ de territorios como un aspecto crucial para entender el mundo contemporáneo (Op.cit.; 1996). De hecho, la globalización misma produce lugares cuando concentra capitales y decisiones en las llamadas ciudades globales, cuando se conforman bloques regionales que no sólo incrementan las dimensiones del libre comercio sino que también reivindican la formación de comunidad -como es el caso  del Mercosur-, por sólo mencionar algunos ejemplos (cfr.Bayardo y Lacarrieu;1999). Pero también se producen lugares desde la misma especificidad histórica que los ha conformado, si bien atravesados por saberes externos de la contemporaneidad. Asi, entre mundo y lugar, se hace necesario reflexionar acerca del Estado-nación, las regiones supranacionales y subnacionales, las ciudades, las comunidades locales.

En este sentido, las ciudades no sólo se constituyen en nodos del sistema global, sino que son lugares en sí mismas, "implicando [en su organización cultural] relaciones locales a la vez que trasnacionales" (Hannerz;1998;207). Sin embargo, pensar en el lugar en el marco del mundo actual, significa mirarlo a través de la transformación de sus sentidos. Aunque el territorio no se ha extinguido, "la ‘forma visible’ de lo local encubre [además del lugar concreto] las relaciones que desde la distancia determinan su naturaleza", constituyéndose en un punto de intersección en el que operan su especificidad histórica, los sentidos de las diversas personas que lo conforman, lo que puede ser local en otro lugar, la mundialidad en constitución (Hannerz;1998:47/51).

Es a la luz de estos nuevos fenómenos, que se desenvuelven nuevos procesos en los que las ciudades se vuelven escenarios privilegiados, desde donde se producen nuevas formas de inscripción de las mismas de cara a la reconfiguración nacional, regional y mundial. O en otras palabras, presenciamos la reemergencia de identidades territoriales, bajo formas nuevas y modificadas, vinculadas a las ciudades, convirtiendo a éstas en ‘modelo’, insumo y contexto referencial desde donde se retroalimentan nuevas identidades territoriales relacionadas con la nación y la región trasnacional.

Pero evidentemente no todas las ciudades adquieren ese lugar de protagonismo en el mundo global contemporáneo. Algunas ciudades, las intermedias o pequeñas, sólo pueden llegar a ocupar un papel de relevancia en la medida en que formen parte de una red regional de ciudades, en tanto los beneficios de grandes ciudades próximas puedan favorecer a las mismas como punto estratégico en el seno de estas redes (cfr.Perulli, P.;1996). De alli, que ya sea porque se las observa caóticas, o porque se supone que se constituyen en los nodos del ‘espacio de los flujos’, los especialistas colocan una mayor atención en las grandes ciudades.

En este contexto, las denominadas ‘ciudades de frontera’ no han sido objeto de análisis. Por un lado, porque hasta recientemente, es decir hasta que la globalización se intensificó, las fronteras fueron objeto de interés por relación con la conformación y delimitación de las naciones. Estas se volvieron un tema de relevancia en los conflictos socio-políticos y geopolíticos, involucrados en el nivel de las naciones, visualizándolas desde esta perspectiva como ‘límites fijos’ de territorialidad, desde las cuales se establecieron mecanismos y procesos de exclusión e inclusión de la ciudadanía. Es por ello, que las "visiones desde la frontera" [1] se vieron mayormente restringidas a los problemas de inmigración, esto es observable principalmente en la bibliografía existente sobre el caso México-EEUU. En suma, la frontera se configuró como territorio ‘duro’, rigidizado, desde el cual definir el lugar del territorio nacional, estableciendo desde el mismo diversos tipos de controles, por otro lado fijados en determinados puntos estratégicos, desde los cuales se definió el ingreso, permanencia, finalmente la constitucion de ciudadanía. Controles que, desde el punto de vista antropológico, podrían ser definidos por modos ritualizados de establecer límites, liminaridad, pasajes y finalmente transgresión (Raffestin;1991). Las fronteras en estos términos, se constituyeron como delimitaciones político-administrativas gestadas desde determinadas instituciones derivadas del Estado. La perspectiva desde la cual las mismas fueron instituidas ha convocado su "fundamento biológico", tomado como "orden material", eludiendo en general otros efectos y funciones propios del límite que establece la frontera (Raffestin;1991:169, n/traducción). En este sentido, hubo una época en que fuimos objeto de "máquinas de hacer fronteras"(Raffestin;1991).

