Buenos Aires : Viejas Cuestiones y Nuevas Fronteras [1]
Victoria I. Casabona
Instituto Argentino de Investigaciones Eticas
Fronteras: Estados y Ciudades
Victoria I. Casabona
Instituto Argentino de Investigaciones Eticas
La cotidiana recorrida de las calles de Buenos Aires es un andar que emprendo como habitante de esta urbe, como "vecina del Barrio de San Cristóbal", como trabajadora, espectadora, consumidora, familiar, amiga, cliente, pasajera, usuaria... Y siempre, en algún momento, se cuela la mirada antropológica ... sea en el supermercado o en el colectivo, leyendo el diario, mirando la televisión o yendo al cine. No vivo la vida cotidiana a través del cristal del enfoque antropológico. Simplemente a menudo se me impone: y muchas veces porque me siento extrañada, como diría Da Matta. Se trata de mi ciudad, mi gente, mis lugares... y sin embargo con frecuencia me sorprende, me desubica lo que genéricamente antes se llamaba cambio, cambio social. Esta desubicación me reubica en otros lenguajes, en otros sitios, asumiendo otros roles, interactuando de otras maneras con otros actores.
Si me desubica entrar en los cines Hoyts del Shopping Abasto -construidos con una lógica socioespacial, económica y cultural yanqui- me desubican sobre todo los chicos de la calle, la gente comiendo de la basura, el "mangazo" insistente e ininterrumpido en la Av. Corrientes, los limosneros, los "ambulantes", las nuevas relaciones laborales que no sólo están condensadas en los productos "baratos", sino que se hacen visibles en la sumisión.
Necesito entender lo que está pasando y cómo, en esta Buenos Aires que sigue siendo una Meca, dentro de una Argentina latinoamericanizada velozmente en 30 años. Latinoamericanizada quiere decir miseria-opulencia, para poner las cosas blanco sobre negro, y a partir de allí incorporar sutilezas. En ese trabajo de comprensión he indagado nuevos conceptos tales como globalización, multiculturalidad, consumo-identidad, desterritorialización ...
Mi mirada no sólo se detuvo en las fronteras socioespaciales de Buenos Aires por imposición de un simposio de trabajo. Yo siento fronteras y apelo entonces a los recursos teóricos que me parecen más fértiles de la antropología, intentando articular un discurso que dé cuenta de los fenómenos socializadores y resocializadores que permanentemente se ponen en marcha en el espacio social de Buenos Aires. Me he detenido en los medios de transporte. La razón primera fue el impacto que viví viajando en tren de Constitución a Quilmes a fines del verano 2000, a lo que se sumaron aguafuertes de la Estación de Retiro, situaciones en el tren a Ezeiza, desubiques en la Terminal de Ómnibus y retazos múltiples de situaciones de miseria ...
Transporte me lleva a la idea de transición entre puertos, puertas, accesos... Y en ese sentido, los puertos-puertas son fronteras, condensación de relaciones sociales. Me vi precisada de tomar posturas con respecto a la conceptualización del espacio y las fronteras. Y en lo que hace al paso, al pasaje de las fronteras, estimé fértil señalar algunas pautas para pensar este hecho como rito.
Graciela (49 años, lingüista porteña residente en Alemania desde 1975, viene periódicamente a Buenos Aires): "Buenos Aires... sigue siendo igual la formalidad en la ropa, con un aspecto para mí agradable: el olor de la gente en el subte que va a Plaza Mayo (huelen a perfume). El subte, aquí en Berlín, es más una mezcla de todo tipo de gente ¡y no siempre limpia! ... Sigue siendo igual la mirada con que los hombres miran a las mujeres ... Sigue habiendo mucha cultura gratis. Los chicos y las chicas me parecen los más lindos del mundo (con excepción de los que ves en Cuba) ... Sigue siendo igual la gente que labura mucho, con agendas inhumanas ... Sigue siendo igual la informalidad, no cumplen lo que te dicen, te dejan plantada... Pero si decís que sos de Berlín te prestan un poco más de atención ... Sigue siendo igual lo complicado de la vida cotidiana.
"Lo que cambió es la confrontación más directa con la pobreza; cualquier tipo de gente te pide guita en la calle. La siento, de pronto, como una ciudad insegura. La noche -en la calle- termina antes que antes. Veo mucha casa con rejas. Y mucha cana en la calle ... Veo mucha gente joven boludeando ... Cambió también el que pibes del secundario busquen laburo ... Buenos Aires 2000 es un invento, porque la fecha no significa nada".
Estación de trenes de Constitución en un domingo del fin del verano. Año 2000. Afuera el día es radiante de sol. El ruido y la aglomeración sobre todo de colectivos que llegan a "Plaza" hoy no atronan el aire con bocinas, chirridos, aceleradas y frenazos. La gente camina sin correr tanto. Bajé del colectivo 61 y en mi trayecto hacia la estación reconocí nuevamente este lugar que me viera pasar tantas veces ... Coronando la plaza, al fondo, hacia el río, se recorta la iglesia, que ha quedado bordeada por las estribaciones de la autopista. La calle Lima es, hacia la estación, el ahora maxisupermercado Coto, los "todo por 2 pesos", una semiterminal de ómnibus Río de la Plata que ahora sólo van hacia el sur del conurbano, el viejo hotel que en otro momento supo tener su gloria, y luego las pizzerías, bares, casas de música, todo aglomerándose, todo llenándose de mercadería multicolor, todo aumentando en estética popular en tanto me acerco a la estación ... Antes de cruzar .... miro a la derecha, hacia el Sur, e imagino las estribaciones de los hospitales psiquiátricos Borda, Moyano y Tobar García, siguiendo el sentido de las vías férreas. Pienso que, más allá de la 9 de Julio, en Montes de Oca, sigue alzándose el enorme predio y edificio de la "Casa Cuna". Y sigo imaginándome, siempre hacia el Sur, la fábrica de Terrabusi, con su olor a galletitas que me despertaba a la mañana cuando vivía allí cerca. Y la planta industrial de Canale, frente al Parque Lezama, allá en Martín García ... más olor a galletitas. ¿Quién las compró ahora? Ya lo olvidé... Y sigo por la Avenida Alte. Brown y veo los simpáticos y vistosos monoblocks de Catalinas Sur, y el Hospital Argerich y la Casa Amarilla, la Cancha de Boca, los conventillos de la Boca y puedo llegar hasta la ribera, hoy acondicionada con un paseo cementado, y allá al fondo "Caminito" y Quinquela Martín, cuyos barcos y estibadores sólo quedan en la memoria de sus óleos ...
En el Sur está la memoria de una zona obrera, me decía Isabel ...
Vuelvo a este espacio-corazón de "Plaza" y ya estoy ante la puerta del monumental y aún bellísimo -a pesar de su oscuridad por la falta de cuidado- edificio de la estación de trenes. Adentro, multitud de espacios que antes ocupaban kioskos de cigarrillos, maxikioskos, expendios de pan y facturas, barcitos, negocios de venta de cassettes y otras cuestiones de música, hoy son boquetes tapados con chapas. Adentro los techos son altísimos y las hermosas cúpulas llevan múltiples heridas de vidrios rotos que cuelan el agua cuando llueve; y allá arriba hay mugre de palomas y acá abajo todavía no corre el frío del invierno y hacia los lados, se ven los pocos "locales" o kioskos sobrevivientes. Horario de trenes electrónico. Yo voy a Quilmes, hacia el Sur del Conurbano. 35 minutos de viaje. Andén número ....
