La cuestión fronteriza en la significación urbana del pueblo jesuítico de Yapeyú  (1627-1768)

Norberto Levinton
CUSHCAU (Curso Universitario Superior de Historia y crítica de la arquitectura y el urbanismo) FADU-UBA

Presentación

Uno de los aportes más importantes, de los pueblos de indios guaraníes, fue su colaboración para iniciar la determinación de los límites rioplatenses entre las Coronas española y portuguesa. Este servicio al Rey, le significó a las misiones el logro de ser consideradas como guarniciones de fronteras (Cédula Real de Felipe IV en 1647 y ordenanza del Virrey del Perú en 1649 ), [1] por lo cual se vieron favorecidas con un especial tratamiento en el tema tributario. El compromiso no sólo comprendía el desempeño de un asentamiento militar de frontera o "muro defensivo" sino también la obligatoriedad de una proyección constante con el fin de controlar el territorio por presencia física. En este sentido, con respecto al área del actual sudoeste brasileño, existía el antecedente de la expedición planificada por el Gobernador Hernandarias hacia 1607 y la ulterior carta escrita por éste al Rey en 1609. Estas acciones revelaban la intención de su mandato de definir la frontera mediante algún asentamiento [2] . La amenaza de los continuos avances lusos obligaba a una actitud más firme. El Gobernador de Buenos Aires, Francisco Céspedes (1624-1631),  también se interesó por lograr una mayor participación española en la zona. Para dicho funcionario, uno de los objetivos más importantes de esa presencia,  consistía en  asegurarse la vía de comercio por la cual a través del río Uruguay, el río Ibycuí y el río Igay, se podrían hacer llegar diferentes productos hasta la costa atlántica [3] . En ese momento, las autoridades coloniales consideraron como más factible que instaurar una ciudad española a la posibilidad de fundar un pueblo, con los indígenas de la región,  mediante el sistema de  reducciones implementado por los jesuítas. Ese asentamiento se denominaría Yapeyú. ¿Cómo incidió el importante rol adjudicado, en la configuración de su sentido urbano? El objetivo de este trabajo es evidenciar que el concepto de "frontera" dió origen al pueblo y a la vez determinó su conflictivo devenir histórico. Es por eso, que al término "fronterizo", se lo utilizará aquí tanto en su acepción común (referente a un lugar ubicado  en la línea de separación de los territorios de dos naciones) así como en su calidad de concepto exponente de una realidad límite. Esta situación llevó al cuestionamiento de la idea del pueblo misional como civitas (ciudad y conjunto de ciudadanos) y como civilis (relativo a la vida política) que los jesuítas  quisieron otorgarle a este pueblo como a otra cualquiera de sus  misiones. La problemática situación se produjo porque el sentido urbano de Yapeyú no surgió como una consecuencia natural del desarrollo del proyecto misional, como en otras reducciones, sinó por los desfasajes entre los métodos tradicionalmente aplicados por la orden religiosa y las condiciones objetivas que los sacerdotes debieron enfrentar para llevar adelante la supervivencia del enclave. Los factores que metodológicamente debían ser resueltos según lo aconsejaban las experiencias con los indios, se fueron encadenando negativamente por haber sido encarados de una manera forzada. La exigencia de fuerzas militares debidas a la cuestión geopolítica, obligó a una estrategia inédita de concentración de recursos humanos. La gran cantidad de habitantes demandó una alternativa alimentaria proporcional a la inusitada escala del asentamiento  y como resultado de esto último, se generó una particular estructuración espacial de la región circundante, que influyó  decisivamente en la conformación del proceso de disolución del nucleamiento urbano.

La difícil problemática de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú (población fundada oficialmente el 4 de febrero de 1627 y aprobada legalmente el 22 de junio de 1627) se inició en el momento mismo de su fundación. A diferencia de otras reducciones, la localización no fue determinada por una fuerte concentración de grupos indígenas (que en la gran mayoría de los otros pueblos pertenecían básicamente al tronco lingüístico tupí-guaraní), sino que fue  consecuencia del interés geopolítico. A tal fín, el Gobernador de Buenos Aires, el 4 de julio de 1626, decidió entregar como instrumento público al Padre Rector del Colegio  ignaciano en Buenos Aires,  la evangelización de las tierras situadas al oriente del río Uruguay hasta el Atlántico. La Compañía de Jesús tendría que cumplimentar los propósitos expansivos del funcionario real  y  al mismo  tiempo desarrollar la transformación cultural de los indígenas de la región. La orden religiosa le prestó mucha atención a la problemática geopolítica y persistió en su proyecto de fundar el centro urbano de Yapeyú porque su ubicación geográfica era por demás importante debido a la proyección futura del nucleamiento. Al arribar los sacerdotes a la región, esta era una tierra de libre tránsito para indios nómades, contrabandistas, fugitivos y bandoleros de toda índole. El asentamiento no sólo impediría el libre tránsito de marginales sino que debería evitar las reiteradas incursiones de los mamelucos (los indios de Yapeyú combatieron en 1641 a los mamelucos en  la decisiva batalla de Mbororé y posteriormente en  1651 y 1656; además en 1703 participaron con 150 hombres de la toma de Colonia del Sacramento) que utilizaban el mismo camino -el río Jai (Igay, posteriormente Jacui)- por el que anteriormente penetraban los comerciantes lusos trayendo ropas de paño y sombreros para hacer trueques con los indios. Que inmediatamente se crearían las condiciones para cumplimentar a tal propósito, lo dieron a entender los propios indios al Gobernador Don Jacinto de Láriz en el año de 1647, los cuales respondieron en voz general que " están amparados y defendidos en esta frontera y reducción de los Padres de la Compañía de Jesús, del mal y daño que los portugueses de San Pablo les han hecho y pretendido hacer" [4] .