Dichas delimitaciones -sea nacionales, regionales, provinciales o municipales- han sido producto de un recorte hecho desde el poder material y simbólico de los agentes involucrados con este asunto, implicando en ello definiciones de las mismas vinculadas a sistemas de clasificación desde los cuales algunas han sido mayormente legitimadas que otras. Sin embargo, no necesariamente estas delimitaciones por sí mismas han contribuido a la conformación de la identidad social -la 'naturalidad' como factor de constitución de la misma es sólo uno de los aspectos a considerar junto con las vivencias, las prácticas culturales y los mecanimos de auto y alter-atribución (cfr.Penna, M.;1992)-.

Mirado desde esta perspectiva, a quien o en razón de qué importaban las ciudades establecidas en las fronteras? Más bien, podemos especular que de manera generalizada se ha construido una tipificación, desde la cual se ha constituido un estereotipo difícil de superar. Estas ciudades, han sido visualizadas como ‘lugares de paso', como si su población fuera ‘golondrina’ y nunca se hubiera establecido, por tanto como lugares con territorialidad efímera, en tanto relacionadas a relaciones sociales inestables propias de la trashumancia o 'nomadismo' impuesto por la proximidad de la frontera. Asimismo, se ha pensado en ellas como ciudades ruralizadas -y valga la contradicción-, pequeñas, desprovistas de una identidad territorial con sentido de pertenencia. El uso del estereotipo ha reenviado, en estas ciudades, a los rasgos observables a primera vista, a aquéllos que son parte de la superficie de su conformación, en consecuencia reduciendo la ‘realidad’ en la que las mismas tienen lugar (Abeles;1996). Esta simplificación ha favorecido el desinterés en ellas -no sólo por pequeñas, sino además por los aspectos mencionados- simultáneamente al creciente interés que las fronteras como territorios en sí mismos tomaron, más vinculadas a la nación que a las ciudades comprometidas con ella: cuestión que habría redundado en un destaque de la 'nación [producto] de la frontera' más que de la 'ciudad de frontera'. Por otro lado, este estereotipo contribuyó a la conformación de otro vinculado a las grandes ciudades: aunque algunas fueran 'ciudades fronterizas', como es el caso de ciudades-capitales por ejemplo, en las que prevaleció su papel como tal respecto de la nación, y no su relación con la frontera -ya que en el seno de la tipificación observada hubiera llevado a fragilizar su urbanidad, a debilitarlas respecto de su lugar de ‘capital de la nación’-. Más bien, el ‘ser ciudad fronteriza’ en el caso de grandes ciudades como Buenos Aires, debió deslegitimarse en tanto legitimadas desde su ‘ser metrópolis’, hoy ‘ciudades globales’, no correspondentes con el estereotipo prefijado.

De alli, que en la relación ciudad y frontera han prevalecido esquemas naturalizados e incorporados sin cuestionamientos, desde los cuales se ha tendido a asociar ‘ciudad de frontera’=ciudad rural, en consecuencia metrópolis/ciudad-capital=’ciudad desfronterizada’ -resulta interesante el caso Buenos Aires, que a tal punto se constituyó de este modo, que invisibilizó urbanísticamente su frontera con el país vecino, puesta en el límite con el río, construyéndose de ‘espaldas a éste’ y en este sentido no sólo negando al mismo, sino negando su papel de ciudad limítrofe y esto a pesar de haber sido fundada como tal en razón de su puerto y los beneficios que a nivel económico esto trajo-.