Llego con el tiempo justo a mi asiento. No, éste no es el eléctrico, el que hicieron los japoneses en los tiempos de Alfonsín. Este es el de los asientos verdes de cuerina, de a dos por lado, rebatibles. Sí, debe ser de los años 60 ... Y el último mantenimiento, ¿cuándo se habrá hecho? Hay ventanillas con vidrios rotos ... Hoy hace calor, pero la ventanilla mía no se puede abrir. Cristina (57 años, empleada doméstica, vecina de Berazategui, en el Sur del Conurbano Bonaerense) habla del frío que chupa en invierno, cuando llega congelada a casa, porque adentro del tren es la intemperie.
El tren todavía no sale. Miro hacia las vías. Me llama la atención la acumulación de basura: botellas de plástico, latas, envases tetrabrik, papeles, envoltorios, bolsas de nylon, lo que usted quiera ... Basura en las vías, un poco de basura en el tren ... Vivir rodeado de basura ... igual que en mi barrio. En el Sur parece que hubiera más basura.
El tren sale ... A poco de andar, aparecen los primeros "ambulantes", que se suceden inacabablemente: biromes, pilas, medias, libritos fotocopiados, y los chicos con estampita s... Estos pequeñitos, con sus remeras rotas, sus caritas serias, apurados en recorrer los coches para dejar las estampitas y recoger, antes de la próxima estación, lo que serán sus centavos de ganancia. Me vienen tantas imágenes ... La del subte, primero, hace unos 5 o más años ... Una chica de unos 14 años con un bebé en brazos que andaba en estos trajines de vender estampitas y que, para poder moverse con comodidad en el vagón, le pide a una señora que le tenga al bebé. Después ... volvió a acercarse a la señora y le preguntó : "¿No quiere quedarse con el chico, señora ?" ... Me acuerdo de Faustina (38 años, mamá de 7 hijos, vecina de Santa Marta, Lomas de Zamora, Sur del Conurbano Bonaerense), allá por el año 83, cuando habló y yo entendí: "yo les dije a los chicos que si no salían hoy a vender estampitas, no había para el cocido". Y ahora Mónica (41 años, divorciada, profesora universitaria e investigadora en filosofía, vecina del barrio capitalino de Flores) que me cuenta lo de los chicos en el Tren del Oeste. El mayor 7 u 8 años, caminaba adelante, ya experto en su trabajo de vender estampitas. El menor, 2 años calcula ella, todavía no muy diestro en el caminar, andaba tambaleante detrás del otro. Al ver la inestabilidad del chiquitito y más aún, en medio de los sacudones de la marcha del tren, Mónica le pregunta al mayor: "¿querés que te lo tenga ?" Y el mayor respondió : "Déje, señora, que está aprendiendo el oficio" ... (Como dijo el cacique indígena a la antropóloga: si el pequeño se cae de la altura subiendo el desfiladero, es porque no está apto para vivir en este medio). Me estoy preguntando para qué cuento esto ... si todos lo sabemos ... lo vivimos a diario y no es ninguna novedad. Supongo que lo cuento porque hay mucha gente que no naturaliza todo esto, que duele, que indigna ...
Cristina habla de los vendedores ambulantes y de los mendigos: los que cuentan que son "sidóticos" y necesitan comprar remedios, la madre que dice tiene un chico internado y necesita medicamentos, el ciego que toca el acordeón, el tullido que transita los vagones que se bambolean, dando muestras de equilibrio y destreza circense, con todo el respeto de la palabra ... todo por una moneda, "lo que Ud. pueda, señor / señora. Y les deseo un feliz viaje" ... Cristina conoce bien el tren del Sur, viene de Berazategui a Constitución por lo menos una vez por semana ... Este bombardeo le duele : "Yo cierro los ojos, echo la cabeza atrás y respiro. Me hace mal todo eso." Es la miseria, opina Ofelia -63 años, comerciante, reside en San Cristóbal, barrio del Sur capitalino-. Yo me acuerdo que antes, yo soy de Lanús, había pobreza, pero pobreza digna. La gente andaba remendada, pero era otra cosa. Ahora es distinto. La gente come de la basura. Hacen cola en Mc Donalds, sé del de Florida, y allá cuando cierran, les preparan en bolsas especiales los desperdicios."
... adoro viajar en tren. Y no puedo sustraerme a mirar por la ventanilla. Se suceden las estaciones hacia el Sur. Hacía tiempo que no tomaba estos rumbos, o quizá hacía tiempo que no miraba por una ventanilla. El continuum Constitución-Barracas-Avellaneda mirado desde arriba, es como leer un diario de imágenes aéreas. Veo una sucesión de techos y de frentes de edificios. Me invade la melancolía : esas construcciones fueron barracas laneras, o depósitos de cuero, o fábricas, o talleres ... Hoy son esqueletos semi derruidos, de techos agujereados, algunos con carteles de venta. Pero allí diviso una construcción que tiene aspecto de emprendimiento productivo. Se ven edificios de factura industrial, se ven montacargas. ¿Qué es? No sé, pero da alegría ver un poco de vida productiva en medio de tanta historia de trabajo clausurada, "cerrada por duelo de la producción industrial". Una casa tras otra, edificios, cada vez más al Sur. Antropología de los techos ... Mucha membrana y aquél que se me fijó hondo: marcaba una estructura muy alargada de una vivienda. Era de chapa de zinc y en su parte media había un enorme agujero que dejaba ver la lógica característica del amoblamiento de la pobreza: todo junto comedor-dormitorio-living-lavadero-baño, ropa colgada en el interior..., visto desde el tren.
La gente ya casi no pinta el frente de su casa. Algunos lo hacen todavía y son la colorida nota disonante. Pero no hay que preocuparse, ya llegaré a Quilmes y caminaré por su peatonal comercial, y me internaré hacia el río una vez que deje la Plaza e iniciaré unas bellísimas cuadras bordeadas de amplias casonas, con jardín, bien mantenidas, algunas con pileta de natación. No veré mugre por allí hasta que llegue al Balneario popular. Donde están los choripaneros, los restaurantes y el río de la Plata y más allá "la isla" del tradicional club El Pejerrey. Allí me instalaré en "Docker" y pagaré $3 un café.
Retiro. Estación de trenes. Sábado 6 de mayo de 2000, después de muchos días de lluvia. Tomo el colectivo 130, junto con Lola (18 años, soltera, estudiante de Ciencias Políticas, vecina del barrio de Caballito). El día es espléndido. Subimos en Libertador y Salguero. A nuestra izquierda, rodando aceleradamente por la tradicional Av. Del Libertador, vamos dejando el bellamente aristocrático enclave de Palermo Chico. Enseguida aparecen los increíblemente verdes jardines que preanuncian Plaza Francia, a la izquierda, esa vieja fuente donde vi jugar a tantos chicos con sus barquitos durante tantos años y que ahora está bien guardada en su soledad por rejas negras, altas. En menos de diez minutos estamos llegando a Retiro. Un sábado, 11 de la mañana, no hay congestionamiento. Cruzamos Pueyrredón y el complejo, diverso y único mundo de ese lugar llamado Recoleta ... Luego el elegantísimo Shopping Patio Bullrich -cuyos precios no se pueden creer- y enfrente, más allá, se adivina el enjambre de las vías férreas. La Avenida 9 de Julio y muros que anuncian la estación de Trenes, la que fuera del Mitre. Hoy creo que se llama TBA, la compañía. Cruzar Libertador y poner un pie en la vereda de las estaciones es asistir a un estallido de puestos de vendedores ambulantes. Provincianos, cabecitas, gente pobre, ambulantes, morochos, ¿villeros tal vez ...? Sobre todo ropa: yoguins, buzos, pullóveres, camperas, guantes, gorros, ropa interior, también golosinas, relojes ... Todas marcas "truchadas" [2] , pero marca al fin: Nike, Adidas ...