Los yapeyuanos también deberían controlar el tráfico que recorría el río Uruguay. Su proximidad al Salto Grande le obligaba a funcionar como guardián del paso de un escollo basáltico antes del cual  las balsas debían ser desarmadas y  vueltas a armar después de atravesarlo.  Además, el pueblo debería convertirse en una verdadera trinchera contra los  ataques de los Charrúas, los Yaros y los Guenoas (hubo continuos enfrentamientos con resultados diversos en los cuales colaboraron soldados de Buenos Aires, efectuándose los más graves en 1644, 1702, 1707 y 1715) [5] . A tal efecto, entre 1632 y 1634, se realizaron obras de ingeniería a cargo de un ex -militar, el hermano Antonio Bernal (1582-1661) [6] ,  y todavía en 1714 se ordenaba la construcción de una tapia alta en reemplazo de la empalizada.  Asimismo se realizó un persistente trabajo de prevención ordenando en 1666 el Padre Provincial Andrés de Rada "que los espías que se acostumbran enviar a descubrir y correr el campo en las tres fronteras Corpus, San Xavier y Yapeyú, se procuren enviar con mayor cuidado y de cuando en cuando se despachen por los montes y campos circunvecinos otros espías perdidos que descubran los intentos y designios y pasos del enemigo y principalmente en el Yapeyú y San Xavier, por la mayor vecindad que ahora tiene el portugués hacia el Uruguay" [7] . La opción militar no fue la única estrategia utilizada ya que se le hizo entrega de rescates a los indios nómades para evitar sus saqueos a los puestos y se intentó la fundación en 1692, un poco más al sur de Yapeyú, de un pueblo de Yaros -San Joaquín- a cargo del Padre Antonio Bohem.   Al principio fue necesario el auxilio de otros pueblos misioneros para defender al reducto. Hacia 1636, tras un ataque de Yaros y Charrúas por el cual habrían muerto más de 40 yapeyuanos, los jesuítas conformaron un ejército punitivo al mando del famoso Cacique Ñenguirú, del pueblo de la Concepción, al cual se integraron indios de varias misiones cercanas.La reducción tenía apenas doscientos indios de combate, de los cuales cien se integraron a la expedición, lo que transmite una idea de la escasa población que tenía el asentamiento en ese momento.

La función fronteriza urgió a buscar una solución para resolver el tema de la dotación necesaria para el asentamiento. La orden religiosa ya conocía la zona porque había fundado anteriormente el pueblo de la Concepción, sobre el río Uruguay, y el Padre Roque González la había recorrido. Era una idea consagrada entre los misioneros que para poder cristianizar a los indios, previamente había que reducir a los naturales a una población estable, la que, para que pudiera sobrevivir,  requería de una población mínima cercana a los mil habitantes. En su recorrido por la comarca, el Padre Roque González de Santa Cruz había percibido la dispersión de los grupos indígenas por lo cual la conformación de un pueblo misional se apreciaba como una tarea sumamente compleja. De cualquier manera el Padre Provincial Mastrilli Duran (1623-1629) estaba decidido a establecer un asentamiento. Expresaba en su carta anua que "confirmándome cada día más en que convenía ocupar este puesto, me determiné ir yo allá en persona con el Padre Roque y (el) Padre Pedro Romero y dar principio a la fundación con los indios que hallase por pocos que fuesen" [8] .