No obstante ello, debemos remarcar que en el proceso de conformación urbano de las grandes ciudades, las fronteras fueron visibilizadas internamente. Me refiero a la multiplicidad de fronteras a partir de las cuales y en la medida de su crecimiento, las denominadas metrópolis fueron organizando su ordenamiento territorial, reproduciéndose a su interior parte de los estereotipos planteados. Me refiero a, por un lado, la línea divisoria que en general ha fronterizado y separado el centro del suburbio -legitimando al primero y deslegitimando al segundo-, por el otro, a la multiplicidad de fronteras en que se han dividido generalmente cada uno de estos territorios -mediante barrios, distritos, partidos, municipios, entre otros- en general divisiones políticas superpuestas a otras de diferente dimensión y prestigio -urbanísticas, educativas, electorales.-. Resulta interesante observar cómo el suburbio ha sido caracterizado como 'tierra de frontera' -siguiendo a John Stilgoe, aludiendo con ello a a enclaves ubicados distantes de la ciudad o su centro, "valorizados por tener un tipo semi-rural" (Rybczynski,W.;1995) reproduciéndose la tipificación, ya mencionada, respecto de las 'ciudades de fronteras', también distantes de las 'ciudades capitales'-

Efectivamente, y como hemos mencionado, con la globalización se hace necesario repensar la noción de frontera. Asimismo, el lugar de las ciudades respecto de éstas, teniendo en cuenta el debilitamiento sufrido por la nación, su cesión de protagonismo a las ciudades (aunque aparentemente no a todas) y las regiones trasnacionales.

Desde esta perspectiva parece interesante -en la misma línea de debate sobre la territorialidad-, reflexionar acerca de la disolución de las fronteras o de la instauración de ‘fronteras móviles’ en detrimento de ‘fronteras fijas’, tal como se viene planteando para el contexto de agudas transformaciones globales. En este contexto, el ‘borramiento de las fronteras’ parece reforzar una imagen de las mismas, hoy ya no positiva, sino vividas como negativas, como obstáculos, como faltas de significación. Siguiendo a Raffestin (1991:168, n/traducción), su eliminación apunta a "una amnesia deseada y querida" de la ‘máquina de hacer fronteras’ que caracterizó otros tiempos, pero también a la reafirmación definitiva de la transgresión propia de aquéllas. En este sentido, analizar cómo a pesar de o con este tipo de argumentaciones, se continúa reproduciendo el estereotipo comentado respecto de la definición de 'ciudad de frontera', especulamos que fortalecido ahora por este supuesto de 'fronteras flexibles' implicantes de zonas intersticiales de desterritorialización que estarían potenciando este sentido de 'lugar de paso'. Asimismo, cómo desde estas reflexiones asociadas a la globalización, también se fortalece el papel asignado previamente a las grandes ciudades, ahora desde su lugar de 'ciudades globales'=ciudades 'sin fronteras'.  En consecuencia, enfatizar en la consolidación de ‘viejas fronteras’ y en la constitución de ‘nuevas fronteras’, en términos de ‘territorios fijos’ que tanto hacen a límites entre ciudades, o de ciudades respecto de regiones o de naciones, como a fronteras que juegan -cada vez más- un papel preponderante en la demarcación de ‘adentros y afueras’ dentro de las propias ciudades.

2. 'Buenos Sin Fronteras'/'Buenos Aires Con Fronteras'

Parece interesante retomar el caso de Buenos Aires, visualizada como gran ciudad y para muchos como 'ciudad global', para intentar desentrañar algunos de estos asuntos.

Hace un tiempo -como ya dijimos- se desarrolló el evento "Buenos Aires sin Fronteras". A tono con la época, en cada uno de estos acontecimientos se ha promovido "la Ciudad de Buenos Aires, en marcha...junto con sus hermanas del Mercosur". En este sentido, aunque claramente, este espacio se construyó desde la integración regional en pos de establecer un 'diálogo sin fronteras´entre determinados agentes locales de cada ciudad involucrada, desde el mismo discurso dado en aquélla época por el entonces Jefe de Gobierno, quien refirió a su opinión inicial con un "por favor...ya demasiados problemas tenemos de fronteras adentro de Bs.As., no podemos abarcar más", quedó firmemente establecida la relevancia dada a las 'fronteras fijas e internas' que configuran y contribuyen al fortalecimiento de la ciudad clausurada en su autonomía. Asimismo, es de destacar que aunque la 'ciudad sin fronteras' buscaba la conformación de un espacio geográfico y social tendiente a la integración regional entre ciudades diversas, en el gráfico diseñado para el evento, Buenos Aires aparece en el centro y en su entorno sólo las ciudades-capitales, aparentemente las únicas con destino cierto en la competencia inter-ciudades y en la constitución de ciudadanía a nivel regional [2].