Frente a la estación y como telón de fondo de los ambulantes, se alza la ex "Torre de los Ingleses" (¿cómo era que se llamaba ahora ?), en la Plaza que sí recuerdo la rebautizaron "Fuerza Aérea", allá por el momento del síndrome Malvinas; y levantando la vista se ve ese corazón alto de vidrios donde rebota la luz del Sol que se llama Catalinas Norte, que hoy alberga las más lujosas oficinas de la Capital. En primer plano se erige el Sheraton Hotel, con su explanada, sus porteros de galera, sus salas de Congresos y esa envidiable vista hacia el Río Marrón ... sobre todo desde el último piso, donde había una confitería que creo más tarde fue boliche o "boite" y que ahora no sé qué es. Fui un par de veces, allá por los últimos 80. Funcionaba a partir de la tardecita. De allí se divisaba el río y el puerto, mirando hacia la derecha y al frente, las estaciones de tren, la terminal de ómnibus y pegada a ésta la villa 31, la del Padre Mugica ... Saliendo del Sheraton, se puede remontar la calle Florida, que sube la barranca de la Plaza San Martín -una misma línea con la Plaza donde está la Torre de los Ingleses y ese reloj que estoy acostumbrada a mirar-, en cuyo pie está el memorial de nuestros soldados caidos en Malvinas..."just a brick in the wall", decía Pink Floyd [3] ...
En la cumbre de la Plaza, la estatua de San Martín y su mítico caballo ... Allí se ofician ritos de reconocimiento de gobiernos extranjeros a la Argentina: flores, paradas militares ... brevemente hacia el Norte se levanta el imponente "Palacio San Martín", sede de la Cancillería argentina y la Av. Santa Fe -en su expresión más acabada de lo que fuera "la Gran Vía del Norte"-. Volviendo hacia la peatonal Florida, me deslumbro con las bellas formas parisinas del edificio del Círculo Militar. Una cuadra más y llega Florida con sus ahora escasas 2 elegantes cuadras de negocios de venta de ropa de cuero, sobre todo, se supone que para los turistas, sus joyerías, sus comercios de venta de artículos "tradicionales": mates, cuchillos y otros objetos de plata, ponchos, boleadoras... Bajando nuevamente por Florida, hacia Retiro, el tradicional y de arquitectura aristocrática Plaza Hotel, hoy parte de la cadena americana Marriot ... Luego el Kavanagh con su vieja y rancia historia de haber sido "rascacielos" porteño y, hacia Córdoba, el surgimiento de nuevos boliches, pubs, bistrós, restoranes "étnicos"... Allí se reúnen empleados, ejecutivos medios de todo ese nuevo mundo empresario, cuya sede es Catalinas Norte. También están los "pizza-café", que se van haciendo más económicos y llenos de gente y de apuro, a medida que uno va para Corrientes, Rivadavia ... para el Sur. También se puede comer algo en el "patio de comidas" de las "Galerías Pacífico", espiando a Berni desde algún rinconcito...
A la noche todo cambia ... empezando por el vértigo del movimiento, el trajinar de los peatones y la circulación de autos y colectivos y demás ... Isabel (50 años, farmacéutica y socia de la farmacia donde ejerce, 2 hijos, vecina del barrio porteño de Caballito Norte) trabaja dentro de este corazón. Sus clientes no sólo son ejecutivos, secretarias, jubilados ... también están las "chicas" que ejercen la prostitución y los "travestis" ... Suelen consultarla y comprarle preservativos, entre otras cosas. En 1998, por primera vez en su vida, Isabel, estando a las 22 hs en San Martín y Paraguay -pleno Catalinas Norte- es sacudida por una imagen: "eran un hombre y una mujer, estaban comiendo de la basura".
Vuelvo al mundo de la estación de trenes de Retiro. De la explosión del color entramos con Lola en el túnel del tiempo de la vieja estación Mitre. Negro, gris. Negocios cerrados, igual que en Constitución. Algunas mujeres, algún chico, sentados, tirados, o acostados en el piso, que hoy debe estar frío. La sala de espera está clausurada, tabicada con maderas pintadas de blanco, donde Telecom había colgado un cartel : Disculpe las molestias. Próximamente Telecom. abrirá su centro de llamadas nacionales e internacionales. La vieja estación "de los ingleses" con sus cúpulas vidriadas, su herrería maciza, se está preparando para el maquillaje ... ¿vendrá Marlboro con sus kioskos o maxikioskos, como en la estación Constitución ? ¿Vendrá Mc Donalds a ofrecer "fast foods"? ¿Vendrá qué consorcio a monopolizar el servicio de confiterías, o a cobrar derecho a estar sentado esperando la salida de un tren y no pasar frío? Esta etapa de transición de las terminales de trenes -o quizá haya que hablar de reconversión- con la precariedad de instalaciones y servicios -el baño de Constitución está cerrado, por ejemplo- no ha ido en desmedro del funcionamiento de los trenes. Es decir, los usuarios siguen pagando el precio del boleto más allá de la calidad mínima y equipamiento requeridos para que un ser humano espere un tren, tome un vaso de agua o compre un caramelo o un sándwich. Pero TBA festeja hoy con carteles y globos sus 5 años a cargo de la Estación Mitre y sus servicios de trenes. En aras de la modernización reconversión transición eficiencia se dispone ahora de máquinas expendedoras de boletos y de molinetes-controladores electrónicos de pasajes. También TBA ha invertido en personal de seguridad y sobre todo de control de pasajes ...
Si no me apuro, pierdo mi tren que va hacia Tigre. Mi sorpresa es grande, agradable, porque veo que tenemos una 2da. Generación de coches. No son como los primeros, de plástico los llamo yo, que trajeron al tiempo de haberse hecho cargo TBA de los trenes, que tenían menos asientos, de plástico, en buenas condiciones y que aún, me dicen, siguen prestando servicio a Tigre. Tampoco son como los que van a Mitre, o a J. L. Suárez, los viejos y tradicionales todo roto. Este vagón en el que nos instalamos es lindo, con ventanillas muy grandes y selladas herméticamente -se ve que para aprovechar el aire acondicionado, que debe haber-; disponen de espacio para lisiados, tachos para que no arrojemos latas a la vía -como solicitan carteles preocupados por el viaje seguro de los pasajeros-. El viaje es cómodo, rápido y es sumamente agradable mirar por la ventanilla: clubes deportivos con amplias instalaciones, canchas de tenis color ladrillo, verdes canchas de fútbol, de rugby, el hipódromo, y allá, más adelante, el bellísimo Río de la Plata y la Gral. Paz ... Todo un símbolo. Después vienen los chalets de Vicente López: coquetos, amables, mucho verde ... ¡qué lindo sería tener una casita en Vicente López! ... jardín, calle arbolada, el río cerca ... Llegamos ahora a Acassuso y finalmente a San Isidro, lugar de hermosos puertos deportivos, la boca del delta ...