Los jesuítas encontraron "sólo tres casas con cien indios "; sin embargo consideraron iniciado el nuevo pueblo, cuando en otras oportunidades se habían descartado fundaciones en condiciones similares. La justificación, elaborada por el Provincial de su accionar, aparece en la misma fuente: " juzgué siempre de suma importancia que ocupara la Compañía este puesto, porque aseguraba por suya la conversión de toda esta provincia y de los del río Ibicuity que también es parte de ella y nos hacíamos señores para subir y bajar a Buenos Aires". Es posible que en un principio se pudiera haber pensado que en la banda oriental se encontrarían las aldeas que no aparecían en el territorio mesopotámico. Pero, Roque González  se hizo llevar por los Caciques del Tape a sus tierras y de este viaje sólo pudo transmitir una impresión negativa al  hacerse "capaz de ellas, no sin dolor y compasión, porque en todo el Tape no hay puesto para siquiera reducir doscientas familias, porque como antiguamente debía de ser mucha la gente, destruyeron los montes y los acabaron, y ahora estan hechos capueras; y así labran entre cerros y peñascos. Por lo cual estan en pueblecitos que los más grandes son de cien indios". Habíamos visto que la conformación del grupo inicial había sido bastante dificultosa,  pero a esta contrariedad se sumó la  baja calidad de la gente de los alrededores. Un comentario que  se hace sobre el material humano disponible es particularmente significativo: " gran parte de la gente que en este paraje hallamos era fugitiva del puerto de buenos ayres, y cristianos que estaban amancebados como los demás infieles y vivían con ellos ". A partir de esta realidad, los jesuítas debieron proceder contrariamente a las prácticas  de reunir indígenas de un mismo grupo étnico o de escoger una aldea base con un cacicazgo más poderoso (disposiciones que se habían experimentado con éxito porque evitaban los conflictos entre los indios de un nuevo pueblo). La situación del despoblamiento regional obligó a conformar el centro urbano con indígenas de diferente procedencia étnica. Susnik considera que gran parte de los yapeyuenses eran "mestizos intertribales". En un principio había chandules-guaraníes isleños y tapes pero esta investigadora señala la presencia creciente de indios de otros grupos por lo que terminaría definiendo al pueblo como una "reducción interétnica [9] ". Varios documentos señalan la incorporación de  yaros/gé,  charrúas, guenoas y Mohanes [10] . La carta anua de 1637-39 expresa claramente "cerca de ella viven los indios Charrúas, sus parientes, con los cuales comercian" [11] .  Además, la necesidad de población obligó a realizar continuas expediciones buscando neófitos y que se pagaran rescates para incorporar a los cautivos. En 1636 decidieron afincarse en el pueblo indios Tapes que respondían al Cacique Aracaí y de allí en adelante el crecimiento habitacional fue en constante aumento. A pesar de que en 1637 hubo una epidemia de viruela por la cual murieron 238 adultos y 68 párvulos, Yapeyú llegó a contar en 1641-43 con 1600 habitantes. Aunque sólo se ha comprobado que para 1645-46 se incorporaron otros 50 indios provenientes de los grupos nómades, es evidente que en esta etapa inicial los recursos humanos sólo podían provenir de esos gentíos. Recién hacia mediados del siglo XVII y como consecuencia de la transmigración de los pueblos del Tape, se procuró guaranizar a los yapeyuanos con gentío proveniente de los pueblos destruídos. En  1652 se intentó anexar el pueblo de Asunción del Mbororé con Yapeyú, pero esta experiencia sólo perduró hasta 1657, año en que se volvieron a separar (cediéndoles los yapeyuanos unas tierras que luego fueron materia de conflicto) [12] . Apenas efectuado este trance, los padrones denunciaban 1828 habitantes. En 1665-1666 se retornó al procedimiento anterior  incorporándose 250 indios de diferentes grupos étnicos, por lo cual en los registros de 1676, Yapeyú ya tenía  2100 almas. En 1682 la cantidad de habitantes ascendió a 2477 pero todavía, sobre los comienzos del siglo XVIII, se seguían incorporando indios nómades. El Gobernador Manuel de Prado y Maldonado (con mandato de 1700 a 1703), les entregó 500 Yaros a los jesuítas para cristianizarlos,  lo que de alguna manera compensó la disminución de la población debida a las pestes aparecidas entre 1685 y 1700. A raíz de que la producción de los medios de subsistencia reclamaba más  brazos,  en la segunda década del mismo siglo se volvió a intentar  la introducción de población de origen guaraní, pasando el pueblo de 3318 a 4360 habitantes entre 1711 y 1724 [13] . En determinado momento el Provincial debió emitir la orden de que 500 familias del pueblo de San Xavier se trasladasen a Yapeyú, debido a que este último  " al presente imposibilitado de trabajar en las faenas precisas del pueblo, se ve necesitado provisionalmente de esta recluta de gente " [14] . Es evidente que se sobrepasaron todos los límites fijados por los propios jesuítas para el buen funcionamiento de un centro urbano. Con menor cantidad de población se habían separado San Juan Bautista de San Miguel, San Borja de Santo Tomé o San Lorenzo de Santa María la Mayor. Al contrario de lo sucedido en la gran mayoría de las reducciones, esta misión demandará cada vez más y más cantidad de habitantes. A pesar de las pestes, el pueblo llegará a 5666 habitantes en 1731. Tras el descenso que produjo la crisis de 1733 a 1740, el centro urbano pasará, de forma inusitada para la época, de 5600 habitantes en 1751 a 8510 habitantes en 1768 (como base de comparación, Buenos Aires tenía 10000 habitantes en 1744 y casi 20000 en 1778). Aunque en la década del 50, el Provincial Querini procuró la creación de un nuevo asentamiento en la banda oriental, seguramente no debió encararse la formación del nuevo pueblo como el de una fundación totalmente independiente,  porque las mejores tierras para el sistema productivo elegido se encontraban al este del río Uruguay. El desarrollo de la propuesta fue impedido por los sucesos desencadenados debido a la aplicación del Tratado de Permuta. Para esa época, Yapeyú no estaba funcionando como cualquier otro centro urbano misional.