Esta instancia de constitución de la ciudad en franca articulación con la globalización, supone además descorrer sus límites e instaurar "fronteras nómades y/o móviles" (G.Canclini;1999) que la abran hacia Latinoamérica en primera instancia y en segunda al proceso de integración regional. De hecho, el evento se planteó desde el "somos latinoamericanos...asumiendo nuestra identidad de ciudadanos latinoamericanos". Sin embargo, no debe dejarse de consignar que en este trazo clasificatorio se procura un renovado fortalecimiento de una imagen ya cristalizada: la de Buenos Aires como la ‘gran capital latinoamericana’. En este sentido, la ciudad aparece tensionada entre dos construcciones de sí misma: ‘lo latinoamericano’ como imagen previa fuertemente consolidada y ‘lo mercosuriano’ como imagen a construir, involucrándose una disputa entre una cartografía preexistente y la invención de un nuevo mapa, en el que la ciudad se define o intenta definirse más allá de la nación, traspasando fronteras y compitiendo con otras ciudades de un territorio más vasto. En este sentido, Buenos Aires es nuevamente el espejo desde donde puede verse reflejada la globalización en la que toda la nación estaría sumida.

En esta imagen desterritorializada de la ciudad se busca consensuar una imagen dominante de ‘ciudad modelo’, cuyo uso la vuelva recurso estratégico y que desde su promoción local la posicione favorablemente en el contexto de competencia entre ciudades de la región. Y como puede observarse para que dicha desterritorialización resulte eficaz debe anclarse del soporte de la territorialización, pues sólo desde el establecimiento de una imagen con ciertos atributos legitimados, desde la cual la ciudad adquiere nuevas formas asociadas a la instauración de nuevos límites, es que los mismos pueden colocarse en juego y abrir la urbe hacia fuera moviendo fronteras. Es asi, que desde esta perspectiva, Buenos Aires ‘vuelve a construirse’ o se está ‘reconstruyendo’ como "espacio abierto" definido por el "flujo de fronteras", que harían difícil la constitución de "signos de identidad" (Abeles;1996, n/traducción); al mismo tiempo, que como ‘centro’ respecto de otros territorios, posicionándose en base al rastreo de símbolos que contribuyan a su anclaje como ‘espacio cerrado’ pero competitivo.

Asi, en este primer nivel de disputa, la ciudad se debate entre retornar a su imagen homogénea exenta de fisuras, que la han hecho y la volverían a rehacer como "la capital cultural de América Latina" y recodificarse en base a atributos previos y a referentes novedosos, que impliquen colocarse como "la vidriera del Sur", especulando por confrontación con otras ciudades y otros acuerdos regionales -como la Union Económica Europea, referente ineludible- que si "los americanos, para entrar a Europa, tienen que conquistar París. Para ingresar al Mercosur hay que pisar Buenos Aires" [3]. En la disputa por la apropiación y consolidación de estas imágenes se intenta colocar en esta ciudad el contexto de referencia que la convierta en espacio atractivo para las inversiones y los negocios, en tanto incorporaría el proceso de globalización y de allí el de regionalización, construida en base a un "acentuado grado de exterioridad del lugar" (Torres Ribeiro y Sánchez García;1996:179, n/traducción) con alcance mundial y regional. Es de destacar que son tanto los grupos empresariales, como los sectores políticos locales, los que manipulan con los elementos llave de estas imágenes que se buscan sintetizar, pero no sólo desde el campo de la economía, sino con el telón de fondo de la relación que en la contemporaneidad se estrecha entre la cultura, la política y la economía.