Regresamos por el Tren de la Costa hasta la terminal de Olivos, previa pasada por el Shopping de la Estación. $2.- el pasaje de ida a la cabecera o a cualquier estación intermedia, contra $0,70 del Mitre, como yo le sigo diciendo porque no sé cómo se llama ahora ni sé si se llama. Las estaciones son bellísimas: han recuperado las viejas estructuras del tiempo de los ingleses, las han pintado, acondicionado. Los vagones son cómodos y climatizados, sin adolecer del defecto de las ventanillas del Mitre: acá, por lo menos, hay cortinitas para protegerse de nuestro bellamente poderoso sol. Porque en el Mitre, los coches estos "nuevos", al menos para nosotros -quizá sean de segunda mano-, la climatización es discontinua (parece que pusieran el aire acondicionado sólo en las estaciones) y no hay persianas ni cortinitas. Buá, me dedico a la ventanilla, que es lo lindo: acá sí que hay mansiones, sobre todo en las terriblemente hermosas barrancas que se despeñan hacia el bajo del Río de la Plata. ¿Quiénes son los usuarios de este tren? Los fines de semana somos nosotros, eso indefinible: la clase media que gusta de pasear por la ribera, ir al Mercado de Frutos de Tigre, o que visita a alguien o va al Shopping o va a comer por ahí ... Turistas ... gente que va al Parque de la Costa ... En la semana sé que viajan los empleados del Parque, que no pagan boleto y que les queda el tren en el trayecto de su casa al Tigre, gente que trabaja en el shopping ... estudiantes de la Universidad Saint Andrews, estudiantes del Colegio Marín ... hay menos pasajeros en la semana ...
Me controlan el boleto un par de veces. Son sólo dos coches verde inglés ... Hay mucho "personal de seguridad", limpieza ... No hay "ambulantes"... ni tullidos..
Bajo del Subte C -Constitución-Retiro- y, dejando atrás la estación del Mitre, voy mirando los puestos ambulantes que me llevan como cinta transportadora hacia las más humildes estaciones que fueran la del Belgrano, el San Martín. Qué distintas que son éstas a las del Mitre. Mucho más chicas y más "modestas" en su construcción, como siempre lo fueron. Los negocios acá están abiertos. No parece haber ninguna "transición" en marcha. Están los nombres nuevos, los íconos. El Belgrano va a Pilar. El San Martín, el último no recuerdo adónde. Hasta los trenes son distintos y veo locomotoras. Salgo en mi camino hacia la terminal y me sorprendo: aquellas construcciones para instalación de los ambulantes que lindaban con la Terminal ya no existen. El territorio ambulante se detiene a las puertas de la Terminal. Sigue mi sorpresa porque veo han construido una rampa de acceso, que incluso tiene esas cintas transportadoras de personas, que hoy no funciona. La última vez que vine -fines de 1998- estaban todos los negocios, bares, confiterías cerrados. Sólo había kioskos de diarios. Ahora florece el comercio. Fundamentalmente bares-confiterías, negocios de ropa, maxikioskos forman la columna vertebral de la planta baja. También hay locutorios y muchos teléfonos públicos. Tengo tiempo hasta que salga mi ómnibus a Rosario. Deshago el camino y me siento en una confitería de la entrada, que da la explanada, a tomar mi té con leche con una medialuna. Con la mía, hay tres mesas ocupadas. Dos chicas, enfrente mío están pertrechadas con mochilas y ropa de abrigo: me digo que se van al Sur. Hablan inglés. Vuelvo a la terminal, donde contenta dejé en un locker mi bolso. Lo recogeré y compraré algo para tomar y comer en el ómnibus, porque detesto el café "jugo de paraguas" que allí se puede tomar gratis. Voy al primer maxikiosco que encuentro. Los jugos y las gaseosas están caros: $1,50 cuando se compran a $1,- en kioskos de afuera. Recorreré otros a ver si encuentro más baratos. Al llegar al segundo reparo en que las señoritas que atienden están de uniforme, con gorrita de béisbol con un nombre de empresa o algo así, y los precios son los mismos que en el kiosko anterior. En el último kiosko que recorro llego a la conclusión de que se trata de una "cadena" de kioskos y que hay "precio fijo". Reparo casualmente en los menús de las confiterías: son iguales a los del bar donde yo estuve. "Otra cadena, o la misma", me digo. Compro mi jugo Ades, mi paquete de Criollitas y me apuro porque tengo que hablar por teléfono. Imposible entrar a un locutorio: las colas son enormes. Pero están los públicos y allí voy, no hay cola. Por suerte hay muchos y yo cuento con cambio suficiente: el primero me tragó las monedas y tuve que pagarle "doble" a Telecom para comunicarme.
Ahora funciona el cartel electrónico. Es increíble cómo se han "multiplicado" las compañías de ómnibus. "Norte, Sur, Oeste" indican los colores de los carteles que orientan para dirigirse a las boleterías que quedan todas en la planta alta. Ómnibus "nacionales" e "internacionales". El amplio espacio que funciona como "sala de espera", sigue con los mismos asientos de siempre, según parece. Los altavoces indican partidas y llegadas y número de andén. Afuera esperan los ómnibus. Un empleado de Chevallier anuncia, megáfono en mano, destino y salida de los micros de la línea. "Rosario 18:45", allá voy.
Un viernes. Ocho de la noche. Mes de marzo de 2000. Calle Corrientes al 1700. Tres adolescentes varones, aspecto "cabecita", seleccionando y juntando apresuradamente basura. Se trata principalmente de papeles, cajas, evidentemente tirados por alguna oficina. Trabajan rápido pero con calma: está el camión, medio desvencijado, cargando.
Un viernes también. Misma hora. Microcentro histórico. Calle Moreno casi Bolívar. Es invierno del 99. Tres personas. Una mujer de unos 18 años, un niño y una chica de unos 12. Puerta de restorán. Tacho de basura de esos grandes de plástico verde que dejan las compañías basureras. Allí los tres juntan, de entre los desperdicios, pedazos de pollo: guardan y comen.
Cramer y Virrey del Pino (zona de elegante clase media alta de Belgrano). Gente de 40 años, remangados. Abren el enorme tacho verde de residuos y revuelven la basura. Impresiona el olor hediondo.
"A Puente La Noria volvieron los carros con caballos, ahora muy flacos. Es un enjambre de chicos rotosos, basura, cirujeadores. Hacía tiempo que no pasaba por ahí y me impresioné terriblemente" (Graciela, 51 años aproximadamente, psicoanalista, vecina de Vicente López, Conurbano Norte Bonaerense).
¿Quién no lo sabe ?