La elección del medio de subsistencia fue la tercera causa de la desafortunada estructuración de la reducción. Desde el origen del pueblo, los jesuítas debieron renunciar a su opción preferencial por la agricultura, un medio de subsistencia que permitía la permanencia de la población en las cercanías del centro urbano y su asistencia cotidiana a los oficios religiosos. Roque González ya había advertido que en la zona abundaban los campos más o menos planos y no había montes (= bosques), por lo cual "no hay gente labradora porque toda en ella es lulle (flojo en quechua), que se sustenta con sólo cazar y pescar [15] " Esta caracterización cobraba importancia, cuando se lo relacionaba con las técnicas de los indios para hacer las rozas. Los naturales sabían que los árboles protegían la capa de tierra negra -que en los llanos había sido erosionada por las lluvias- y una vez quemados, sus propias cenizas servían como fertilizantes [16] . En los principios de Yapeyú se pudieron organizar las sementeras por la escasa población que tenía el pueblo. El Provincial Mastrilli Durán reseña como se le entregaron cuñas de hierro a los indios para que cortasen los árboles y pudieran trabajarlos  con mayor facilidad para hacer canoas,  abandonando así a sus toscas cuñas de piedra. Pero por la escasa superficie de lugares boscosos y el crecimiento poblacional, las condiciones existentes se volvieron críticas y fue necesario recurrir a otras fuentes de alimentación. En la carta anua de 1632-1634 el Padre Diego de Boroa expresa que "al ser su tierra campiñas rasas y no montuosas como todo lo demás de la provincia no le ha dejado tener en lo temporal tan crecidos aumentos porque toda esta nación hace sus sementeras en los montes amenazándolos primero y no se amañan ni tienen instrumentos para labrar los campos [17] ". Como consecuencia, el Padre Andrés de la Rua (1594-1657) y su compañero Mateo Pérez, que se hicieron cargo de la reducción a partir de 1628, introdujeron los primeros ejemplares de ganado vacuno, y en 1630 el Padre Badía llevó un rebaño de ovejas para vestir a los indios con el  "vichará" (poncho). Los jesuítas conformarían a partir de 1657 la estancia de San Andrés en el camino del Miriñay con 562 cabezas. Luego se fundaría en 1659 la estancia de Santiago y a partir del  determinante hallazgo de la Vaquería del mar en 1680, hecho que Campal atribuye a la diligencia de los Padres Gerónimo Delfín y Domingo Rodiles con una partida de vaqueros Tapes, se inició la definitiva expansión hacia el este (aunque Campal entiende que también pudiera haber incidido la búsqueda de tierras con fosfatos y carbonatos). En esta misma época se organizó otra estancia en el rincón del Cuareim con ganado traído del "Pará" (mar) [18] . Los jesuítas creían tener fundados derechos sobre esa Vaquería,  donde prolíficamente se  desarrollaba el ganado cimarrón, porque entendían que su origen se debía a las vacas fugitivas de las fallidas reducciones del Tape (aunque actualmente algunos historiadores atribuyen su formación a las introducciones de ganado que habría hecho Hernandarias).Como consecuencia buscaron ingresar en esa imponente fuente de recursos desde sus territorios, para lo cual abrieron una picada extensa entre la principal espesura que por las nacientes del Vacahí interceptaba el acceso a la vaquería. De esta manera, las tierras que fueron utilizadas para la explotación ganadera debieron abarcar cerca de los 100000 kilómetros cuadrados. Pocos años después de la expulsión de los jesuítas, Aguirre aseguraba que las estancias de norte a sur medían 130 leguas (1 legua= 5199 metros) por la banda oriental del Uruguay, "desde la estancia de Santa María hasta el arroyo Bellaco que corre más abajo del establecimiento de Paysandú y por la occidental 85 leguas desde la capilla de San Matías, confinante con la jurisdicción del referido pueblo de La Cruz, hasta la estancia del Yerua, sita 5 leguas distante del puerto del Salto. Del este a oeste se extiende 100 leguas desde la estancia o puesto de Santa Ana erigido novísimamente hasta el río Corrientes" [19] A partir de la utilización de las reservas existentes en la Vaquería del mar, el crecimiento de la riqueza ganadera del pueblo de Yapeyú fue en constante aumento. Aunque las técnicas de explotación ganadera fueron variando (arreos sistemáticos en vez de ganados mansos) y en algún momento no hicieron falta las estancias, se fueron conformando diversos "puestos-puertos" y "puestos-postas", en algunos casos para el cuidado de las vacas lecheras (que debían pastar en zonas libres de sequías) o para instrumentar  nuevas prácticas de zootecnia. Según Campal, los puestos-puertos cumplían una función de asistencia al tráfico fluvial y los puestos-postas prestaban una función similar para el tráfico terrestre, especialmente para los grandes arreos de ganado, y además  hacían el control fronterizo al cual veníamos señalando como el motivo causante de la fundación de Yapeyú. De los puestos-puertos, el mismo autor menciona a San Pedro (con 1500 cabezas de ganado en 1703), San Andrés y San Gregorio en la actual Provincia de Corrientes;   los de San Antonio y Yeruá en la de Entre Ríos; en el departamento de Salto, próximo a Constitución, el de San José; en el departamento de Paysandú, otro puesto-puerto también denominado San José; y por último, en el de Río Negro, el puesto de San Javier. Con respecto a los puestos-postas, se refiere la existencia de  San Esteban y Santa María sobre el río Negro y San José ubicado en el lugar o muy cerca de la actual Capilla del Carmen [20] . Hacia el este, en Tres Arboles, estaba el puesto de San Martín y más al norte, sobre el río Queguay Grande, se encontraban San Juan Bautista (creado en 1702 con 2000 cabezas de ganado),  San Jerónimo, San Borja (sobre las puntas del Arroyo Tacuarembó Chico) y Santa Ana de Yapeyú en un nudo orográfico [21] .Todos estos pequeños asentamientos apuntalaron la estabilidad económica del pueblo que alcanzó su mayor prosperidad favorecido por el enorme auge de la importación de cueros entre 1708 y 1726 [22] .  Inclusive, Yapeyú fue favorecido con un contrato de intercambio comercial "a precios acomodados" (intercambio de sal y yerba mate) con el Colegio de Buenos Aires, [23] por sus servicios en el abastecimiento de ganado a otros pueblos. La bonanza duró hasta aproximadamente 1720, cuando el pueblo perdió un juicio que permitió a terceros retirar reses de la Vaquería del Mar. Para reemplazarla se formó en 1728 la Vaquería de los Pinares,  pero ésta fue inmediatamente invadida por los portugueses y los jesuítas tuvieron que implementar rápidamente otras soluciones alternativas. En un contexto sumamente complejo y adverso se volvió imprescindible comprar ganado para reemplazar a las vaquerías,  lo que provocó la quiebra del Oficio de Misiones. A todo esto, se agregó una crisis alimentaria general por el descuido de las sementeras, debido a la falta de brazos causada por la obligación de enfrentar las sublevaciones del común que y el azote de epidemias, cuya consecuencia fue un brusco descenso de la población.