Este tipo de relación apunta a la síntesis de referentes asociados al progreso, el cosmopolitismo, a la ‘vigencia del mito Buenos Aires’ fundado en apelativos como la ‘Reina del Sur’ o la ‘Reina del Plata’, pero que sin embargo ante la instauración de nuevos mapas regionales, como el Mercosur, debe salir a escena a disputar un lugar hasta hace poco tiempo altamente consolidado y sin sombras aparentes provocadas desde otros lugares de América Latina. Ahora para ser ‘capital cultural’ ya no basta con ostentar las credenciales de identidad oficializadas a lo largo de este siglo, pues en el nuevo mapa regional otras ciudades ingresan en el campo de disputa por la renominación y el desplazamiento de criterios antes favorables a Buenos Aires. Una posibilidad de reubicarse, entonces, es a partir de constituirse en espacio de las vanguardias, sean artísticas o relacionadas con la moda y el diseño, donde el consumo de la ‘biblia y el calefón’ -como versa el tango- y el intercambio sin fronteras, permita su fortalecimiento territorial eficaz en el terreno de la competencia con otras ciudades, pero también instrumental al sustento de su propia ‘marca’ en el proceso de unificación regional, que a su vez lo realimente con sus atributos. Asi, apelando a su carácter más cosmopolita, se la abre a la región y al mundo, al mismo tiempo que se la clausura territorialmente como ‘ciudad capital’ con personalidad propia. O dicho en otros términos, se la fortalece como 'ciudad global sin fronteras' simultáneamente y una vez que se la potenciado desde sus propias fronteras territoriales, mediante el recurso estratégico de la 'identidad porteña'.

La ciudad remapeada entre la desterritorialización/territorialización, lo hace además tensionada entre dos referentes cruciales: 1) el ya mencionado y el que desde siempre ha contribuido en el perfil ‘positivo’ de la ciudad, nos referimos al progreso, el cosmopolitismo, lo moderno y lo ‘europeo’ y 2) nuevos atributos que entran a disputar un lugar en su constitución, que pueden sintetizarse en un referente como la ‘tradición’, involucrando en la misma patrimonio, memoria y recuperación de símbolos y prácticas culturales ‘típicas’.

Este segundo trazo clasificatorio, busca en la diversidad cultural su punto fuerte, fortaleciendo la producción y remapeamiento de identidades ‘olvidadas’. Este nuevo intento de demarcación del ordenamiento clasificatorio para legitimar un punto de vista de la ciudad, apela a novedosos, inesperados, diversos y múltiples ‘trabajos de encuadramiento [y reencuadramiento] de la memoria’ (Pollack;1989), telón de fondo ineludible para la constitución de reinvenciones y remapeamiento de las identidades. Esta delimitación contribuye a la instauración de nuevos límites que reinstalan ‘muros’ -derribados hace tiempo- y ‘fabrican’ territorios antes devaluados, hoy apropiados en su sentido más totalizante en disputa permanente con el levantamiento de fronteras precarias y móviles.

No es que la construcción de lo latinoamericano resulte inexistente en estos nuevos procesos, sino que su apelación se aproxima al orden latinoamericano antes propiciado por otras naciones de América Latina. Lo ‘latinoamericano’ se vuelve una "opción tradicionalista y fundamentalista que parte de la idea de una cultura [latinoamericana] considerada como un rasgo de la naturaleza que debe servir de base a la constitucion de una comunidad de destino [mercosuriano]" (Martiniello;1995:233). De hecho, los múltiples símbolos creados (logotipos, banderas, etc.) se constituyen en elementos cruciales para la identificación en un Mercosur comunitario. Sin embargo, dicha armonización no supone en principio anulación de la identidad nacional, y en lo que refiere a nuestro país, suele ser un lugar común por estos tiempos pensar, aún desconcertados, en un "súbito retorno, un súbito reverdecer del patriotismo...en momentos en que queda poca Patria patrimonial pero aún parece sobrar Patria simbólica..." [4], la denominada ‘nueva pasión argentina’ que se tensa entre la globalización y la identidad nacional. Cuestión comparable con aquello que Abeles refiere respecto de la Unión Europea, cuando remarca que "el imaginario de la Europa instituida es desesperadamente pobre. A diferencia de la república francesa que encuentra en Marianne uan encarnación consistente, la comunidad se contenta de su bandera y de su himno", pero que el propio autor observa como símbolos con "déficit simbólico" (1996:127, n/traducción) en tanto el himno no cuenta con palabras que le otorguen contenido y significado y la bandera se constituye sobre la base de un invento que ni siquiera da cuenta de la cantidad ‘real’ de países miembros.

En este sentido, cómo se reorganizan las cartografías de Buenos Aires y cómo desde la misma se resucita la identidad nacional, en consecuencia cómo ésta se fortalece en un mundo supuestamente poco proclive a la continuidad de fronteras nacionales?.