Isabel (46 años, estudios universitarios incompletos, separada, 2 hijos, vecina de Núñez). Tras dos despidos, consiguió trabajo de "telemarketer" para Telefónica de Argentina. 40 horas de trabajo por semana. Está buscando otro empleo más para pagar sus gastos: lo que gana no cubre los $400.- de vivienda y expensas; también busca un departamento más barato, pero está "anclada", porque no tiene plata para el depósito. Pero ahora está más tranquila : se acabó el peregrinaje y el gastadero de plata y el verso de muchos anuncios y la terrible presión que implica buscar empleo, sobre todo a los 46. Ahora trabaja en blanco, tiene obra social, pensión por sus hijos. Isabel, en los 2 ó 3 meses que duró su "desempleo" cosió mucha ropa para un proveedor de "accesorios" de modistos importantes como .... No había ningún papel ni contrato, por supuesto. Todavía le deben $60.- Desde que llegó de Brasil, adonde se fue allá por el 77, tuvo un período de larga estabilidad laboral, de más de 2 años, trabajando en el Parque de la Costa operando juegos. A pesar de que trabajaba cerca de 12 horas diarias, con un franco y medio rotativo por semana, sin cobrar horas extras ni pago adicional por horas nocturnas, estaba conforme en el sentido de que, aunque muy ajustadamente, solventaba sus gastos personales y algo sacaba para los chicos. Tras su despido "por reducción de personal", empezó el peregrinaje. También hizo tareas domésticas en una casa de familia, y a veces, como ella dice "basureaba" para armar su casa ...
Gonzalo (34 años, separado, un hijo) vive en Recoleta, en la casa materna. Estudiante inconcluso de contador público, letras y filosofía, desde que su madre cerró un local de comidas donde trabajaba como facturista, mozo, preparador de sándwiches, lavaplatos ... busca trabajo. Aviso en Clarín: "se necesita mozo". Dirigirse a zona de 1ra. Junta. Cola. Les reparten formularios donde se les indica marquen de una a tres opciones de empleo para los que se postulan. Va entrando la gente a una oficina. Es el turno de Gonzalo. Se le indica que esa oficina funciona como "banco de datos" con el cual están conectadas cientos de empresas que seleccionan personal de las listas que ellos presentan. Por cada postulación que el solicitante hace, debe pagar $7.- a esta supuesta empresa de colocación. Gonzalo no tiene los 7 pesos. El dinero lo gastó en el diario y el pasaje.
Finalmente consigue trabajo para vender enciclopedias en "show room". Diez horas por día. Un franco, a discreción de la empresa, rotativo según las necesidades de la oficina. Empleo en negro. No hay básico, sólo comisión. En dos meses de trabajo hizo unos $300.- para él. Luego lo licencian: "estás vendiendo poco".
Cristina sufre de artrosis y artitris deformante; está parcialmente incapacitada; debe gastar al mes en medicamentos específicos : cortipirén $ 36.- herbemín $18.- ; oxa $104.- ; supligol $8.-. Ginecología: óvulos 20$. Lo que suma $186.- por mes. Gana $250.- netos. Se atiende desde hace poco en el Hospital de Clínicas, de Capital Federal, pues por su zona no hay especialistas para su enfermedad. Allí debe pagar $5.- la consulta y todas los estudios están arancelados. Gracias a que conoce una médica que le transcribe las órdenes, puede hacerse análisis y radiografías en el Hospital Evita Pueblo de Ranelagh. Mientras puede, compra los remedios específicos, pero nunca adquiere aquéllos que tiene indicados para contrarrestar los efectos secundarios de la medicación que toma, como protectores hepáticos, calcio, potasio o analgésicos. Antes hacía dieta estricta por los problemas hepáticos, pero ahora se le hace muy difícil por el costo de la comida.
5 de Abril de 2000. Leo un titular en Le Monde Diplomatique : "Nueva economía", antiguas convulsiones. El copete dice : "En las primeras horas del pasado 4 de abril, el índice Nasdaq, correspondiente a los valores tecnológicos en Wall Street, retrocedía brutalmente : 700.000 millones de dólares se hicieron humo ... virtual. (...) Diez días después se conoció el índice de inflación de marzo en EE.UU. -0,7%- y ésta fue la causa de una nueva y más pronunciada caída, que afectó también a las acciones de la industria tradicional: 2,1 millones de millones de dólares (cifra equivalente a la totalidad de la deuda del Tercer Mundo) se evaporaron durante la semana fatídica que culminó el 14 con una pérdida bursátil de 1 millón de millones, la más grande caída absoluta en una jornada de la historia" (año1, n°1, Mayo 2000)
En la literatura sociológica y antropológica se ha insistido ya lo suficiente en el carácter social del espacio urbano. No creo quepa entonces abundar demasiado al respecto. Tan sólo preciso señalar una importante toma de posición de mi parte. Manuel Castells (1976) afirma que "la ciudad tal cual la experimentamos hoy no es más que el modo en que espacialmente se expresan las relaciones capitalistas de producción, concentración de capital, concentración de producción, concentración de población" (en L. Tamagno, 1997:2, mi énfasis). Por su parte Mario Margulis y Hugo Lewin (1999:204) entienden que "la ciudad refleja la diferenciación social y sus diversos matices" (mi énfasis). No es tan distinta la noción de expresar de la de reflejar. Expresión alude a una correspondencia analógica entre un sujeto y una realidad alejada u oculta (cf. A. Lalande, 1966:348-9). Reflejar significa una relación entre un sujeto y un objeto de naturaleza ajena, que se carga con una imagen, se autonomiza del sujeto (Ibid. : 866, 867). En ambos casos los sujetos están de un lado y se reifica el objeto. Así, para las concepciones mencionadas, lo espacial sería algo existente per se, más allá de lo social, y que sólo se impregnaría de lo social. Yo entiendo que el espacio es, junto con el tiempo, la instancia de construcción socioeconómica cultural y política real-simbólica de la vida de los grupos sociales en su necesaria relación entre sí y con el ambiente "natural" o "artificial", que sólo es analíticamente recortable, separable. El hombre es inalienable de su dimensión espacial: no hay vida, e incluso muerte, fuera del espacio. El lugar, el espacio, el sitio, es situación del hombre siempre situado: no existe hombre fuera de situación. Y espacio es también la distancia, lo que separa y que también une, articula y sitúa una relación que siempre está ubicándose y reubicándose. Es exterioridad y al mismo tiempo también interioridad. Por eso la ciudad, en tanto espacio peculiar no es expresión de las relaciones sociales de producción, sino que es instancia de gestación de las mismas. El espacio urbano no refleja la diferenciación social sino que la misma se constituye siempre en el campo del orden espacial social. Las relaciones de producción, en sus múltiples facetas e instancias, existen en y a partir de actores concretos, humanos, situados en un espacio y un tiempo y productores de un espacio y un tiempo material-simbólico. La ciudad no es un epifenómeno sino instancia de construcción de la vida social y sus procesos de diferenciación, donde por ende también se construye el poder, con sus correlatos de desigualdad, subordinación-opresión .
El espacio así entendido soporta diferentes niveles de generalización y condensación y adquiere nombres diversos, con historias, significados cambiantes. Mundo, continente, país, región, zona ... Mundo aparece como la totalidad conocida, que se fracciona en continentes de países que albergan regiones que abarcan zonas. Dice Chi : "pensar en regiones es pensar en un campo global de relaciones de poder, expresadas tanto en lo económico como en lo político y cultural" (Ayora Díaz, 1997:1, mi énfasis). Yo digo que es pensar en un campo de relaciones que son diferentes niveles de articulación de grupos, sectores, actores, y que se construyen también como relaciones de poder en lo económico, en lo político y en lo cultural. Steward afirma que dentro del área cultural, la región emerge como resultado de una historia compartida que se expresa en una homogeneidad cultural, económica, social y política de un grupo dado (A. Díaz, op. cit.: 2, mi énfasis). Fábregas, a su vez considera que la región tiene una identidad que la hace diferente de otras (Ibid. : 1997:2). Yo sostengo que el ámbito (país, región, zona, barrio) socioespacial se estructura dentro de una cierta y relativa homogeneidad cultural, económica, social y política, que es así definida al ubicarse un grupo frente a otro jerárquicamente diferenciado, y ello dentro de niveles supraordinados de encapsulamiento, contención. "La conformación de regiones desde las disciplinas sociales ha constituido una estrategia teórico-práctica para modificar las sociedades locales. Si algo sugiere esto, no es la autonomía histórica y cultural de las regiones, sino su supra- subordinación en un campo de relaciones de poder que tienen una referencia suprarregional y mucho más frecuentemente, supranacional, es decir, global" (Ibid.: 4). Lo que importa para las nociones más abarcativas es esta referencia supra, sea que hablamos de barrio, zona, región, país, continente, con respecto a una totalidad de articulación mayor, y esa idea de totalidad mayor la relaciono con la idea de centro de poder.