Con las reses adquiridas se conformó una zona de 20 leguas por 10 leguas en la estancia grande de Yapeyú, donde se ubicaron 40000 cabezas para ser amansadas y protegidas por una guardia, con el fin de lograr su reproducción sin ser tocadas durante 8 años. De esta manera prosperó nuevamente la cría de animales hasta la firma del tratado de permuta, el cual fue una nueva causa de múltiples trastornos para la región.

En su mejor momento, Yapeyú llegó a tener el predominio total -el 65% del total- para la producción de los cueros al pelo y un segundo lugar para la yerba con pequeños agregados de lienzos y tabacos, considerándolo Garavaglia el más rico de los pueblos jesuíticos [24] .

Desde 1754 hasta 1762, la guerra y la consiguiente estadía de los ejércitos de España y Portugal produjeron un gran daño a las estancias (a Yapeyú le sacaron 6000 vacas). En los años siguientes se procuró reparar lo perdido hasta que en 1768, fueron expulsados los jesuítas. Si bien la explotación ganadera convirtió al pueblo en una de las escasas reducciones autoabastecidas, la propia organización de la producción contribuyó a desestructurar el modelo organizativo del llamado "espacio misional" [25] , el perjuicio más determinante de la crisis del sentido urbano de Yapeyú. Los diversos puestos, ubicados a grandes distancias del centro poblacional, resultaron al principio una instancia favorable para evitar que la heterogeneidad de la composición étnica de los indios causara problemas. La situación se mantuvo controlada en las épocas de bienestar económico pero la disgregación resultó totalmente perjudicial cuando al producirse las invasiones de los ejércitos españoles y portugueses se erosionó la disciplina impuesta por los jesuítas. El eficiente sistema de puentes y capillas que llevaban de un lugar a otro,  fué substituído en las tierras de Yapeyú por un conglomerado de asentamientos dominados por diferentes grupos de indios. Es indudable que el régimen social de las estancias fue bastante más laxo que el dominante dentro de los límites del pueblo [26] .Ya  lo había advertido en 1667, el Padre Provincial Andrés de Rada cuando expresaba que "mucho ha ido creciendo el número de las estancias de ganado, con notable daño de los pobres indios, en especial de los muchachos, por criarse montaraces y faltos de doctrina; dejó los que se han muerto sin sacramentos, así adultos como niños, con ocasión de estar tan apartados del pueblo". Se había previsto para evitar problemas, que los curas párrocos habrían de visitar las estancias "y dar orden en su conservación y aumento" pero sólo lo podían realizar dos veces al año. Al tomar conciencia que la situación podía tornarse peligrosa se decidió que un sacerdote y un coadjutor se instalaran en las estancias para que "pudiesen atender a los indios, demasiado alejados del pueblo" [27] . Pero, es evidente que tal disposición tampoco alcanzó a  resolver el tema,  porque hacia 1714, el Padre Provincial Luis de la Roca encargó al cura de Yapeyú "que los indios se vayan recogiendo en el pueblo lo más que se pueda, se procurará minorar el número de los que estan en la campaña e irlos con suavidad aplicando a los oficios como los de carpintería, herrería, telares, etc" [28] . De alguna manera podría considerarse que al convivir en los puestos "cinco o más familias, con un indio que hacía de capataz o mayordomo", [29] los indios estaban retomando algunas prácticas correspondientes a los antiguos modos de la pequeña aldea guaraní. Esta retardataria vuelta a los orígenes se apareció claramente reflejada en la insubordinación de 1753-54. El Padre Nussdorfer no puede más que señalar "los Padres no podían hacer otra cosa que aprobar lo que ellos hacían" [30] El Cacique Santiago Caendi (su rival el Cacique Paracatú había caído prisionero de los españoles) fue nombrado Corregidor por el nuevo Cabildo "cuando volvió de la estancia al pueblo", el cual "todo lo gobernaba a su modo bárbaro". Los jesuítas intentaron sosegar a los habitantes del centro urbano para lo cual "el Padre Superior determinó fuesen otros dos Padres al Yapeyú y se saliesen los que había en el para ver si estos se podían librar de tantos trabajos y aquellos hallaban modo de componer al pueblo". La situación de 1754 se percibe todavía más claramente en una carta del Padre Valdivieso, en ese momento Cura del pueblo de Trinidad, quien expresa "mis muy queridos hijos Corregidor y todos los del Cabildo y todos los magnates y Caciques del pueblo de Yapeyú. Dios Nuestro Señor esté siempre en vuestros corazones y en vuestros ojos. Yo soy aquel Padre que aunque estoy lejos de vosotros siempre me he preciado de (ser) vuestro Padre que en aquel tiempo fui compañero del Padre Miguel Franz (???) difunto. Yo soy el Padre Juan Francisco Baldivieso que en aquel tiempo me fatigué mucho en