En el mismo sentido al de 'Bs.As. sin fronteras', recientemente, se organizó "San Telmo sin Fronteras", donde desde un lugar de la ciudad -aunque no cualquiera, sino desde el ‘casco histórico’- se procuró ‘abrir las fronteras’ simultáneamente que ‘cerrarlas’. O bien, se procuró una referencia ineludible de la globalización: la ‘deslocalización’. No obstante ello, estos acontecimientos muestran que a contrapelo de ésta, renuevan la producción de localizaciones específicas que implican la ‘fabricación’ de territorios incluso en el mundo global. En ambos casos se buscó definir y redefinir a la ciudad entre ‘fronteras móviles’, intentando convertir a Buenos Aires en un centro regional y acorde a la globalización, y ‘fronteras fijas’, que en el primer caso se vislumbran en el cierre de la ciudad a través de la reinvención de la identidad porteña y en el segundo mediante la reafirmación de la identidad de San Telmo sólo restringida a los vecinos históricos (según el testimonio de un vecino). Este evento como el "Buenos Aires sin fronteras" intenta convertir a Buenos Aires en un centro regional y acorde a la globalización, al mismo tiempo que contribuir al cierre de la ciudad a través de la reinvención de la identidad porteña. Asi, la constitución de una identidad positiva de ciudad se ancla del destaque de un lugar de la misma, que pasa de ser un ‘lugar común’ a un ‘lugar fuera de lo común’, cargado de significaciones que contribuyen al fortalecimiento de esa identidad mayor. "San Telmo se constituye en la réplica de la identidad cultural y de la integración étnica característica del pluralismo de Buenos Aires", en tanto centro histórico de la ciudad. Sin embargo, Buenos Aires utiliza los recursos de diferentes lugares con condiciones para incrementar su capital simbólico y desde allí el de la ciudad. De este modo, se remapea entre sentidos de lugares vueltos ‘fuera de lo común’, hechos únicos a destacar dentro de la ciudad, apostando al énfasis en la construcción de 'fronteras fijas locales', constitutivas de ‘identidades locales’, insumos de la ‘identidad porteña’. El Abasto, constituye otro ejemplo en ese sentido, en tanto ha sido ‘privatizado’ con el aval del gobierno de la ciudad por el empresario Soros, y reconstruido bajo un nuevo orden legitimado: el de Carlos Gardel y el tango, reapropiándose en este sentido de símbolos típicos y valorizados para la ‘identidad porteña’ Este tipo de casos muestran sólo una parte de lo que se retiene del sentido del lugar y su particularidad, y aunque desde los mismos se procura homogeneizar bajo la idealización de lugares aparentemente despolitizados, bien sabemos que la cultura y las identidades se constituyen en formas de poder con el objeto de controlar la ciudad.

Cabe resaltar que el proceso de reconformación de la identidad porteña se inició hacia el año 1996, cuando comenzó a discutirse sobre la autonomía institucional y política de la ciudad-capital, en un intento de reinventar la ciudad 'cerrada' a sus propios límites, generando una identidad positiva, con lo que en ella intervino e interviene esa relación estrecha entre cultura y política.

"La búsqueda de la bandera bonaerense está enmarcada en la recuperación de

la concepción popular, de pertenencia a un ámbito que protege y que debe s asu vez ser protegido y preservado para procurar una mejor proyección hacia otros ámbitos con comunes intereses. Es este el rasgo caracterizado como identidad, la conformación de un perfil donde nos reconozcamos. Nuestro espacio es la provincia de Bs.As. y nuestro compromiso es la patria. Nuestra bandera simbolizará esta determinación" [5].