Acuerdo con Harvey cuando afirma "que el control y dominio del espacio es una fuente fundamental de poder sobre la vida cotidiana en las sociedades. En sociedades de economía capitalista existe una intersección entre tiempo, espacio y dinero que constituyen el nexo generador del poder social" (Ibid.: 12). Pero hay que tener en cuenta que sólo se domina el espacio social dominando o sometiendo a un grupo social determinado; o sea que ambos grupos se relacionan en este caso, negociando, enfrentándose y de resultas de lo cual se espacializan diferenciadamente en función de los bienes materiales-simbólicos en disputa.
Con lo que vengo diciendo queda claro que afirmo la imprescindibilidad de lo espacial -con sus características peculiares- como instancia sólo conceptual o metodológicamente diferenciable y su influencia específica sobre los complejos fenómenos sociales. Ahora bien, de espacio a territorio parece haber un salto relacionado con la especificidad política en el sentido amplio de este último concepto. Espacio aparece como lo genérico y territorio aquello cargado de la particularidad del dominio de un grupo. Territorio se asimila a "colectividad nacional", a determinación política o ámbito jurisdiccional, o sea cuando el espacio lleva ya implícito en su nominación una marca específica de dominio y control por parte de un grupo social determinado, y lleva también la impronta de la organización de los Estados-Nación. Pero en tal caso el fenómeno es siempre el mismo en su naturaleza: una dimensión de especificación, una coordenada básica del quehacer socioeconómico, político y cultural de los grupos sociales. Lo que sí aparece más claramente en la noción de territorio es la idea de lo político: el poder, el control. O sea que podemos llamar territorio a una región, a un país, a una zona, a un barrio, a una casa , a una habitación en donde se despliega el hacer material-simbólico de los grupos sociales en su interacción, connotando que hay un dominio específico de determinado grupo. Territorio ha sido connotado con la idea del Estado.
Zona: se define como parte delimitada o precisada en cualquier forma en la superficie terrestre o en otra cosa cualquiera (M . Moliner, 1973 : 1580). Barrio "uno de los nombres que reciben las divisiones de una población" (Ibid. : 352).
Hablar de partes, hablar de porciones, implica aludir a la manera y los procesos por los cuales se gestan particiones, límites, divisiones, fronteras al fin. Frontera "límite, línea que separa un Estado de otro". Y también, genéricamente, frontera es "cualquier cosa que limita la extensión o el alcance de una cosa" (Ibid. : 1345). Teniendo en cuenta que estamos hablando de procesos sociales, insisto en que la frontera ha de ser entendida en sus dimensiones materiales-simbólicas. Marca un punto de inflexión, un punto liminar. Su efectividad no reside en separar o dividir sino en el ejercicio del control del acceso y de la circulación. La existencia de la frontera legitima la exigencia de pasaportes, credenciales, condiciones de presentación en general. La frontera no es un cierre al acceso sino una diferenciación del mismo.
Hablando a nivel macro-socioeconómico y de las "fronteras nacionales" y la circulación internacional, M. Margulis observa: "la lógica económica imperante alienta la migración de capitales, o sea, de fábricas y empleos en busca de bajos salarios, pero apunta a obstruir la migración de trabajadores hacia los países donde se concentra la riqueza y el consumo y donde puede alentarse la esperanza de obtener algún empleo y huir de la pobreza" (1998:143, mi énfasis). Esto pone de manifiesto a qué me refiero con la noción de control: la frontera no abre o cierra meramente el acceso; la frontera especifica, en múltiples lenguajes y ritualidades, las condiciones de acceso y asunción de identidades-ciudadanías en sentido amplio o restrigido, según el caso.
Y más adelante, refiriéndose al espacio urbano dice Margulis, "los habitantes (de la ciudad) están capacitados para descifrar mensajes inscriptos en la estructura espacial, en las calles y en los barrios, que pueden pasar inadvertidos para aquéllos que son extraños a su territorio. Cada sector de la ciudad está atravesado por líneas divisorias, fronteras invisibles que responden a clasificaciones locales basadas en construcciones de sentido, desarrolladas a lo largo de la interacción cotidiana. Estas líneas divisorias confluyen en sistemas clasificatorios jerarquizados, que adjudican niveles de prestigio y valorización, positivos o negativos, a diferentes fracciones del tejido urbano zonal (Ibid.:204). De nuevo la frontera en lo que sería el mismo territorio nacional, la misma unidad urbana -"Buenos Aires"-, a veces la misma zona o el mismo barrio.
O sea que defino la frontera como articulador específico basado en el control- dominio y también en la legitimidad -con lo que esto implica como carga simbólica en lo que hace a la efectividad- para el acceso, la circulación, y la permanencia en un territorio social, sobre la base de la acreditación de determinada ciudadanía-identidad en sentido amplio. En la frontera se especifican sobre todo espacialmente pautas de interacción negociadas-impuestas, reconocidas y reconocibles por los actores involucrados. Toda articulación tiene reglas de juego, es condicionada. En nuestra sociedad, la articulación social resulta prioritariamente en relaciones jerárquicas y de dominio-dominación, que configuran territorios surcados por "líneas" reales-imaginarias. La frontera divide y une a la vez, sentando en este movimiento las pautas de las relaciones sociales en las zonas de contacto más estrecho entre grupos más notablemente diferenciados: cuanto más diferenciado son los grupos, más visible es la frontera.
Desde esta postura se hace entendible, en ciertos casos, lo que postula Sahlins (1989) al afirmar que "en las fronteras internacionales es donde se constituyen con más fuerza las identidades culturales propias de las naciones contemporáneas" (Rabey y Jerez, 1999:2). "Rosaldo (1989) (...) propone que (...) las culturas fluyen constantemente. Entonces las "fronteras" son el estado normal de las culturas, el ámbito donde éstas -y no solamente las nacionalidades- se establecen" (Ibid. : 2). Al respecto de la opinión de Rosaldo, considero preciso aclarar que no estimo pertinente hablar de "fronteras como estado normal de las culturas", ya que las "fronteras", las "culturas" y la "normalidad", tal como las conocemos, son construcciones históricas en clave de jerarquías dominantes y subordinantes. Entendemos la frontera dentro de nuestros marcos referenciales siempre velados por el halo de la discriminación al servicio de relaciones de opresión socioeconómica y político-cultural, único referente histórico del que disponemos, pero no el único posible como proyecto dentro del horizonte de las relaciones humanas.