trabajar por vuestro bien viendo que erais humildes y obedientes en todo a vuestros Curas()he oído que se ha casi perdido vuestro antiguo buen proceder en las cosas que en estos tiempos haceis según por cierto he oído dicenme que ya no sois obedientes al Padre Cura()Por eso yo que tanto os cuidé por los Santos Reyes San Gaspar, San Melchor y San Balthasar que cuidan de vuestro pueblo y por el amor del alma del Padre Migue Franz (???) difunto que os enseñó tanto os pido en este papelito que llegueis al Padre Antonio (Estelles)  y en mi nombre le pidais perdón" [31] . Pero las misivas de los Mayordomos de las estancias al anterior Corregidor, el Cacique Paracatú, indicaban a quien estaban realmente subordinados los indios de Yapeyú. "Cacique Don Rafael Paracatú Dios os guarde, el romero y limón grande que pediste te lo envío todo en una balsa pequeña, por acá estamos buenos por la voluntad de Dios, catorce de agosto de cincuenta y cuatro años, quien más te ama, Miguel" Otra epístola dice: "Don Rafael Paracatú Dios te guíe según decimos y quiera hacernos andar por sus santas manos y que nuestros primeros Padres Adán y Eva, los primeros que crió sean en nosotros acabados y los tengamos para nuestra confianza en nuestro pecho para que tengamos buen suceso y después de esta vida tengamos cumplido gozo delante de Dios para siempre y que esto sea así en el nombre de Dios.Te avisamos que todo lo que pedistes te lo llevó Felipe Abagué el poncho que pedistes te lo llevó Nicolás Aduríye y también la polvora y el papel blanco eso no más es lo que te avisamos Dios te guíe para siempre diez de agosto de cincuenta y cuatro: nosotros unos pobres como tu Cipriano Haiera y Miguel Xavier Arayu tus queridos te escriben" Según la información que se maneja, la   situación tardó largo tiempo en tranquilizarse ya que todavía en 1762, el Padre Mascaró señala al Padre Nicolás Contucci "bien sabe Vra lo trabajoso que está el pueblo() en estos tiempos tan críticos" [32] . Las consecuencias de estas acciones perduraron por varios años. Apenas acaecida la expulsión, el Gobernador Bucarelli ordenó interrogar a varios importantes Caciques, entre los cuales estaba un descendiente del famoso Ñenguirú, quienes acusaron a los indios de Yapeyú de asesinar a Bernardo Casajuz, importante ganadero de Corrientes [33] .¿Fue verdadera esta acusación o una maniobra de los antijesuítas? No es el objeto de este trabajo descubrirlo, pero lo esencial es la certidumbre de que los Yapeyuanos experimentaron una verdadera interrupción de la paz cristiana.   El sentido ordenador que hacía eje en el centro urbano entró en crisis. Esa idea de la reducción como civitas, un lugar político donde regían las normas del sistema colonial adaptadas a los indios por los jesuítas, fue cuestionada por el crítico desenlace de su propio proceso histórico de conformación.Los indios establecieron temporariamente por su propia cuenta un orden compuesto por una integración de los conceptos tradicionales y las creencias cristianas. Pero, como se ha analizado precedentemente, la causa de esta situación no puede atribuirse únicamente a los sucesos de 1753-54.

¿Porqué interpretamos que las consecuencias de este proceso se reflejaron en el sentido urbano de Yapeyú? A través de la constatación de la pérdida  del interés indígena por su centro urbano. La arquitectura puede ser indicadora de algunos hechos sintomáticos. Al respecto, el tema de la construcción de la iglesia es fundamental para interpretar el esfuerzo aportado por los pobladores ya que en la mayoría de las reducciones se había generalizado que la mayor ofrenda de los cristianos a Dios era levantarle una hermosa casa y en ciertos momentos hasta se habría entablado alguna competencia entre las misiones cercanas. Sin embargo en Yapeyú no se realizó una arquitectura muy trascendente. Aunque podría tenerse en cuenta como condicionante la falta de buenas maderas para realizar las obras, es sabido que cuando se construyó la iglesia de la Compañía de Córdoba se transportaron las maderas desde Corpus; y cuando se construyó la iglesia de Trinidad se consiguió la cal en Santa Fe. Al principio hubo entusiasmo, porque cuando apenas se había iniciado Yapeyú, el Padre Provincial Mastrilli Durán relataba en la carta anua de 1626-27 que los indios "lo tomaron tan de veras que antes de partirme de allí habían ya cortado madera para levantar una buena Iglesia en el sitio que yo les señalé" y al finalizar el primer mes de existencia se había terminado esa iglesia provisoria y la casa para los sacerdotes. Poco tiempo más tarde, en 1633, el Padre Provincial Francisco Vázquez Trujillo hizo colocar el Santísimo Sacramento en la iglesia, lo cual es evidencia de que ya tenía el pueblo un edificio mejor compuesto y había avanzado en las tareas relacionadas con su configuración.