Es entonces, cuando se recrean una serie de hechos que hablan de la importancia dada a la instauración de 'fronteras fijas' en el mundo global, y desde alli a la constitución de identidades territoriales cristalizadas en desmedro de las desterritorializadas. Asi, se inicia la disputa por la creación de una ‘identidad bonaerense’ cuando la ciudad Capital se autonomiza (1996) e impulsa la búsqueda de su propio perfil cultural, enmarcado en la ‘identidad porteña’, y simbolizado también en la creación de símbolos como el escudo y la bandera, o en el tango. Por un lado, este proceso de disputa se instala en el nivel de lo político, aunque con repercusiones contundentes a nivel de la cultura. Por el otro, se asienta en mecanismos de fragmentación local, en ocasiones con la nación y en otras mas allá de ella-de hecho, en la justificación dada a la creación de la bandera ‘porteña’, se establece que la Ciudad busca su propia identidad como ya la han tenido otras provincias, incluso preexistentes a la nación misma[6]; o como en el caso bonaerense Duhalde afirmaba: "Somos la provincia más importante...La que le dió todo a la Nación, hasta el territorio y el nombre de su capital...Duhalde siempre dijo que le molesta que lo confundan con un habitante de Palermo o de Barracas..."-. Este proceso de disputa entre territorios en relación a quién se quedará con la parte más grande de la torta dentro del mapa de Buenos Aires, conlleva la recreación de símbolos de identificación desde donde ‘encerrar’ territorio e identidad y polemizar en torno a las contribuciones respecto del imaginario identitario nacional.

Que la nación no desaparece y que continúa siendo fortalecida desde Buenos Aires, no cabe duda. Sin embargo, sin mirar estas nuevas tensiones desde las que intenta constituirse, en función de nuevos remapeamientos de territorios, fronteras e identidades, consideramos que el análisis resultaría incompleto. Principalmente, porque ya no se trata de un solo modelo desde donde se hace el ‘mito de Buenos Aires’, con efectos contundentes sobre la eliminación de la diversidad cultural de la nación, sino que aparecen revalorizados y en disputa por un nuevo lugar en los sistemas de clasificación oficial, ciertos atributos y referentes que, aunque desde Buenos Aires, realzan la diversidad y personalidad del ‘ser argentino’.

De este modo, Buenos Aires se constituye entre varios territorios e identidades. Entre imágenes que apelan a lo más remanido de su historia, el carácter cosmopolita, que le abre fronteras y un lugar específico -aunque ya no tanto- por relación a la región, y su clausura y apertura territorial como ‘ciudad capital’, tan relevante a la hora de competir con las otras ciudades de la región como en el seno de su propio lugar como ciudad autónoma política dentro del propio Buenos Aires. Asimismo, se cierra entre la ‘identidad porteña’, atravesada y constituida desde referentes de la ‘identidad argentina’, con el objeto también de explorar marcas de distinción dentro de la diversidad que supone el Mercosur. Es desde esta óptica, en que la ciudad se reterritorializa bajo nuevas formas, y donde el mosaico de nuevas y posibles identidades que fortalecen ciertos lugares identitarios de la ciudad, contribuyen a dar marco a las nuevas fronteras y territorialidades constituidas entre la ‘fijación y la fluidez’.

Pero evidentemente el panorama quedaría inacabado sino observáramos la 'creación' de otras fronteras, éstas internas a la propia ciudad, las que colocan en cuestión ya no sólo la 'barriolización' impuesta a la conformación urbana de la ciudad, sino las que explicitan la 'fabricación' de lo que algunos llaman 'guettos' y otros 'islas de sentido'. Estas nuevas y múltiples fronteras apelan a la constitución urbana desde y a través de la diferencia, aunque involucrando nuevos sentidos del lugar diferenciados de lo planteado hasta ahora. Estos nuevos límites fijan demarcaciones y territorialidades desde la constitución de 'ciudades de contorno', que conducirían a hablar más de 'ciudades con fronteras' o de 'fronteras en las ciudades' que de 'ciudades de frontera'. A diferencia de lo que se plantea para la frontera en los tiempos de esta globalización, en tanto lugar de flujos interconectados y desterritorializados, la producción de territorios rígidos convoca la conformación de fronteras en tanto límites congelados demarcatorios de ádentros' y 'afueras' si bien dentro de la propia ciudad. Como sucede con las muñecas rusas o las 'cajitas chinas', nuevas ciudades van superponiéndose a viejas ciudades desconectadas entre sí, produciéndose diversos tipos de'encierros'.