"Las fronteras también lastiman y duelen". Mario Heler
Las zonas, los barrios, los sectores, es decir, las divisiones materiales-simbólicas del espacio social dan sentido a las fronteras sociales. En Buenos Aires a partir de los años 30, con "la llegada de inmigrantes del interior (...) comenzaron a alterarse las fronteras reales y simbólicas entre las clases medias y las populares, también entre los descendientes de europeos y los nuevos migrantes provincianos" (Margulis, op.cit.:145). Aumenta la visibilidad de los barrios obreros, crecen las villas miseria, se afincan en sus tradicionales barrios del oeste las clases medias, y resaltan los señoriales enclaves de las clases altas que emprenden su camino hacia el Norte del Río de la Plata.
Con diferencia en los flujos y características, las migraciones hacia la Capital Federal no cesaron. Los obreros -en su conceptualización clásica de relaciones de producción y trabajo- han devenido mayoritariamente changarines. Sus barrios están ediliciamente degradados. Algunos sectores de clase media han podido reacomodarse en la economía terciaria, cuaternaria y quintaria. Otros se han despeñado hacia el desempleo y la precariedad de la vida cotidiana. Los primeros producen los barrios aggiornados. Los últimos se diseminan en múltiples espacios, más o menos degradados. Y los llamados "pobres estructurales" están iniciándose en las estrategias infrahumanas de la indigencia.
No es arbitrario hablar de Norte-Sur, pues: "lo más significativo es la fuerte tendencia que marcan los datos respecto del proceso creciente de dualización del distrito porteño, la concentración de la riqueza muy definida por zonas geográficas y el efecto de la pobreza estructural" (Margulis, op.cit. : 154). Grosso modo, se puede decir que el Sur es el espacio de los pobres y el Norte, el de los ricos. Así, "existe una profunda transformación del perfil socioeconómico de la Ciudad de Buenos Aires por la marcada heterogeneidad social que promueve el avance y la acumulación de la pobreza (necesidades básicas insatisfechas) en el sur distrital, transformado actualmente en subregión urbana, que en términos de concentración y crecimiento de pobreza estructural, poco se diferencia de la subregión más postergada del conurbano bonaerense" (Mapas de la pobreza de Bs. As., 1995, p. 7).
Margulis dice que las clases dominadas son objeto de estigma y separación espacial (op. cit. : 164). A mi criterio, no es relevante acentuar la separación espacial. La gente vive junta en Buenos Aires, separada en barrios, zonas, casas, como queramos ver según el punto de vista. Lo importante es el hecho integral, las condiciones de producción de la vida material y simbólica, la manera de producirlas y la igualdad en el goce de derechos humanos universales.
No hay una mera "segregación espacial" que confina a un espacio residual, como sería el caso de barrios degradados, villas o asentamientos precarios, y ello porque el espacio no es "residual en sí". En efecto, los espacios son rescatados, recuperados, equipados, modelados, aggiornados, enriquecidos, ornamentados, adaptados a las condiciones de medio ambiente ... Importa sobre todo señalar que los grupos que habitan los "peores espacios" los mejoran y enriquecen incesantemente, pero fracasan en sus intentos de alcanzar los niveles de habitabilidad, servicios, equipamiento y confort socialmente necesarios por lo que se da en llamar comúnmente la desigual distribución de la riqueza social, hecho que remite en última instancia a la lógica del sistema capitalista. Sabemos bien que el barrio de San Telmo, por ejemplo, fue antes de la epidemia de fiebre amarilla en el siglo pasado, lugar de residencia de las clases altas porteñas. En los años 70 del siglo XX conoció un revival cultural, comercial, edilicio construyéndose como enclave de la cultura porteña, sobre todo tanguera; florecieron restaurantes, la feria de antigüedades. Y se cotizó como lugar de residencia. Hoy en día, si bien se mantienen algunos emprendimientos -feria y negocios de antigüedades, bares, algunos restoranes- San Telmo, en un proceso contradictorio, ha retomado la senda de la degradación edilicia con casas cerradas o abandonadas -algunas de las cuales están tomadas-, fama de violencia, circulación de drogas, mugre ...
Cristina toma el tren en Berazategui para viajar a "la Capital". Hace más de 20 años que hace este trayecto. Es el tren de "Constitución", no sabe cómo se llama la empresa que lo tiene ahora. ¿Qué hay de diferente entre Berazategui y Constitución? "Es diferente cuando subimos en Berazategui, somos todos locales. En Constitución son 120.000, son más multitud. Acá subimos los que somos de acá; en Constitución suben y bajan de todos lados. En Constitución en vez de parar cerca de la salida, el tren para a 2 ó 3 cuadras y la gente corremos hacia las gateras donde están los chanchos ... y tarda para el control del boleto, porque es multitud, cientos de personas, amontonamiento de gente, es una lentitud total. Ranelagh es distinto, son gente que van de acá de la zona; hay gente porque son zonas que viajan mucho, desgraciadamente tienen el trabajo en Capital. Antes, en Ranelagh y Berazategui, antes de ser ... Años que viajaban multitudes que se agolpaban ... andaban tan mal los trenes: atraso, cancelamiento, se juntaban los horarios de 2 ó 3 trenes, ahora está más normalizado, vienen cada 15 minutos, a horario, puede haber accidentes; antes se detenían 2 horas y pico, pero ahora al accidente lo evolucionan todo más rápido. Hay diferencia de aquella época ahora ... Las estaciones se están modificando, están quedando una belleza, se están refaccionando. Colocaron cabinas telefónicas, algunos Correos Argentinos, panchos de estas empresas grandes que coparon las estaciones, está quedando hermosa ... muchas estaciones están a medio hacer ... se atoraron. Primero terminaron la de Bernal y la de Quilmes, Avellaneda no dice nada, está todo como estaba.
"No hay un solo colectivo directo a Capital. Levantaron firmas los vecinos para lograrlo. Pero no pasó nada; la Municipalidad no acepta porque les quitaría pasaje a los colectivos locales. El tren no se llena tanto como antes. En Quilmes baja un montón de gente (yendo para la capital), no viene repleto como antes, hay pocas personas paradas. Es distinto, antes siempre estaba repleto.
"Antes en Plaza (la estación) eran multitudes que atropellaban, a uno la llevaban corriendo porque muchos trenes se cancelaban ... era todo velocidad y atropello. Pero cambió nada. (Afuera, en la Plaza) cambiaron los micros, son más lindos, más grandes, tienen para silla de ruedas, antes eran chatarras, es lo que más me fijo. No se acumulan las multitudes por la puntualidad de trenes que hay ahora. También la gente pordiosera que ahora está por todos lados, los chicos que limpiaban coches, taxis, los limpiaron o no sé qué pasó, no están más. Antes era un desastre. No lo veo hace rato ... Sí, los negocios cambiaron: los refaccionaron. Los vi un poco raros porque cambiaron de ramo: relojes, tiendas, compacts, boliches, restaurantes, alhajas. Los vi el otro día cuando tomé el otro colectivo y pasé por el frente".