De todas maneras es evidente que todavía no se habían podido realizar construcciones muy sólidas porque hacia 1643 se inauguró otra iglesia levantada con maderas traídas de lugares distantes.  Cuando estuvo el Gobernador Láriz en 1647 halló "en esta reducción iglesia capaz con retablo y pinturas de la Madre de Dios y los Reyes", pero en 1649, a los seis años de haberse construído, hubo que restaurarla y en ese momento el pueblo ya contaba con 400 viviendas lo que da una idea de que la importante escala ya justificaba la realización de mejores obras [34] .  De la segunda mitad del siglo XVII, no hay noticias acerca de realizaciones edilicias en el pueblo pero como se verá hay indicios para suponer que fue la época en que se construyó la iglesia definitiva [35] . Cuando llegó el Padre Antonio Sepp, como ayudante del cura el 1° de junio de 1691, describió a Yapeyú desde la embarcación en que había sido transportado  revelando la apostura de un excelente emplazamiento, pero el relato no profundiza en el estado particular del colegio o de la iglesia. En su texto sólo transmite la necesidad de mejorar el aspecto del centro urbano porque la gran mayoría de las casas todavía tenía cubiertas de paja -cuando la teja se venía utilizando desde por lo menos cincuenta años antes- por lo cual dedicó sus esfuerzos con tal sentido fomentando la producción de los cerámicos [36] .Después de la lectura de las experiencias del Padre Sepp en Yapeyú, la impresión de que el estado edilicio del pueblo no era bueno se sustenta fundamentalmente en la información que aporta la "Memoria para las generaciones venideras" (escrito de un indio de Yapeyú) donde se llama la atención sobre el regreso en 1694 del Padre Jerónimo Delfín, que había sido cura de Yapeyú entre 1671 y 1674, con el objeto de componer la iglesia [37] .En ese momento la preocupación sobre el estado del edificio religioso debió haber sido considerable. Apenas arribado a Buenos Aires se envía a este pueblo al Hermano arquitecto Juan Kraus, un experimentado artífice que luego se destacaría en el diseño de la iglesia de San Ignacio de Buenos Aires y en otros importantes edificios. Pero por los datos que se han podido reunir, estas intervenciones sólo produjeron reformas que le dieron una fisonomía definitiva a la iglesia correspondiente a un esquema atrasado para la época. Esta impresión se sustenta en que el aspecto de la misma, que aparece en un mapa post-jesuítico [38] (de 1783), es muy parecido al de la tipología de la iglesia de Candelaria, construída algunos años antes de que se utilizaran los transeptos y los cimborrios con proyección al exterior (siendo la iglesia de San Ignacio Guazú -inaugurada en 1684- el primer ensayo en las misiones de esta última tipología).En  base a la estimación del origen temporal del esquema tipológico implementado,  se afianza la certidumbre de que no se realizó una innovación muy grande del templo durante todo el resto del período jesuítico.En 1714, un memorial del Padre Provincial Luis de la Roca reafirma el hecho de que en la iglesia se continuaban realizado únicamente reformas y sólo ordena la ejecución de tareas de mantenimiento "la torre encargo mucho se cubra, porque no se pudran las maderas como también que se repare lo que amenaza ruina en la puerta de la iglesia " [39] . En el mismo documento se insiste con la fabricación de tejas, lo que parece natural ante la cantidad de población que tenía el centro urbano.Pocos años más tarde (alrededor de la segunda década del siglo XVIII) una adición a los memoriales de los pueblos del Yapeyú y San Xavier, vuelve a transmitir la imagen de un pueblo en decadencia. Expresa el documento que supuesto "que el pueblo de Yapeyú estaba en estado de hacerlo todo de nuevo era mejor que se mudase a otra loma mejor de las cercanas" [40] Se sabe que esta pretendida mudanza no se realizó nunca y los memoriales subsiguientes sólo indican nuevamente la realización de reparaciones ante el deterioro del edificio del Colegio y de las viviendas más antiguas.Tanto las ordenes vertidas por el Padre Provincial Luis de la Roca en 1723 como en 1725, procuraron mínimamente la introducción de mejoras parciales mediante un sistema  "con pilares de piedra y paredes de piedra con adobes"  para darle más resistencia a las construcciones frente a la acción de los agentes climáticos [41] .Justamente la  manera de construir también ayuda a determinar la época de realización de la iglesia porque si se hubiera levantado con tapia francesa (el sistema más antiguo) el diseñador hubiera estado obligado a alargar el techo principal para conformar los techos de las galerías laterales y de esta manera poder proteger a las paredes.En cambio, la tipología de la iglesia de Yapeyú no tenía originalmente las galerías laterales sino que, de existir, deberían haber sido agregadas posteriormente (ver la iconografía de la iglesia de la Candelaria y el sintético esbozo de la iglesia de Yapeyú). [42]