3. Epílogo

Los nuevos fenómenos generan procesos en los que los recursos estratégicos utilizados, provengan del mundo de lo moderno o del de lo tradicional, movilizan fronteras, instalan ‘nuevas fronteras’ y reinstauran ‘viejas fronteras’. Muchas preguntas quedan por responder, porque el final aún sigue abierto. Es que será desde la disputa entre ciudades que podrá estimularse la construcción de la identidad del Mercosur? Qué lugar ocupará el ‘espíritu latinoamericano’, al que aún se apela desde Buenos Aires, en este contexto regional? Será que la ‘nación’ desaparecerá o se verá aún más fortalecida, bajo la intensa recuperación de idiosincracias culturales antes estigmatizadas y hoy reevaluadas desde el propio escenario de las grandes ciudades? O es qué finalmente el Mercosur deberá pensarse a partir de la suma de ‘culturas urbanas’: la ‘porteña’, la ‘paulista’, etc.? Podremos pensar en ‘la identidad del Mercosur’, cuando cada vez con más frecuencia se procura fortalecer ‘las identidades de las ciudades del Mercosur’ a través de la diferencia? Y desde este nuevo remapeamiento, será posible repensar acerca de la ‘cultura nacional’ frente al dilema regional del Mercosur -en tanto las ciudades analizadas tienden a modelarse, aún hoy, en base a qué espejo de nación mirarnos y qué tipo de identidad nacional fortalecer? Asimismo, que lugar podrán jugar las 'fronteras internas' en la constitución de la ´ciudad sin fronteras'?

Aunque el papel de la frontera ha sido revisado y el de las ciudades en el nuevo contexto ha sido modificado, parece que ambos problemas están siendo revisitados por caminos separados y paralelos. Por otro lado, considerando que la 'fabricación' de territorios es un aspecto relevante de las sociedades contemporáneas, especulo -y más allá de la discusión vinculada a la existencia y noción simplificada de ´ciudades de frontera'- con que simultáneamente a esa 'fabricación' se gesta la 'producción' de fronteras, algunas 'nuevas' otras 'viejas', pero que sin duda ponen en jaque esa nueva noción ligada a aquéllas, porque en realidad se trata más de 'fronteras fijas' que de 'fronteras fluidas'. Incluso en el caso del 'Buenos Aires sin fronteras', la retórica vinculada a la integración regional convoca la presencia de fronteras explícitas vinculadas a la necesidad de encontrar una identidad positiva anclada en la territorialidad para poder competir con otras del mismo tenor. En este sentido, considero que más que hablar de ´ciudades de frontera' -sobre todo cuando se trata de grandes ciudades- deberíamos plantearnos ´ciudades con fronteras', aludiendo con el 'con' a la producción ya postulada.

Dicha producción de fronteras debe contemplar efectos y funciones disímiles de aquéllos que se observaban en las ‘viejas fronteras’. Más que funciones biológicas, geográficas, en suma materiales, las fronteras poseen una función social ineludible. Y en este sentido, cuando hablamos de ‘ciudades con fronteras’ o de ‘fronteras en las ciudades’, estamos aludiendo a funciones propias de ese nivel de lo social. Retomando a Raffestin la frontera es "siempre la traducción de una intención, de una voluntad, de un poder...", ya que produce límites que controlan un acceso; es también regulación, en tanto regula un adentro y un afuera; es diferenciación, pues "es fundadora de diferencias que permite instituir o preservar...[y en este sentido] es una manera de luchar contra la amenaza..." y es relación, "en la medida en que ella yuxtapone territorios que se confrontan, se comparan y se descubren...[comportando] relaciones de oposición, de intercambio o de colaboración" (1991:159-160, n/traducción). Asi, y aún cargada de una valoración negativa que en el contexto de la contemporaneidad parece exigir ‘la muerte de las fronteras’, las fronteras se vuelven positivas, de alli que se reproduzcan, en tanto sirven para establecer, instituir y decir acerca del orden y del desorden.

La redefinición de imágenes y el remapeamiento de identidades jaquea ‘realidades y ficciones’ del fin de siglo. Redefiniciones que sin duda colocan en la cultura el centro de los debates, pero que inevitablemente hablan de otros asuntos aparentemente devaluados en el contexto de la globalización. Asi, es el supuesto campo inocuo de las identidades el que ofrece margen para desarrollar estrategias que argumentan la importancia política del remapeamiento de identidades y territorialidades. Identidades y territorialidades que se recomponen, redefinen y readaptan, aunque sin desdeñar la conservación de lo esencial de ‘antiguas identidades’ y ‘viejos territorios’ y de la matriz cultural que le sirve de soporte (cfr.Giménez,G.;1996).

 

BIBLIOGRAFIA CITADA

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