Las zonas de frontera señalan y sientan dominios de territorios de grupos sociales, constituyéndose como artefactos materiales-simbólicos. A nivel del espacio urbano existen zonas, barrios, enclaves, construcciones, inmuebles, hitos, que puedo considerar liminares, donde se da el pasaje de un afuera preliminar a un adentro postliminar. Y subrayo que las nociones adentro-afuera no indican nada per se, sino que cobran sentido en su mutua relación marcada por el límite. Los artefactos liminares o fronteras se construyen, entre otras cosas con señales:
1. que simbolizan-efectivizan la capacidad de abrir-cerrar, pautar el acceso: puertas, rejas, vallas, barreras, molinetes, "gateras";
2. que hacen ostensible la vigilancia-control del acceso: alarmas, cámaras, luces o falta de ellas, guardias (privados de seguridad, policías, grupos de control) ;
3. dispositivos emblemáticos: compuestos por nombres, consignas, símbolos, íconos, entornos, ambientes, climas anímicos; por mensajes verbales y no verbales.
El paso de la región liminar, el acceso a la región postliminar implica la presentación ostensible de contraseñas verbales y no verbales: objetos mercancías, formas de presentación -vestimenta y reglas de etiqueta-, signos de estatus o de membrecía, manejo de pautas estéticas, ornamentos, etc.
En principio, la frontera guarda la lógica del espacio social territorializado y sienta real y simbólicamente las pautas que mediatizan el acceso, no en una mera función de control y restricción, sino con voluntad instituyente de ciudadanías genéricas. El mayor atributo de la frontera es su legitimidad para exigir "pasaportes" o credenciales que hagan ostensible el derecho al ingreso, lo cual quiere decir la aceptación de un orden social, la adopción de una lógica.
Pensando en el transporte, el pasaporte fundamental es el boleto. El boleto simboliza la mercantilización del traslado, del movimiento, del desplazamiento. Es una entrada regia al mundo de la mercancía. Debo tener dinero para comprar mi pasaje, que me permitirá iniciar la separación del lugar en que estoy, el lugar de mi residencia, por ejemplo, para ir a trabajar, a vender mi fuerza de trabajo. Compro el boleto en Berazategui, lo exhibo ante los custodios y se me franquea la entrada al tren espacio del movimiento, del tránsito. En esta instancia no sólo acompañan a los pasajeros del tren a Constitución los guardas: también están los ambulantes, los mendigos, los chicos de la calle, los pungas, los chorros ...
Llegada a la Estación de Constitución. Se resumen, se disuelven las particularidades localistas -los de Berazategui, los de Quilmes, los de Avellaneda ...- en una "multitud", una masa anónima que cobra su propio movimiento, esta vez precipitándose al control de boletos que separa del espacio postliminar: las gateras. ¿Por qué gateras, Cristina ? "Porque somos como animales" [4] . Las gateras del hipódromo: se trata de una jaula con angostas separaciones individuales donde se ubica a los caballos en posición de mirar hacia adelante, antes de largar la carrera. Cuando se da por iniciada la carrera se abren de repente y al mismo tiempo todas las puertas. Y ¿para qué sirve? "Para que no haya problema, porque si no uno se adelantaba ... no era parejo. El que se quedó, se quedó ... si había un caballo más arisco, se iba adelante de los otros o estorbaba, en cambio con esto largan todos derecho. Listos para partir, no se molestan".
La metáfora de la gatera me remite al tiempo en su dimensión de velocidad, apuro, corrida asociada a algo deshumanizante ...
Los que, ante los controles de los custodios aduaneros no hacen ostensible o bien su membrecía -entendiendo que no todos los miembros son iguales en estatus y jerarquía- al mundo postliminar o bien su condición de "pasajero en tránsito", devienen "otros", "intrusos", "extranjeros", muchas veces menoscabados, indignos -no merecedores del "ingreso"- por este mismo hecho. Las credenciales son tanto más ostentosas cuanto mayores son las diferencias sociales. El que no accede está fuera de lugar, no tiene derecho al ingreso. Sostengo que la función última de la frontera no es "incorporar" o "excluir", sino dignificar o volver indigno. O sea, se trata de una función moral que se efectivizaría mediante múltiples rituales, muchos de los cuales se desarrollarían en la frontera de la estación de trenes.
Una Cristina genérica sale de la Estación. Ingresa al mundo postliminar. Los colectivos nuevos, con lugar para discapacitados. Los negocios remodelados que ve pasar por la ventanilla yendo hacia el trabajo. La casa en donde trabaja puede parecerse en algo a las que suelen verse en su televisión, en el cable. No hay microondas. Pero sí un lavarropas que ella no tiene y que necesita pues su artrosis no le permite lavar a mano, aunque de hecho lo hace. También hay computadora e Internet, como desea su nieta de 15 años, que soñaba con ser médica. Hay comida de dieta, cuando es preciso y remedios ... ¿Cuál es el territorio de las Cristinas? ¿Están desterritorializadas porque miran el cable? ¿O están territorializadas en su clase social, en su Berazategui que se inunda, en una Argentina que lleva la impronta de la relación indio-bolichero: cuanto más te entrego, más te debo ?
No es mío el término inconclusiones ni tampoco es mía la idea de cerrar un trabajo de esta manera. No es en nada un alarde de manejo lingüístico. Sencillamente no puedo ni sé concluir este tramo de la vida de los porteños y bonaerenses. Quedan preocupaciones, sobre todo. Las que he planteado aquí y en los lenguajes que manejo. Al lector no han de quedarle dudas de que la "nueva vulgata planetaria", que centra discusiones en torno de globalizaciones, multiculturalidades, desterritorializaciones, fragmentaciones, etc. (cf. Bourdieu, 2000) escamoteando los problemas centrales de la opresión como son el hambre, la indigencia, la indignidad, la bestialización de los seres humanos, entre otros, me tiene sin cuidado. Y no digo esto a la ligera. He pensado y repensado autores que no he citado, pues no venía a cuento de este trabajo una larga discusión con quienes, a sabiendas o no, callan el sentido profundo de esta nueva etapa del imperialismo que han bautizado globalización. Como trabajadora de la antropología social rescato las problemáticas que me comprometen. La tarea es seguir adelante, intentando comprender qué Muros de Berlín se están erigiendo allí donde no necesariamente se levantan muros tangibles ...
Ayora Diaz, Steffan Igor. Globalización y región : reflexiones sobre un concepto desde la antropología. En Noticias de Antropología y Arqueología, año II, Nro. 20, diciembre de 1997.
Bourdieu, Pierre, et. Al. Una nueva vulgata planetaria. Le Monde Diplomatique, Bs. As., Mayo de 2000.
Da Matta, Roberto. Relativizando: Uma introduçao a Antropología Social. Petrópolis, Editora Vozes, 1983.
Heler, Mario. Desde las fronteras. IV Conferencia Internacional de Psicología y Psiquiatría Fenomenológica: "Espacialidad, ámbito e institución". Buenos Aires, Octubre de 1998.
INDEC. Mapas de la pobreza. Buenos Aires, 1995. En Margulis et al. La segregación negada. Ed. Biblos. Buenos Aires, 1999.
Lalande, André. Vocabulario técnico y crítico de la filosofía. El Ateneo. Buenos Aires, 1966.
Margulis, Mario y otros. La segregación negada. Cultura y discriminación social. Ed. Biblos. Buenos Aires, 1999.
Moliner, María. Diccionario de uso del español. Ed. Gredos. Madrid, 1973.
Rabey, Mario y Jerez, Omar. La frontera en los tiempos del cólera. Cuadernos del INAPLa Nro.18. Buenos Aires, 1999.
Tamagno, Liliana. De lo étnico a la ciudad y el mundo. Ponencia presentada ante el VCAAS, La Plata, Julio de 1997.