Tampoco tenía las paredes conformadas totalmente por piedras trabadas sin cal como era el caso de las iglesias de San Ignacio Miní o Loreto, por lo que evidente su construcción original correspondería a las décadas comprendidas entre 1660 y 1680.Las únicas construcciones nuevas que aparecen en estos memoriales responden a requisitorias de los Provinciales para que se cumplan disposiciones destinadas a todos los pueblos.Este es el caso del reclamo por la resolución del Cotyguazú o casa de recogidas y huérfanas y de la erección de una capilla en el cementerio.Hacia 1747, continúan las tareas de mantenimiento del centro urbano, ordenando el Padre Nussdorfer que se reemplacen los pies de madera (una solución dejada de utilizar bastante antes de fines del siglo XVII) por bases de piedra como fue sucediendo en la mayoría de las misiones [43] .En la visita del Padre Provincial Querini realizada en 1749, se reclama nuevamente al cura la construcción de la infraestructura básica de habitación, nuevas viviendas para los indios "para que en pocos años no vuelva a quedar otra vez este pueblo sin casas como ahora se halla" y además se insiste con las tareas de conservación al ordenar el reemplazo de los horcones del Colegio y de "la sacristía que miran a la huerta y amenazan ruina" [44] . Para evitar que la escasez de maderas se hubiese convertido en un argumento que permitiera excusar al pueblo de la falta de avances en las construcciones, el Provincial le propuso al sacerdote a cargo que instrumentara el canje de "toros por palos".Hacia 1753, cuando pareciera que los indios de Yapeyú se habrían decidido a iniciar una reforma importante de la iglesia, que esperaban concluir por septiembre de ese mismo año, el levantamiento de los pobladores contra los jesuítas y el ejército español, interrumpió las obras [45] .Una vez calmados los ánimos, en la visita del Padre Superior Antonio Gutiérrez  (en nombre del Provincial Barreda) sólo se vuelve a  insistir  en que no se pierda el  "empeño en que funcione bien la oficina de las tejas porque por las goteras amenazan ruina varias casas y el Colegio" [46] . Es importante destacar que en este último memorial también se indica que las tejas se deberían usar para retejar la iglesia, un dato que confirma el carácter de reforma de las obras realizadas en 1753.A su vez esta información es coherente con el panorama que brinda esa carta ya mencionada del entonces cura de Yapeyú, el Padre Jayme Mascaró, escrita al Padre Nicolás Contucci el 30 de junio de 1762. Allí se le transmite al Padre Visitador que se ha llamado al Hermano Forcada, el más experimentado artífice de arquitectura que tenían los jesuítas en ese momento, para que vaya a ver la iglesia, aunque no especifica el motivo para hacerlo. Evidentemente, la construcción presentaría algún tipo de problema que sólo podía solucionar un técnico,  porque Forcada estaba trabajando en las iglesias y colegios de San Cosme y de Jesús; y seguramente no abandonaría esas obras por problemas inferiores.Un posible indicio de que no se habrían invertido grandes esfuerzos en los edificios estaría presente en el texto de la misma misiva. Llama la atención que el Padre Mascaró comunique que se estaba haciendo la casa de las recogidas cuando la orden para ello estaba dada desde 1724.El caso es que la descripción de la iglesia de Yapeyú, que realiza el Padre Oliver durante el mismo año de la expulsión, expresa que "es capaz como para 7974 almas que tiene el pueblo. Tiene 5 altares, cuyo adorno y el de toda la iglesia aunque es competente, es inferior al de otros pueblos" [47] .¿Cómo se puede interpretar que el centro urbano más importante creado por la Compañía de Jesús y el más sólido desde el punto de vista económico no haya logrado tener un templo similar al de San Miguel, Trinidad o Jesús? La respuesta sólo puede estar en la hipótesis que planteábamos en el principio de este escrito. El sentido urbano de Yapeyú fue cuestionado por las contradicciones del propio proceso de formación con la debida desestructuración de los esquemas ideológicos misioneros.Sólo pudo lograr mantenerse como centro urbano en la medida que la doctrina impuesta por los jesuítas atenuó las contradicciones existentes dentro de un grupo humano sumamente heterogéneo. Aunque una gran parte de los yapeyuanos debió habitar en lugares alejados del núcleo principal, el predicamento de los sacerdotes pudo hasta cierto momento mantener las coincidencias con un proyecto común.

Pero una vez alejados los jesuítas en 1768, Yapeyú vivió un proceso agudo de disolución en lo cual colaboró la depredación del ganado vacuno, debido a la connivencia de los administradores con los dueños de los terrenos colindantes, y una terrible epidemia de viruela que mató a más de dos mil habitantes [48] .La destrucción del pueblo realizada por los portugueses en 1817, sólo debería interpretarse como un anunciado acto final. En este sentido, el Diario del Capitán de Fragata  Juan Francisco Aguirre [49] y la  historiografía uruguaya [50] apuntalan las hipótesis de este trabajo al encargarse de explicitar cómo los habitantes de Yapeyú dieron origen, en el último tercio del siglo XVIII, a distintas colonias de las cuales surgieron algunas de las poblaciones del noroeste de la banda oriental  tales como Paysandú y Santa Rosa (luego designada como Bella Unión).

-Abreviaturas de archivos

AGN: Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Argentina

ANS :Archivo Nacional de Santiago, Chile

ARSI :Archivo de la Compañía de Jesús, Roma, Italia

MG: Colección Manuel Gondra. Univ. de Texas. USA

-Iconografías

Plano jesuítico con la ubicación del pueblo de Yapeyú y su estancia principal

Estudio comparativo del edificio de la iglesia

 



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